sábado, 14 de marzo de 2026

Ganar tiempo y salud mental.

Vengo de un barrio de infancia donde los chavales no éramos los lectores más ávido, de libros. Nos conformábamos con los tebeos. Los otros eran un lujo en casas donde no cabía una estantería. Tampoco éramos los más preocupados por el bienestar común. Quizá porque eso del bienestar, al propio me refiero, era una entelequia que ocupaba un puesto mucho más bajo que el de comer todos los días. Los chavales, un día estaban jugando a la lima, persiguiendo gatos o apedreándose con los de cuatro calles más arriba, y al día siguiente pasaban a trabajar de aprendiz para seguir sobreviviendo. Sin embargo, al no existir Facebook, Instagram, TikTok o Twitter no era posible pasar de 6 a 12 horas diarias “matando neuronas” viendo -perdón, consumiendo- "contenido" que otros crean para lucrarse. Esta formidable pérdida de tiempo es, sin embargo, propia de nuestra sociedad ahora y afecta a todas las edades. La consecuencia inmediata es el retroceso del pensamiento crítico. Si puedes ver en segundos un vídeo que confirme o desmienta lo que piensas, ¿para qué vas a reflexionar? Otros ya lo hacen por ti. ¿Por qué dudar de lo que ves con tus propios ojos y gastar tiempo en considerar si tiene sentido? Y el algoritmo consigue fácilmente que "pienses" (porque esa es la función del algoritmo, dictar pensamiento) que son "esos de en frente" quienes mienten constantemente, quienes propagan bulos y desinformación. En niños y adolescentes esta dinámica puede afianzarse de forma permanente. En una etapa de absorción, de ósmosis de modas, extremadamente sensible a los estímulos externos, el consumo adictivo de “información‑basura” sin reflexión puede consolidarse como la única forma de entender la realidad. Lo he comprobado directamente. Ya ocurre con frecuencia también entre adultos de mi generación. ¿Dónde nos llevará la siguiente? Confieso que tengo miedo de lo que estamos viviendo en primera persona, porque no soy capaz de vislumbrar cómo la polarización cada vez más extrema que vivimos pueda retroceder. La escalada degenerará -lo está haciendo ya- en violencia. Cada vez más gente está polarizando el debate para recuperar o ganar terreno, para tener razón. Pero esa razón que huye de los argumentos y que no necesita de la inteligencia, porque esa es la naturaleza de nuestra sociedad ahora. Tengo para mí que la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar. Pero en ese binomio nunca entrará la mentira. Parafraseando a Montesquieu digo que, cuando hablo con alguien que arrincona en su discurso la razón, es decir, con un imbécil, prefiero darle la razón rápidamente antes que escucharlo. Puede pensarse que así pierdo. Pero, por el contrario, gano. Tiempo y salud mental.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.