sábado, 3 de octubre de 2026

El cuento del alquiler.

Pues sí, niños, corría el año 1988 cuando un señor bajito y con bigote que hablaba catalán en la intimidad aprobó la Ley del Suelo, que liberalizó prácticamente todo suelo que no estuviera protegido para impulsar la construcción a gran escala. Todo un negocio. Pero claro, sólo tiene sentido construir si la gente compra. Ahí llegaron los bancos a echar una mano. Sí querías una casa sólo tenías que ir a un banco. Allí, un señor muy amable te daba el total de la hipoteca, más un dinero para los impuestos e incluso para comprar un coche o reformar. Además, te regalaba una olla exprés. Y si tenías dudas te invitaba a su casa a comer. Aprobaban créditos sin comprobar la estabilidad laboral ni la solvencia real del cliente. Ante tantas facilidades la demanda de compra de vivienda se disparó, el país se lleno de grúas, las constructoras echaban más horas que un reloj y, por supuesto, los precios comenzaron su escalada. Después llegó la crisis de 2008 y las dificultades para pagar la hipoteca. Entonces, al señor amable del banco lo escondieron debajo del mostrador y pusieron a otro con cara de perro que mandaba cartas anunciándole a la gente que se quedaban con el dinero que habían pagado, le quitaban las casas y, aún así, seguía teniendo una deuda con el banco. Además, nos convencieron a todos de lo mucho que ellos perdían. Nos asustaron con la idea de que si quebraban perderíamos el dinero de nuestras cuentas y con la ayuda de sus secuaces políticos lograron que el Estado absorbiese las pérdidas del complejo inmobiliario-financiero que habían creado, nacionalizando una enorme bolsa de "activos tóxicos" -pisos devaluados- que engrosaron el llamado "banco malo". Se podrían haber utilizado para crear un sistema de vivienda pública, muy necesario en un momento en el que los desahucios asolaban el país. Pero en esto llegó un tal M. Rajoy -que algunos jueces siguen sin saber quién es- que entre escándalo y escándalo de la Gürtel, los papeles de Bárcenas, la creación de la "policía patriótica", las llamadas a los amiguetes jueces y recoger sobres con dinero negro, se le ocurrió revender los pisos del banco malo a precio de saldo. Para atraer compradores el Estado incentivó el negocio de los “megacaseros” con ventajas fiscales y regulaciones a medida. Resultado, aterrizaron los buitres y grandes fondos de inversión empezaron a comprar vivienda al por mayor. Eso beneficio también a una amplia franja de rentistas de clase media. Y como el negocio de la venta de pisos flojeaba y cada vez más turistas buscaban alojamiento barato, se les ocurrió que el siguiente nicho de negocio podía ser el alquiler, preferentemente corto, sin barreras y con precios disparatados. -"Abuelita, abuelita, que cantidad de pisos más grandes tienes" -"Para sangrarte mejor". El resto de la historia ya la conocéis. Y ahora, los cachorros del señor del bigote nos venden que la solución al problema de la vivienda es volver a construir como si no hubiese un mañana. Y es verdad. Para muchos, no lo hay.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.