Esta es la distopía a la que nos enfrentamos, al final del modelo de las democracias liberales y sociales. A un mundo peor. Que nadie se engañe. Muchos, en un futuro, tendrán que enfrentarse a una pregunta de sus hijos: : ¿Y tú, papá, mamá, qué hiciste para evitar que el fascismo me dejara sin futuro?
domingo, 1 de marzo de 2026
*Sin futuro
El futuro es un lugar difuso, extraño y peligroso. Trump y Putin han brutalizado las relaciones internacionales. El sionismo genocida campa a sus anchas. El fascismo propaga su hedor por el mundo. Trump secuestra presidentes de países soberanos para hacerse con su petróleo. Inicia una guerra ilegal para lo mismo y para ayudar al Israel más asesino de la historia. Amenaza a sus aliados de la OTAN, en especial a Dinamarca, para ocupar Groelandia. El cambio climático avanza y genera problemas cada vez más serios. La riqueza se polariza mientras crece la desigualdad y la pobreza. El desorden global se instala. La ansiedad social crece. En ese contexto, muchas personas están virando hacia posiciones autoritarias. Se busca el líder fuerte que reduzca esas ansiedades, sin pensar que acabará perjudicándote y pisoteando tu dignidad. Por otro lado, la economía neoliberal machaca las relaciones sociales y personales. La precariedad laboral y la incertidumbre se instalan en muchas vidas, carentes de acceso a la vivienda, de futuro. El mercado no sólo no es capaz de ofrecer soluciones a esos malestares, sino que los acentúa, echando además la culpa a otros. Pero ofrece pequeños chutes de "nuevas experiencias" o productos que son efímeros. Eso hace que algunas personas busquen principios, valores, creencias, que se consideren “inmutables”, pero que son igual de artificiales, como la nación, la religión, o incluso el racismo disfrazado de la defensa de los valores culturales. El resultado es una mirada nostálgica a un pasado falso, impostado, una mentira promovida por los partidos de extrema derecha y los tecno oligárcas. Se promueve la búsqueda de una especie de paraíso perdido en la época del Baby Boom, cuando había menos diversidad, menos impacto del feminismo, las relaciones patriarcales estaban asentadas, los países eran más homogéneos étnicamente que en la actualidad, y se podía aspirar a vidas con mayor estabilidad vital y metidas dentro de la sociedad de consumo. El objetivo ya no es desmontar el debilitado Estado del Bienestar, la fiscalidad y los derechos laborales del período de los “años dorados del capitalismo”. Lo que estamos viviendo es el ataque directo a las instituciones, a la democracia, a las libertades, a la prensa no afín, a la oposición, a los derechos humanos. Es la fase superior del neoliberalismo, su fase autoritaria, fascista. Todo lo que les fue arrancado por el movimiento obrero hasta los años 90, debe de ser eliminado y pasado a manos privadas: el Estado del Bienestar, la solidaridad social, los impuestos progresivos, las pensiones… y volver a un mundo más salvaje, más duro y dominado por élites globales que se hacen cada día más ricas.
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