jueves, 9 de julio de 2026

Los nuevos santos inocentes

Las nuevas dictaduras ya no ponen el poder en manos de generales, no utilizan la violencia explícita, ni encierran en campos de concentración. Ahora son expertas en manipulación. Distorsionan la información hasta convertir la mentira en verdades a fuerza de ocupar las cabeceras de los medios de difusión que han comprado. Su objetivo es el ciudadano acrítico, el que tiene pocos conocimientos y una pobre cultura general, el ciudadano temeroso o desclasado, el rencoroso, el propenso a ser un hooligan de cualquier ideología. El ciudadano crítico es un peligro para ellos, hay que reconvertirlo en súbdito obediente que no pregunte. No debemos olvidar que el fascismo clásico se nutría de desclasados, obreros ignorantes o burgueses venidos a menos que odiaban a los aristócratas pero aspiraban a imitarlos. Las nuevas dictaduras utilizan el falso patriotismo envueltos en banderas, para vender la patria al mejor postor y de paso quedarse con la comisión. Este nuevo poder -llamado neo-liberal- presume de odiar las ideologías, sobre todo la socialista, por una simple razón: no quieren repartir sino acumular riquezas. Proclaman que el Estado no debe intervenir y defienden la libertad, pero la libertad del más rico, que según su ideología es el que debe mandar. Las redes sociales -que dominan- han sustituido a la información veraz y las tertulias al debate. Ambas engañan a los "poco pensantes", inoculando un conformismo que bloquea cualquier avance. Prefieren retornar a un pasado, en el que el pobre era sumiso, bajaba la cabeza y pedía perdón antes de abrir la boca. Cada vez más, veo por todas partes a clones de "Paco el Bajo" -el personaje de Los Santos Inocentes- gentes que aceptan el destino que sus nuevos señores políticos le tienen reservado. Han asumido, sin saberlo, el papel de el esclavo domado perfecto, pues ni siquiera llegan a la resignación. Es como si las putas redes y las manipuladoras tertulias les hubieran mutilado la voluntad, obligándoles a asumir su condición de modernos esclavos con una gran naturalidad y sumisión. Pero Paco el Bajo está muy presente en estos días. La distancia entre las clases pudientes y el estrato social más bajo sigue aumentando, aunque mucha gente no lo quiere ver. Quizá porque han sido serviles toda la vida, han estado humillados y derrotados durante toda su existencia y ahora no lo ven porque las banderas, las mismas que los pudientes han ondeado siempre para defender sus privilegios, les nublan la vista y las entendederas. Cuando sus señoritos gobiernen y reclamen los derechos más básicos tendrán que oír la frase del señorito Iván: "las ideas de esta gente, se obstinan en que se les trate como personas, y eso no puede ser...”.

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