EE.UU. ya no puede engañar a nadie: ha estado en guerra 222 de sus 239 años de existencia como país, es decir, solo 17 años sin conflicto armado declarado, intervención exterior o campaña bélica en curso. No es una anomalía puntual. Es un patrón estructural. La narrativa oficial habla de libertad, democracia y defensa del "mundo libre". Pero la realidad es otra. Estamos ante una potencia que desde sus orígenes convirtió la violencia en política exterior permanente y el negocio armamentístico en columna vertebral del sistema. El complejo militar-industrial no es una metáfora, es un modelo económico. Desde hace un siglo su presupuesto de defensa no ha dejado de crecer. ¿Defensa?. Trump, por una vez, ha sido honesto y ha cambiado el nombre de este departamento por el de guerra. El presupuesto de Defensa de EE.UU. en 2025 fue de 850.000 millones. Trump propone elevarlo hasta llegar a 1,5 billones de dólares en 2027. Mientras tanto, en el interior, millones de personas sin acceso a sanidad universal, educación endeudada y pobreza estructural. Es la guerra como prioridad presupuestaria y como horizonte político. EE.UU. fue responsable del 42% de las exportaciones mundiales de armas entre 2019 y 2023. Vende a monarquías autoritarias y a gobiernos que vulneran derechos humanos. Y luego habla de democracia. Cada una de sus intervenciones se justifica con un nuevo enemigo. El comunismo en los años 50. Drogas en los 80. Terrorismo en los 2000. Competencia estratégica en la década de 2020. El discurso cambia. El mecanismo permanece. Pero detrás de cada una de sus guerras está el negocio de sus grandes empresas, sobre todo las petrolíferas y las de armamento. Su relato -comprado por la derecha mundial- insiste en que se trata de "intervenciones humanitarias" u "operaciones de estabilización". Pero la historia reciente muestra otra cosa: Estados fragmentados, destrozados, regiones desestabilizadas, guerras civiles y generaciones marcadas por la violencia. Hablan de paz desde portaaviones nucleares. Hablan de libertad con bases militares en más de 70 países. Hablan de derechos humanos mientras financian conflictos y bloqueos que asfixian poblaciones enteras. Hablan de acuerdos mientras colaboran en genocidios e inician guerras ilegales. Es una arquitectura. Y tiene nombre: imperialismo, sostenido por intereses económicos y legitimado por un falso relato de superioridad moral. Su guerra de Irán, a medias con Israel, es una guerra preventiva... para evitar la guerra. Atacan y destruyen Irán... para "liberarlo". Su maquinaria no para: siempre sumando muertos, para control el petróleo y someter a quien se oponga a tus deseos. Es la vieja guerra por el poder y el dinero. Y la pagamos todos.
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