Leo las declaraciones de una profesora que dice: “Tengo alumnos de 3⁰ de la ESO que no saben leer. Enseño cosas que yo hacía en quinto de primaria”. Al menos para mí, sorpresa cero. Es el resultado de un sistema pusilánime, que ha comprado las recetas de laboratorio de gentes poco acostumbradas a la briega diaria en el aula, buenista sin límites, entregada a los deseos, exigencias y caprichos de progenitores y alumnos, plegada a los mandatos de interés económico de la OCDE y donde el aprendizaje real dejó de ser importante hace mucho tiempo. Y claro, todo esto acaba teniendo graves consecuencias sociales. O es que nadie relaciona -por ejemplo- está ignorancia sobrevenida de un sistema fallido con fenómenos como el crecimiento de los negacionismos o con aberraciones como que un porcentaje creciente de jóvenes crea que el franquismo fue bueno o muy bueno. Este sistema ha propiciado que la falta de conocimientos (y de falta de compresión, y reducida capacidad de análisis y razonamiento, y carencia de espíritu crítico...) cree un vacío que es rellenado por mensajes simples que llegan de espacios ajenos a la escuela: sobre todo de las redes sociales, internet... Y no tanto porque los adolescentes sean manipulables y no tengan capacidad crítica. La tienen. Sino porque cuando el conocimiento es borroso es más fácil llenarlo por quienes mandan mensajes claros y directos que están diseñados para manipular y adoctrinar. La enseñanza del franquismo en la escuela ha estado y sigue estando llena de ausencias y silencios. Gracias a ello se puede tener el título de la ESO sin saber prácticamente nada sobre el franquismo, sin haber reflexionado sobre qué supone vivir en un país en el que hubo una dictadura hace unas pocas décadas. Sin conocer qué había antes de la guerra ni qué la provocó. Sin saber que vivimos 40 años en un sistema de falta de derechos y libertades. Un alumno puede acabar la ESO habiendo dedicado más tiempo a estudiar el imperio bizantino que la dictadura franquista; conociendo más cosas de Anubis que de Franco; sabiendo más de cómo era la vida en una aldea de la baja Edad Media que de cómo se vivía en los años 40 o 50 en España. Y, claro, cuando un joven apenas sabe nada sobre ese periodo de la historia, cuando apenas ha dedicado tiempo para pensar, preguntar, debatir, interiorizar... cuando nadie, de manera objetiva, le ha hablado sobre una parte de la historia que duele, que debería doler. Sin entender qué significa que no puedas expresar tus ideas en voz alta, qué significa no tener libertad. Sin comprender qué es vivir en un país con censura. Sin saber qué supuso el exilio para quienes se vieron obligados a marcharse. Sin pensar sobre las torturas. Sin reflexionar sobre por qué hay personas asesinadas que siguen enterradas bajo tierra y familiares que las buscan... Entonces, cualquier imbécil le puede convencer de que todo eso era bueno.
lunes, 16 de febrero de 2026
sábado, 14 de febrero de 2026
Espinosa de las Monterías
Los ilusos que de verdad se creen que la ultraderecha quiere encaramarse al poder para mejorar la vida del "pueblo", deberían de leer un poco y dejar de inyectarse en vena la bazofia propagandística y las continuas mentiras que salen de la boca de esta gente. Ellos hacen una política en negativo: Todo está mal, todo es un desastre, todo se hunde. La culpa la tienen las minorías, los que no piensan como ellos -si a lo que hace esta gente se le puede llamar pensar-, por eso berrean continuamente contra los inmigrantes, contra el feminismo, contra los que hablamos de cambio climático... Nunca les oirás, en sus arengas políticas, preocuparse en positivo por las cosas que dan de comer -de vivir- al "pueblo". No los encontrarás nunca entre los partidarios de subir salarios o pensiones, de garantizar los derechos de los trabajadores, de proteger la educación o la sanidad pública... Y cuando abren la boca para hablar de sus propuestas (de las reales, no de esa pócima fantástica que como charlatanes de feria venden para que les votes) se les ve el plumero, se les nota su naturaleza de lobo debajo de su falsa piel de cordero y es para echarse a temblar. Es lo que ocurre con el tema de las pensiones. Desde hace ya tiempo, el ultra Espinosa de los Monteros ha iniciado una campaña contra las pensiones públicas. Según él y su mentalidad ultraliberal, el sistema de pensiones español es potencialmente insostenible y lo compara con una "estafa piramidal". Y vaticina que ni las generaciones actuales ni las futuras pueden esperar recibir una pensión bajo el sistema actual. La inquina del hijo del marqués de Valtierra contra las pensiones públicas viene de lejos. En 2023 acusaba en el Congreso a los defensores de revalorizar las pensiones conforme al IPC de "comunistas". Imagínese el iluso pensionista votante de VOX lo que ocurrirá cuando la actualización de su pensión dependa de esta gente. No, estos amantes de "su" buena vida, no quieren quitar "paguitas" a los inmigrantes, a los pobres o a tu madre que cobra una pensión asistencial para que tú vivas mejor. No, estos "salvadores" de la patria lo que quieren es machacar las pensiones y todo gasto público para no pagar impuestos y que el dinero disponible para lo que a ellos les interesa sea más. Y, si las pensiones públicas no son viables, ¿cuál es la solución? Pues, después de reducir el gasto "improductivo" (según ellos) del Estado, el déficit y la deuda pública (¿no te suena esto de los recortes masivos?), la panacea está en que te hagas un plan privado de pensiones... desde el mismo día de tu nacimiento. Sólo tienes que tener un capitalito inicial de 3000 euritos, depositarlos en una cuenta indexada, un producto de inversión diseñado para replicar el comportamiento de un índice bursátil de referencia y esperar 65 años a que esa banca benéfica sin ánimo de lucro que tenemos, esa bolsa y esos mercados nada volátiles, esos fondos de inversión que son la recreación económica de Teresa de Calcuta y la llamada "magia" del interés compuesto, te produzcan una rentabilidad anual sostenida del 7,2 % en términos reales, lo que significa que dicho rendimiento ya descuenta el efecto de la inflación, con lo que te jubilarás con una pensión vitalicia de 3.000 euros mensuales. ¿Qué puede fallar? Qué se lo pregunten a los chilenos, cuyo sistema de pensiones privadas implantado en los años 80 por Pinochet fracasó estrepitosamente, produciendo limosnas en vez de pensiones y obligando a volver al sistema público. Pero, Don Espinosa de "las Monterías", ¿y si no tengo esos 3000 euros?. Pues entonces es que serás un pobretón y, como a todos los pobretones sólo te queda trabajar por un salario de mierda hasta que revientes. O, ¿quién crees tu que va a realizar los trabajos de los inmigrantes cuando los expulsemos?
viernes, 13 de febrero de 2026
Ayuso la grotesca
De existir, estoy seguro que el premio a la persona más necia, engreída, soberbia, tóxica y narcisista del orbe, se lo darían a Ayuso. Y, acto seguido, iría rauda a ofrecérselo a Trump después de sacarle brillo y besarle el culo. Su última y provocadora payasada ha sido anunciar la entrega de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos. Es decir, a Trump. Debe ser su forma de agradecer su entrada en el "club MAGA" -ese club ultraderechista que odia a Europa y la democracia- en un acto -más bien aquelarre ultra- celebrado en la mansión del presidente de Estados Unidos en Florida. Estuvo allí acompañada por fascistas declarados como Javier Negre o Milei, ese psicópata enloquecido al que también le dió esa medalla. El único objetivo político de Ayuso parece ser "joder" a Sánchez, aunque para ello tenga que hacer el más espantoso ridículo, como decir que EE.UU. recibe la medalla por "ser el faro del mundo libre”. Por muchos incondicionales que esta payasa tenga, sólo es un personaje infame, grotesco y ridículo que solo destaca cuando utiliza su conocido tono macarra, zafio y grotesco. Lo grotesco de alguien como Ayuso está tanto en la naturaleza de lo que dice como en cómo lo dice en cuanto le ponen un micrófono al alcance de su boca y un auditorio dispuesto y absorto a escuchar sus típicos clichés, mentiras y topicazos superficiales de tono provocador y chulesco. Ayuso es un pelele disfrazado de líder político, dibujado como un payaso, manipulado como un muñeco de guiñol, como un bufón que busca el aplauso fácil de sus recalcitrantes y la pleitesía de su prensa a sueldo. Me parece que en ella confluyen, desde la soberanía infame hasta la autoridad ridícula, todas las gradaciones de lo que podría llamarse la indignidad grotesca y ridícula del poder. En un contexto político como el nuestro, herido de superficialidad, crispación y falta de visión, Ayuso es paradigma de la falta de altura de la cultura política y del estado de la ética de muchos de nuestros políticos.
Clase media como constructo
Llamémosla, Antoñita la Fantástica, cree que sus padres, policía municipal y limpiadora, eran clase media porque pudieron criar a tres hijos, tener un utilitario, pagar vacaciones modestas y comprar un pisito VPO de 70 m². Tenían todo lo básico, pero nada sobraba. Había esfuerzo, ascensor social, fe en el estudio. Ella consiguió ser maestra y ascender un peldaño en la escala social. Ahora -cree ella- es clase media "premiun". Pero no se da cuenta de que todo eso describe una coyuntura histórica, no una clase social. La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año, tener un piso hipotecado o conducir un SUP de renting. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica, como bien saben los que declararon la muerte de la lucha de clases y venden, para engatusar a ilusos que, hasta el límite de los barrios de chabolas, todo es clase media. La cosa es muy sencilla de entender: Si tus ingresos dependen exclusivamente de vender tu fuerza de trabajo a una persona, empresa o institución que te paga un salario y si, al dejar de trabajar, tu sustento desaparece, eres clase trabajadora. Te guste o no. Y si el término te parece un insulto, tienes un problema: eres un clasista que no tiene donde caerse muerto. También puedes optar por hacerte "emprendedor" y autoexplotarte como autónomo, pudiendo así presumir de que eres empresario, un status especial, "la leche" en materia social. La confusión está en tomar el consumo como criterio de clase. Coche, ropa, vacaciones... Pero el consumo es efecto del salario. Llamarse clase media por poder consumir ciertos bienes es adoptar una creencia social, no una categoría económica. Ahí entra algo más profundo: la falsa autopercepción. Los parapetos del Estado del Bienestar, la asistencia médica y la educación universal, tener un móvil en la mano, un coche financiado, un armario petado de ropa low cost, unas rayban de imitación, pagarse unos días en la playa o frecuentar un restaurante del montón, piensan algunos que les acredita como clase media. Ahora muchos piensan que la clase media está siendo destruida. Pero la verdad es que buena parte de quienes se creyeron clase media nunca dejaron de ser trabajadores asalariados. Lo que no puede ser más digno. De lo que no se dan cuenta es que su percepción solo demuestra que, cuando el Estado regula y redistribuye, la vida del asalariado puede parecer otra cosa. Pero cuando los mercados comienzan a fagocitar las defensas de un estado del bienestar que aspiran a destruir, la percepción de que las cosas van bien se hunde. Y si la ultraderecha se encarama al poder la clase media aspiración al, simplemente, implosionará.
jueves, 12 de febrero de 2026
Infraestructuras y cambio climático
Aquí somos muchos de acordarnos de Santa Bárbara sólo cuando truena. Somos expertos en saber más que nadie a toro pasado; en despotricar contra lo que hasta hace dos minutos no nos importaba en absoluto; en señalar a los responsables de no tomar medidas y, acto seguido, ignorar e incluso atacar a los que las proponen; de tomar por el pito de un sereno y despreciar a los expertos mientras les reímos las gracias a los sabiondos y a los negacionistas. ¡Así nos va! Los expertos -gente que sabe de lo que habla porque lo ha estudiado- en infraestructuras de movilidad llevan años advirtiendo de los riesgos del clima extremo en las infraestructuras de transporte, de sus impactos económicos y sociales y de la necesidad de adaptarlas pistas -desde su planificación- a condiciones meteorológicas que, por el cambio climático, serán cada vez más frecuentes, intensas y destructivas. Los nuevos expertos en infraestructuras ferroviarias, vía comentario de "cuñao enterao" ávido de señalar culpables, seguramente desconoce que las altas temperaturas que alcanzamos en las cada vez más frecuentes olas de calor están comprometiendo la resistencia de miles de kilómetros de vías férreas, diseñadas y construidas bajo parámetros climáticos que ya no corresponden con la realidad actual. La culpa la tiene la expansión térmica del acero, acentuada cuando con una temperatura ambiente de 40⁰ a la sombra el raíl puede rozar los 100⁰. En estas condiciones se producen deformaciones estructurales que comprometen tanto la seguridad como la eficiencia del transporte ferroviario. Esta sobredilatación puede alcanzar dimensiones críticas que provocan el pandeo de las vías, conocido técnicamente como "serpenteo". Las altas temperaturas aconsejan incluso reducir la velocidad, pero dile tu a un "enterao" que su Ave va a llegar con retraso por el calor, verás la que te cae. Ya en 2021, Adif analizó la eficacia de pintar de blanco tramos de carril para evitar su deformación por altas temperaturas. De aplicarse, habría quién exigiría que se pintasen con la bandera de España. Tras el tren de borrascas que nos ha azotado el escenario de muchas carreteras es deplorable: baches y socavones que revientan neumáticos, pavimentos resquebrajados, calzadas hundidas, rocas y grandes sedimentos dispersos sobre el asfalto... La destrucción de los caminos sólo en Andalucia, afecta a una veintena de localidades -115.000 habitantes-, según el cálculo que ha hecho la Junta. A nivel nacional, la DGT mantiene cortadas por inundaciones y desprendimientos un total de 179 carreteras. Se necesitarán millones de euros para restaurar las vías, un trabajo que demandará mucho tiempo, entre dos y tres años. Quién siga creyendo que esto no tiene nada que ver con el cambio climático, una de dos, o es imbécil o un fanático ideológico. Lo primero que ha exigido Vox en Aragón para formar gobierno es frenar y revertir las políticas frente al cambio climático. Que cada uno saque conclusiones.
miércoles, 11 de febrero de 2026
Ay-USA
Primero fue el mejor bocata de calamares de la Troposfera. Después llegaron la mística experiencia de tomarte un "relaxing cup of café con leche" en la Plaza Mayor, los torreznos más sabrosos de todo Occidente, las mejores cañas de España y la avenida con más catetos por metro cuadrado para ver musicales en su ciudad. Ahora ya se habla del Cristo más grande del mundo, el mejor Cañón del Colorado y el más guay premio de fórmula uno. Y en ese incesante esfuerzo de expansión cultural de 'Madriz", ahora llega "Madrilucía" (término tan "currado" como Madring para llamar al corto-circuito de su F1), la celebración de una Feria de Abril en el distrito de Villaverde, localidad -como todos sabemos- donde sus habitantes usan a diario el sombrero cordobés y se mueren por el rebujito, las sevillanas, los caballos jerezanos, el pescaíto frito y los vestidos de gitana. Esto pasa porque a Ayuso se le quedan cortos los límites de su Comunidad y quiere extenderlos hasta el barrio de Triana. Yo animo a Ayusita la fanática, digo la fantástica a seguir ampliando fronteras. Total, ya lo dijo esta filósofa de puesto de mercadillo a todo un léuro: "Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España?". Así, y dado que Madriz reúne lo mejor de España y recibe con los brazos abiertos a toda clase de gente (salvo las excepciones étnicas y religiosas de rigor), lo lógico sería centralizar allí la Tomatina, los Moros y Cristianos, las Hogueras de San Juan, bajar el Descenso del Sella por el Manzanares, correr los Sanfermines por la calle de Alcalá, celebrar la final del carnaval de Cádiz en el Movistar Arena, el traslado del Cristo de la Buena Muerte y Mena en la Plaza de Colón, la Romería del Rocío en El Retiro, la Tamborrada de San Sebastián en la calle Preciados y la Rompida de la Hora de Calanda en el Congreso de los Diputados. Total, lo mismo que en cualquier pleno pero Con menos ruido. Con las Fallas habrá que tener mucho cuidado, no vayan a hacer un ninot de Almeida y acaben quemando el original. Y, ya puestos, importar la Copa América de Vela al lago del Retiro y la ascensión del Everest a Peñalara. Así la gente se olvidará del cúmulo de pruebas que demuestran que el criminal protocolo que favoreció la muerte indigna de 7.291 ancianos en las residencias de Madrid fue conocido y autorizado por una Ayuso que se negó a medicalizar las residencias. O pasará por alto el cínico y vergonzoso proceder de su partido ante el supuesto acoso de su alcalde de Móstoles a una compañera. O no se enterará de que la Comunidad de Madrid acaba de perdonar los 71 millones de euros que Quirón y Ribera Salud deberían pagar por -alucina- sus pacientes que han sido atendidos por la sanidad pública.
El tazón de Bad Bunny
Dado que es un hecho trascendental cuyas consecuencias tienen un alcance mundial, yo ya sabía que el 2 de febrero se celebraba en EE.UU. el Día de la Marmota que, por supuesto, no seguí. Lo que se me escapó es que el 8 de febrero se disputaba otro evento de carácter capital como es la final de la Super Bowl. Se comprenderá que a mí, una competición de fútbol americano, llamada además "Super Tazón", me importa un carajo. Pero después me entero de que durante el descanso, usado como cebo para multiplicar la audiencia, iba a actuar un tal Bad Bunny, el "rey del trap latino" y figura global del reguetón. Confieso que de este "rey" y su música yo sé lo mismo que del de Esuatini. Pero si hasta creí que su nombre era Bugs Bunny, como el conejo. El caso es que el puertorriqueño aprovechó para -dicen- lanzar un contundente mensaje reivindicativo a favor los países latinos y en contra de la fascista política migratoria de Trump. Pero si hasta se ha llegado a decir que fue "uno de los mejores discursos políticos de nuestro tiempo" y ha hecho babear a muchos progresistas. Para mí, que se diga que un tipo vestido de fantoche con un traje exclusivo diseñado por Zara y un reloj de 75.000 euros, ha llevado a cabo un acto de "resistencia contra el divisionismo, un triunfo cultural para los latinos y un golpe simbólico al presidente Donald Trump", me parece exagerado. E intentar convertir a Bunny en un icono de rebeldía y transgresión al sistema, ridículo. Bunny no es un azote del sistema; es un producto multimillonario de la industria musical. Dejando de lado su fortuna -no creo que tener dinero sea incompatible con ser progresista- es un producto de mercado que no cuestiona el régimen que lo amamanta. Además, gran parte de sus letras perpetúan la cosificación y denigración de las mujeres -perras, para él- y las reduce a fantasías sexuales masculinas en un género ya plagado de misoginia. Más allá de "mensajitos rebeldes" su música fomenta una alienación consumista, donde el hedonismo vacío y la hipersexualización venden discos, no conciencia social.
El triunfo de los monicacos
Estoy cada vez más convencido de que el ser humano está retrocediendo en su camino evolutivo a favor de sus reflejos de primate más primitivos, premiando a los machos alfa que se levantan soberbios sobre sus cuartos traseros dándose sonoros golpes en el pecho igual que gorilas ebrios de poder, mientras otros muchos los siguen como monicacos. Sólo así puede explicarse que tanta gente apoye las políticas que, de manera evidente y sistemática, le perjudican en forma de recortes en servicios básicos. ¿No es evidente que las políticas que interesan a la élite de los poderosos son contrarias a las que interesan a la mayoría? Y, sin embargo, navegamos una ola donde la mayoría perjudicada vota mayoritariamente a los representantes del grupo de las élites. Votan a partidos cuyas políticas formalizan y generalizan la desigualdad, restringen el acceso a la riqueza y limitan las oportunidades reales de ascenso social. Partidos que ya ni tan siquiera se molestan en diseñar o explicar programas, simplemente se aúpan al poder y comienzan a aplicar políticas para el beneficio exclusivo de la élite. Su interés -por mucho que digan lo contrario- consiste en atacar al Estado, presentándolo como un ente corrupto e ineficiente que hay que "adelgazar". La trampa es perfecta: hablan de reducir impuestos, sobre todo los que mayoritariamente deberían pagar los más ricos y, simultáneamente, degradan el servicio público. Al tiempo que el sistema público se queda sin recursos, ellos, los ricos y los oportunistas con contactos, ofertan de manera privada los mismos servicios que el Estado ha dejado de prestar. Salud, educación, cuidados; todo se convierte en una mercancía. Pero como el objetivo del negocio privado no es resolver los problemas de la población, sino maximizar sus beneficios, los problemas no tardan en aparecer. La población se da cuenta que las cosas no funcionan pese a lo que le han contado. Se da cuenta de que no llegan a fin de mes a pesar de tener un empleo a tiempo completo, de que las bajadas de impuestos son calderilla para su bolsillo, que la bajada de impuestos se hace a costa de desmantelar lo público, de que ellos son incapaces de costearse un sistema privado que, en el fondo, tampoco funciona si no tienes una cuenta corriente de seis cifras. Las cuentas, sencillamente, no salen. Pero antes, para evitarse problemas, la maquinaria de los poderosos crea chivos expiatorios. Hay que entregar un culpable en bandeja de plata para evitar que el ciudadano se pregunte por qué su hospital no tiene médicos -aunque lo gestione el partido al que vota- o por qué su alquiler consume el 70% de su salario. ¿Y por qué funciona ésto? Da igual, baste saber que es un mecanismo de control social basado en el miedo y la proyección: robar a la población, degradar su calidad de vida y decirle, con una sonrisa o un grito furioso, que la culpa es de otro, aunque este no tenga control alguno sobre los mecanismos que empeoran su vida.
lunes, 9 de febrero de 2026
La culpa es de Mordor
El avance de la ultraderecha comienza cuando los medios de comunicación generalistas empiezan a incorporar en su agenda y a normalizar los temas que a aquella le interesan, además de abrir las puertas -en nombre de un falso pluralismo- a periodistas de trinchera, opinadores o ex políticos que comparten los mismos postulados políticos que la ultraderecha, haciendo que se difunda y se presente como alternativa válida la visión del mundo que tienen esos partidos que la representan. En cualquier caso, el elemento clave para entender por qué funciona la propaganda y las mentiras de la ultraderecha es que ésta dice ofrecer soluciones: simplistas, inaplicables o directamente falsas, pero se perciben como soluciones. Y, sobre todo, promete una suerte de seguridad para ciertos miedos que existen y se propagan entre amplios sectores de la población. Como las soluciones, ésta es una seguridad ficticia, una construcción inventada. Es una especie de Arcadia feliz donde supuestamente, bajo las condiciones que ellos imponen, todos (todos los que ellos aceptan) estaríamos mucho mejor, viviríamos en armonía y prosperidad, no habría conflictos y cenaríamos perdices todas las noche. A partir de ahí se genera una gran falacia: racismo, xenofobia, homofobia, aporofobia..., componentes todos muy negativos, se convierten en expresiones positivas por el simple hecho de que ellos consideran que pueden dañar su imaginaria armonía. Y mucha gente piensa: "En realidad estoy defendiendo mi identidad, en realidad estoy cuidando a los míos". Pero donde se comienza a construir esa idea de Arcadia es en la idealización de un pasado imaginario. "Con nosotros vas a tener un mundo como el que era", dicen. La pregunta es ¿el que era cuándo? Porque hay una mezcla muy rara, un Frankestein histórico: un poco de edad media, pero sin las heces en la calle y sin la gente muriendo a los 20 años por tuberculosis. Un poco de "con Franco se vivía mejor", pero sin subdesarrollo, sin hambre, sin piojos, sin analfabetismo, sin dos millones de emigrantes, sin falta de libertades. Y al mismo tiempo elegir a conveniencia cuál fue el mejor momento de la historia de España, el mejor momento de la historia de tu país: “cuando éramos exitosos y nos iba bien como país y éramos grandes y nos respetaba el mundo y nadábamos en la abundancia y criábamos las perdices más gordas del mundo”. Qué más da que esa sociedad nunca existiese realmente, que se añore lo que nunca fue. Pero es algo que funciona muy bien, eso de querer vivir en el mundo de El Señor de los Anillos y pasarla bien porque bueno, estamos derrotando a Mordor, que son esos del otro lado de la colina que vienen a romper mi armonía. Pero para personas que combinan la frustración con el miedo y se van cebando de tendencias autoritarias, con odio, con desprecio por el otro y demás, funciona muy bien ese tipo de mentira. Y creen que les cuesta llegar a fin de mes, que su salario es una mierda, que sus hijos no pueden pagarse un alquiler y vivirán peor que ellos, que los servicios públicos se deterioran o que su futura pensión pende de un hilo, por culpa de los que llegan de fuera a romper una armonía inexistente.
Tecnología y epidemia ultra
Cuando uno lee a Peter Thiel, el gurú de Silicon Valley que trabajó mano con mano con Elon Musk, te explicas muchas cosas. Ya en 2009, Thiel publicó un artículo en el que defendía que la democracia y la libertad no son compatibles. Él cree que, a partir de la universalización del voto, el mundo ha caído en una decadencia interminable. Thiel dice que, desde que las mujeres pueden votar y los beneficiarios del Estado de bienestar también, el Estado se ocupa de cosas de las que no tendría que ocuparse. De ahí viene -según él- el gasto que no sirve, la malversación, la decadencia económica y por consiguiente -según él- la decadencia moral. Y propone construir otro tipo de sociedad donde la democracia no sea la que la que rija. Thiel planteaba en ese artículo que tal vez la solución a todo esto es la tecnología, que la tecnología puede suplantar a la política. Él defiende que la política no es la solución a ninguno de los problemas. Y no cree que haya que convencer a la gente de eso: lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías para que esto cambie y punto. Trump es la bisagra fundamental para entender ese último paso en connivencia con políticos que no lo son. Él es la punta de lanza de la oleada ultra. Hemos llegado ya a la fase de la normalización de esa epidemia. Y en el fondo de todo esto está el miedo, la falta de de rumbo, la incertidumbre, la idea de que no hay futuro. Pero, al final, la gente se da cuenta de que la han vuelto a engañar: Trump está inmerso en una sucesión continua de derrotas electorales en prácticamente todas las elecciones menores que se han celebrado desde hace un año. A lo mejor, allí, la gente se empieza a dar cuenta que detener y encarcelar a un niño de cinco años para deportarlo no es una anécdota, sino una manera de entender el mundo.
Medios y ultraderecha.
Una de las razones del auge de la ultraderecha tiene que ver con la nefasta confluencia de dos agentes: Por un lado la erosión de unos medios que han ido abandonando el rigor, la objetividad, el análisis independiente y hasta el compromiso con la verdad para plegarse al vicio de buscar el clic, ese “a ver qué barbaridad van a decir” para recibir más impacto. Y, por otro lado, una derecha ultra que ha entendido perfectamente que la verdad y el debate sosegado no venden y se ha convertido en una máquina de producir fango y miseria moral para alimentar a ese periodismo que, no sólo compra su relato y le sirve de altavoz, sino que a través de sus contratos de publicidad le somete a vasallaje. Proliferan así medios de comunicación militantes, activistas, que muchas veces están financiados por los partidos de ultraderecha, que promueven sus ideas, sus narrativas y disfrazan de noticias, de información, de datos, de estudios, las posturas ideológicas y las mentiras que sirven de andamiaje político a estos partidos. Estas son las que alimentan al electorado que apoya a la ultraderecha, ávido de leer más sobre las cosas con las que ya estaban de acuerdo previamente: ese es el sesgo de confirmación. Además, las redes sociales han acabado confundiendo información, comunicación y propaganda. Ya no hace falta el medio de comunicación para generar un discurso masivo, y la ultraderecha tiene la oportunidad de ir más allá, de alcanzar capas sociales que antes se le escapaban porque la tecnoligarquía es esencialmente ultra. Pero los medios de comunicación siguen siendo esenciales para crear focos de atención y servir de altavoz. Por eso, partidos como el PP están alimentando con fondos públicos a pseudomedios, medios de la extrema derecha donde militan los principales agitadores: Vito Quiles, Bertrand Ndongo, Javier Negre, Eduardo Inda... Son medios como Periodista Digital, Estado de Alarma, OkDiario o The Objective, entre otros, regados con abundante dinero público por Ayuso, o Almeida. Pero están alimentando un monstruo, como acabamos de comprobar en Aragón. Allí el PP, en un alarde de estupidez política, no sólo ha comprado muchos de los postulados de VOX, sino que ha invitado a su meeting de fin de campaña al ultraderechista Vito Quiles. Resultado: aunque ha ganado las elecciones, ha perdido dos escaños, mientras que la ultraderecha dobla su representación. Ya sólo les queda auto disolverse e integrarse en el partido de extrema derecha.
sábado, 7 de febrero de 2026
Algoritmo rima con Tecnofeudalismo.
El problema vuelve a ser la ignorancia. Quien no ve un precipicio no tiene miedo de despeñarse por él. Un niño pequeño jugará sin precauciones con una pistola cargada porque ignora el terrible daño que le puede causar. “¿Y a mí qué me importa que el algoritmo sepa antes que yo lo que me va a gustar?”. Esto, ahora mismo, lo puede decir cualquiera. El peligro ni tan siquiera se intuye. Como el móvil es mío, como es una idea de mi cerebro la que elige una red, una aplicación, una página, como es mi dedo el que clikea..., creo que soy yo quien controla la situación. Ni tan siquiera intuimos el peligro. Lo primero que necesitaríamos es darnos cuenta de lo que está pasando. Qué es el algoritmo, qué hace, cómo funciona, cómo está cambiando la manera en que funciona nuestro cerebro. Básicamente el algoritmo está diseñado para que a un sitio digital venga mucha más gente y se quede mucho más tiempo. Al principio se enseñaban gatitos juguetones y poco más. Ahora la cosa es más compleja. Y más perversa. Pero los humanos, que somos muy poco "espabilaos, creemos que los efectos malévolos de este engendro sólo tienen que ver con los contenidos. Pocos entienden que esos contenidos eran -al menos al principio- lo de menos. Porque el algoritmo, en realidad, se dedica a conseguir que nuestros cerebros, poco a poco, vayan funcionando como a sus dueños les viene bien. Comienzas a procesar como a la máquina le conviene. Y los resultados están ahí. Miramos a los adolescentes y nos causa pena, vértigo, miedo, lo que les está pasando. El ciberacoso, el aumento de las agresiones sexuales, el empoderamiento del machismo, el hipermaterialismo, la pérdida de empatía, su absoluta dependencia de las redes, nos sumen en congoja; pero, sin llegar a tanto, es igual de triste descubrir que son incapaces de leer entero un artículo de un periódico, mantener la atención más de unos minutos o comprender procesos sencillos, interrelaciones, causas y consecuencias de los hechos... Y, llegados a este punto, políticos sin escrúpulos, que conocen y utilizan la mecánica del algoritmo, la emplean para troquelar votantes que jamás hubieran comulgado con sus intereses y alimentar un ambiente de polarización, de crispación, de enfrentamiento, de violencia verbal, de odio. Y a muchos esto les facilita la vida. Qué maravilla, no estar obligado a pensar, a tener ideas propias, poder vivir sin tener que tomar decisiones, sin asumir responsabilidades porque siempre hay alguien a quien echar la culpa. !¡Quién quiere una enclenque conciencia humana, si tiene dentro un poderoso algoritmo que lo justifica. En fin. Es el tecnofeudalismo. No es solo el futuro de internet, son nuestras vidas y son demasiado valiosas como para dejarlas al siniestro vaivén de los algoritmos. Pero muchos ya han vendido su alma a los oligarcas tecnofachas con lo que ellos conlleva.
viernes, 6 de febrero de 2026
Redes y mayores.
Una conocida de 80 años, móvil en mano,e interpela sobre "eso que quiere hacer Sánchez de prohibir que los jóvenes tengan móvil para que no puedan informarse". Esta persona tiene serias dificultades para manejarse con las funciones básicas de su smartphone. No sabe mandar o leer un Whatsapp, hacer una búsqueda de Google, encontrar la galería, modificar un solo ajuste y apenas acierta a encontrar a alguien en la agenda o contestar con prontitud a una llamada. No entiende este nuevo mundo y necesita una continua tutela digital. Aunque, me temo, que los mismos que se la prestan también tutelan sus ideas a través de las torticeras y sectarias explicaciones que de la actualidad política le dan. Ante la pregunta me limito a explicarle de qué va eso de las redes, poniéndole el ejemplo de Twitter, "o X como lo llama su dueño, Elon Musk, el hombre más rico del mundo", le digo. "Twitter -continúo- es como un foro que te permite casi gratuitamente interactuar con todos los demás usuarios, enviando y leyendo mensajes de texto cortos, incluir imágenes y vídeos. Vamos, un gigantesco patio de vecinos, el paraíso del chismorreo. Una mezcla entre radio macuto, la ventana indiscreta y el debate de la Isla de las Tentaciones. Un lugar de barra libre de mensajes, opiniones, comentarios...". 'Entonces -me dice- como en todo patio, se oirá más a la que más grita, a la más arrabalera, a la que parece que tiene menos que hacer..., y habrá muchas peleas". "Pues sí -le contesto- lo peor es que ese patio tiene un dueño, que impone las normas, decide quién puede y quién no puede hablar y dirige los temas de conversación. Al final, esta X es un lugar pensado para amplificar los discursos de odio y la polarización y donde un factor manipulador llamado algoritmo promueve a la extrema derecha sin ningún filtro ni moderación. Ahora, además, sabemos que la inteligencia artificial de X (tuve que hacer un inciso para explicar eso) favorece la sexualización de niñas y promueve el acoso o la pedofilia. Y termino diciéndole: En general las redes, todas, presentan peligros: exposición a contenido tóxico, ciberacoso, difusión de desinformación y bulos y el riesgo de infectarse con virus a través de enlaces maliciosos. Su uso excesivo, además, se asocia con ansiedad, depresión, problemas de autoestima, autoimagen, cognitivos y trastornos del sueño". "Por Dios -me dice-, esto no tiene nombre". "Sí -le digo-, se llama Enshittification, que se traduce como mierdificación, y es la reducción de la calidad de los contenidos de una red hasta convertirse en... en una auténtica mierda. Y, por cierto, cuando te digan que el móvil sirve, al menos, para aliviar la soledad de los mayores, que sepas que según un reciente estudio el tiempo que pasamos interactuando con amigos o familiares en la red se ha desplomado en los últimos años. A todas las edades". Tras ello depositó, con asco, el móvil sobre la mesa. Pero dejándolo al alcance de la mano. Por si acaso.
jueves, 5 de febrero de 2026
Musk, Durov, iros a la mierda
Corría el año 2007. Durante la sesión de clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile. Hugo Chávez atacaba al expresidente José Mª Aznar, llamándolo fascista. Zapatero defendió la legitimidad de Aznar y pidió respeto, pero Chávez continuó interrumpiendo. El hoy rey emérito se dirigió entonces a Chávez, de manera poco diplomática, y le espetó el ya famoso ¡¿Por qué no te callas?! Ay, qué tiempos aquellos cuando había españoles que defendían a otros españoles de la mala educación y los insultos de un extranjero, aunque no coincidiesen ideológicamente con ellos. No han pasado veinte años y ahora los españoles que presumen de patriotas, no sólo no defienden, o por lo menos afean y censuran las formas, sino que aplauden y se suman a los ataques que un sociópata salpicado de escándalos dirige hacia el presidente de su país. Lo mismo hace la "prensa patriótica": utilizar los insultos del tecnofacha como palanca para seguir su campaña total contra Sánchez. Por eso, para compensar la balanza, tenemos que echar mano de los comentarios que sobre el tema hacen los extranjeros sin interés directo sobre el tema. Gente diversa, muy diversa y poco sospechosa de intereses partidistas en el tema. Así, el rector de la Universidad de Oxford, William Hague, ha dicho al respecto: "Las redes sociales se están volviendo incompatibles con un sistema democrático saludable". Hague es, además, una figura histórica del Partido Conservador británico. ¡Cuanto tiene que aprender la derecha española! Salvo que su su carácter democrático sea solo una pose. Otro británico, David Pearce, un prestigioso filósofo, respecto a los insultos de Musk ha dicho: "El primer ministro español, Pedro Sánchez, fue elegido democráticamente. No es ni un tirano ni un traidor. Las redes sociales tradicionales están inundadas de desinformación y provocación". El ex primer ministro de Francia, Gabriel Attal, ha dicho que Francia fue pionera en la protección de los menores frente a la influencia de las redes sociales, y que España sigue ese mismo camino. Recalcó que la salud de los niños no puede convertirse en moneda de cambio para ningún país, sin importar la presión de los gigantes tecnológicos". Por otro lado, Martina Navratilova, icono del tenis femenino y activista de la lucha por los derechos de las mujeres y las personas homosexuales a lo largo de su vida, por lo que ha sido ridiculizada, insultada, acosada y vejada en redes durante años, se ha limitado a compartir las declaraciones de Sánchez, añadiendo un escueto: "Bravo!!!!". En fin, resulta tan ridículo como cínico que un tipejo como Musk, que respaldó al partido ultraderechista Alternativa para Alemania y va por ahí haciendo en público el saludo nazi, acuse de "fascista" al presidente español, con el apoyo del ultraderechista Abascal. También Pavel Durov, cofundador de Telegram, ha atacado a Sánchez, advirtiendo en un mensaje a los usuarios de esta red, que las regulaciones que pretende impulsar el Gobierno de España "amenazan" sus "libertades en internet" y se pretende convertir el país "en un estado de vigilancia bajo el pretexto de protección. Yo, haciendo uso de mi libertad en internet, he respondido amablemente al mensaje no solicitado de Durov, diciéndole: "Sin conocerme de nada, ¿quién coño te crees tu para considerar que tienes derecho a meter tus narices en mi vida mandándome un mensaje? Y he acabado aconsejándole sobre en qué conducto interno de su anatomía podría alojarlo. Eso sí, sin actitud.
No sabemos ser ricos
Al problema de la falta de memoria se une el de que no sabemos gestionar "ser ricos". Uno recuerda cuando sólo había un plato en la mesa y una fruta. Cuando merendábamos pan con aceite y azúcar. Cuando una jícara de chocolate, de vez en cuando, era un regalo y un helado o un pastel un lujo. Cuando no hartarnos de comer nos hacía delgados y bajitos. Cuando los pantalones -sin marca- llevaban rodilleras y los jerseys coderas. Cuando mucha ropa era heredada de nuestros hermanos y hacíamos la comunión con el traje de nuestros primos. Cuando casi nadie llegaba a fin de mes, a veces ni a fin de día, porque todo eran estrecheces. Cuando la sala de juegos era tu calle y ésta era tu casa. Cuando tus vecinos eran una extensión de la familia porque solían estar ahí para lo que hiciese falta cuando las carencias venían, que era muy a menudo, porque hoy por mi y mañana por ti. Cuando no éramos clase media, cuando casi todos comíamos lo mismo porque no había otra cosa, cuando no teníamos envidia porque las casas del barrio -menos las de cuatro gatos- eran casi todas iguales, con las mismas carencias, con el mismo frío, con las mismas goteras, con la despensa semivacía, con las orejas llenas de sabañones, los calcetines zurcidos y los zapatos rozados. Cuando éramos así de poca cosa, pero éramos también muchísimo más generosos, comprensivos y solidarios porque siempre se dependía de alguien. Sin embargo, conforme más tenemos, más egoístas somos, más avariciosos, más insolidarios, más clasistas, más brutos, más ignorantes, sin más ambición que tener más coches, más autos, más trajes, más mierda.
Oponerse a lo que te beneficia
Hemos llegado a tal punto de idiocia que mucha gente, por razones de seguidismo ideológico, se opone y brama contra medidas que concuerdan perfectamente con sus valores. Lo estamos viendo a cuenta del anuncio de Sánchez de que prohibirá en España el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. A partir de ahí, la derecha y sus más acérrimos seguidores -de nuevo- se han envuelto en la falsa, falsísima bandera de la libertad para oponerse frontalmente a la medida, atacar groseramente a quien la propone y alinearse con una mamarracho extranjero que le insulta porque podría afectar a su jugoso negocio. Pero, seamos serios y apartemos del análisis las cuestiones ideológicas. Como profesor llevo años advirtiendo de los estragos que las redes están causando en los más jóvenes: ansiedad, irritabilidad, adicción, depresión, trastornos del sueño, baja autoestima, pérdida de atención, deficiencias cognitivas, bajo rendimiento académico, problemas de carácter... Sólo esto -que muchos padres saben y sufren- debería ser suficiente para estar a favor de tomar medidas. Pero es que, además, cualquiera que tenga un smartphone puede comprobar que las redes sociales son un apestoso sumidero de desinformación, manipulación, bulos, incitación al odio, ataques personales intolerables, acoso, amenazas y chantajes, introducción a la ludopatía, pornografía de todas clases... Cualquier persona normal sabe perfectamente que estas figuras son en la mayoría de los casos claros delitos penales que serían perseguidas de oficio si no estuvieran inscritas al mundo digital. ¿Por qué oponerse entonces a que también lo sean en éste? ¿Quizá sea porque los dueños de las redes ya han conseguido manipular nuestra forma de percibir la realidad haciendo que aceptemos situaciones que dañan a la sociedad pero engordan sus cuentas corrientes? Sin embargo, prohibir el acceso a redes es como ponerle puertas al campo, salvo que se materialice la correcta identificación de los usuarios. Y eso indigna a los fanáticos de la supuesta libertad. Los mismos a los que no les importa que las grandes empresas digitales sepan de ellos en cada momento dónde están, qué hacen, que gustos tienen, que compran, que leen, cuáles son sus ideas y hasta cuál es la marca de papel con la que se limpian el culo. La razón de la indignante impunidad en redes, con su lógico efecto contagio, es el anonimato que predomina en ellas. Y este es el asunto vertebral que habría que corregir si de verdad se quiere conseguir que se expulse de ellas a los delincuentes que las utilizan para delinquir. Así que si no se quiere prohibir, la única solución al problema sería establecer la obligación de que todos los usuarios de las redes estén fidedignamente identificados. En Australia, está medida ya ha obligado a Meta, por ejemplo, a eliminar cerca de 550.000 cuentas en sus redes en sólo unas semanas, lo que demuestra la magnitud del problema. ¿Están dispuestos los gigantes digitales a soportar esta sangría de usuarios y beneficios? Claramente, no. Eso explica la virulenta reacción de Elon Musk, recurriendo al insulto, o la del dueño de Telegram enviando un mensaje manipulador a todos sus usuarios. Ellos tienen el poder. Y la gente salta cuando ellos lo mandan, aunque ellos contribuya a dañar la personalidad y salud mental de sus propios hijos. ¡Qué servilismo! ¡Y qué triste!
miércoles, 4 de febrero de 2026
Tecnofachas
Dice Sánchez que hay que actuar contra los delitos en las redes sociales. ¿Pero qué dice este hombre? Qué pasa ¿que los robos de datos, el estímulo del odio, la xenofobia, la violencia machista, la pornografía infantil..., va a resultar que son ahora delitos?. El problema es que se ha dejado actuar a los fachotecnócratas y nos han comido la tostada. Y ellos ha pasado por una dejadez absoluta de las instituciones, una paleta fascinación por la infinitud virtual y ese simulacro de libertad, tan falso como patético, que tanto gusta a la ultraderecha y acompleja a las democracias. A las plataformas tecnológicas y a los dueños de las redes sociales se les ha dejado hacer negocio desde el mismo día de su nacimiento; sin leyes, sin normas, sin valores, sin democracia, sin límites. Y lo han hecho a costa de todos nosotros. Y ahora nos lamentamos, porque comprobamos que sólo ganan ellos y el mundo es un lugar mucho peor para una inmensa mayoría. La ultraderecha europea, que presume de patriotismo pero se somete al vasallaje trumpista actuando de lamebotas, han sido los primeros en rasgarse las vestiduras en un nuevo aquelarre fascista. Santi, que es vago hasta para copiar nuevas ideas, ha recurrido, como con la educación sexual en los colegios, a decir que el Gobierno quiere adoctrinar a nuestros hijos suplantando a las familias. Feijoo, de momento, no ha dicho nada. Posiblemente porque le han soplado que algunas encuestas dicen que más del 80% estarían de acuerdo con el control. Pero dadle tiempo. Bastan tres segundos después de que hable Ayuso
Chat promoción
Con la que está cayendo - y la que nos va a caer- deberíamos de abandonar el estéril campo de batalla del enfrentamiento de opiniones -que, al menos para mi, no son lo mismo ni tienen el mismo valor que las ideas-, pues en él solo fructifica la tirantez vital (ya no soporto el término crispación. ¡Me crispa!). Soy más partidario del "vive y deja vivir" que del "sacarse las tajadas". Del aceptemos que "ca' cual es ca' cual" y allá cada cual con sus opiniones. En materia de opiniones sólo hay dos cosas que me "incomodan": que alguien intente meterme con calzador y sin miramiento una opinión que no le he solicitado; y que aquellos que se pasea públicamente, de micrófono en micrófono, diciendo todo lo que le viene en gana terminen diciendo que "no hay libertad de expresión". Me parece ridículo. Por eso creo que hay que dejarse de duelos de opiniones y reivindicar las frases absurdas (o no) como medida de higiene mental y mejor arma frente a la irracionalidad que nos domina. Quizás sea la única manera seria de relajar el ambiente.
Aquí dejo varias propuestas. Algunas seguro que las conocéis. No están sujetas a opinión. Como mucho, a réplica con otra frase, pensamiento o aforismo absurdo (o no):
No renuncies a tus sueños, sigue durmiendo / Contra el hambre, come / El tiempo sin ti es sólo empo / El que ríe el ultimo piensa más lento / Me da mucha rabia que hablen cuando interrumpo/ Muchos de los que afirman que tienen la conciencia tranquila sólo tienen mala memoria / Algunos puede parecer que tienen pensamientos profundos, pero en realidad solo estan pensando en qué comerán hoy / La vida es aquello que pasa mientras buscas wifi / Necesito ir al oculista, pero no veo el momento /¿Una dieta equilibrada es un pastel en cada mano? / Odio ser bipolar, es algo maravilloso / Por favor, no interrumpas mientras te ignoro / Soy responsable de lo que digo, no de lo que entiendas / Madurar es estar triste y no publicarlo en Facebook / No soy un inútil total, sirvo de mal ejemplo / Si no puedes convencerlos, confúndelos / Eres tan tonto que se están empezando a dar cuenta hasta tus amigos / La esclavitud no se abolió, pasó a ocho horas diarias / La primavera está harta de El Corte Inglés / La inteligencia te persigue, pero creo que eres más rápido /¿Hasta dónde se lavan la cara los calvos? / Hombre invisible busca mujer transparente para hacer lo nunca visto / Luchar por tus derechos está bien, pero mejor es comer croquetas. ¡Dónde va a parar! / Estado civil: Cansado / ¡No pasa nada! Y si pasa, se le saluda. ¡Malditos cabrones, pero que jodidamente feos sois todos! (Carta de San Pablo a los adefesios). Y recordad siempre que cada uno de nosotros somos únicos. Absolutamente igual que todos los demás.
Anton Chejov
Antón Chéjov, posiblemente el escritor que más capacidad ha demostró para captar la esencia de la vida cotidiana, dijo que “la felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz". El escritor ruso formuló así una idea que hoy resulta sumamente incómoda: la felicidad no es un estado alcanzable, sino una aspiración constante, casi siempre frustrada, que empuja a los seres humanos a seguir adelante. Nada más y nada menos. Lo evidente es que los personajes que pueblan las obras de Chéjov son como la mayoría de los hombres y mujeres actuales, que sueñan con otra vida, con otro lugar o con otro tiempo, pero que rara vez logran materializar ese anhelo. Todos deberíamos entender que el deseo de ser feliz no es una antesala de la plenitud, sino una condición permanente, lo que parece demostrar que aquella no es nunca alcanzada. Cualquier persona "normal" -aunque empiezo a pensar que este espécimen es ya una rara avis- desea amar más, vivir con más sentido, escapar de la rutina o encontrar un sentido a su vida, un bienestar y una una paz que siempre parece pospuesta. Desea, pero raramente alcanza, al menos de forma plena y permanente. Por eso, la felicidad, entendida como un punto de llegada, queda descartada. En su lugar aparece una dinámica mucho más realista: la del ser humano moviéndose entre expectativas, frustraciones y pequeñas epifanías que nunca terminan de cuajar en un final feliz. Aunque, evidentemente, hay grados muy distintos de expectativas y exigencias. En cualquier caso deberíamos aprender de Chéjov y no buscar edenes inexistentes, redenciones milagrosas ni finales de cuento cerrados, sino proyectar una mirada honesta sobre la fragilidad humana. Pero, claro, en una época obsesionada con el bienestar -que, a menudo, se confunde con la felicidad-, la autoayuda y la búsqueda permanente de nuevas experiencias, la reflexión de Chéjov suena casi subversiva, pues plantea que el problema no es no ser felices, sino creer que deberíamos serlo todo el tiempo. Una frase apócrifa atribuida a Abderramán III, cuando tenía 70 años y estaba en el lecho de muerte, dice: "he anotado los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce, y no todos seguidos". Quizá no se trate de alcanzar la felicidad, al menos todo el tiempo, pues eso es utópico, sino de entender qué hacemos con ese deseo constante de serlo. Y procurar no dejarnos arrastrar ni que nadie lo manipule en beneficio propio.
Elon el sociópata
Elon Musk mira mucho últimamente a España, lo cual nos debería preocupar, y mucho. Ya en Davos dijo que las zonas de la "España Vaciada" serían ideales para convertirse en la "central eléctrica de Europa". A esta gentuza las personas les importa una soberana mierda. Con empatía cero, una absoluta falta de respeto y una pasmosa capacidad de meter sus narices en lo que no le importa, este tipejo no ve vidas ajenas sino beneficios económicos. Hace unos días, demostrando que trabaja poco, se dedicó de nuevo a meterse donde nadie le llama y criticó la regularización de inmigrantes que ya están en España pero aún sin papeles. Y, la última, ha sido insultar al presidente del gobierno español tras su anuncio de que España va a prohibir el acceso a redes sociales a los menores. Esto último le escuece directamente como dueño de la red X, la antigua Twitter, que él ha convertido en un lugar pestilente y nauseabundo, es decir, un reflejo de si mismo. Convendría recordar quién es Musk, el tipo al que su biógrafo lo llamó "psicópata" después de una sesión fotográfica en Auschwitz donde "no le importó en absoluto lo que presenció". Musk es el tipejo que describió la empatía como un "error en el sistema" de la civilización occidental. El que hizo el saludo nazi en la investidura de Trump. El empleado que explota, maltrata e insulta a sus empleados. Un imbécil que ha llamado a un hijo "Techno Mechanicus" y a otro le ha puesto el nombre de la contraseña del Wifi. Este monstruo es un sociópata de libro. Un ser despreciable, un misógino, un negacionista, un mentiroso compulsivo, un narcisista enfermizo. Es un antimodelo que, desafortunadamente, es aplaudido, entre otros, por Abascal y sus militantes de la ultraderecha. El problema es que este fachotecnócrata tiene mucho poder, sobre todo desde que compró Twitter para poder dominar la comunicación y el acceso a la gente más joven y la más ignorante, perdón, con menos "posiblidades". Porque es más fácil leer un mensaje o un vídeo que pensar, es más fácil rezar que leer. Musk es la cumbre de la colonización fascista de los medios de comunicación, es el gran muñidor del secuestro de las redes por la extrema derecha, que tiene, especialmente a los chavales, encantados con su discurso manipulador. Por eso Musk y Abascal coinciden en el insulto a cualquiera que quiera poner límites a la ola reaccionaria en redes sociales que empuja a la ultraderecha al poder mientras machaca la mente de los jóvenes.
martes, 3 de febrero de 2026
Guerra cognitiva.
La gente no lo sabe pero estamos en guerra. No es una guerra convencional, es la guerra cognitiva. Según fuentes de la OTAN, ésta se define como: “El conflicto en el que la mente humana es el campo de batalla y cuyo objetivo es el de cambiar no solamente lo que la gente piensa, sino también cómo actúa, lo que, llevado a cabo con éxito, moldea e influye en las creencias y comportamientos individuales y grupales". En su forma extrema tiene el potencial de fracturar y fragmentar a toda una sociedad, de modo que ya no tenga la voluntad colectiva de resistir a las intenciones del adversario. Pero, ¿quién nos ha declarado esta guerra y por qué? Pues el ultraliberalismo para, por un lado, obtener el control individual y colectivo de las sociedades y, por otro, eliminar toda alternativa antisistémica, especialmente el progresismo en todas sus formas. Con ese fin, está en curso un despliegue de operaciones de adoctrinamiento anti-alternativas y de disciplinamiento a los dogmas del libre mercado, que se implementan principalmente a través de las redes digitales. Distintos expertos advierten de las funestas consecuencias (algunas ya muy visibles) de esta guerra: desde la pérdida de la voluntad colectiva y la fractura o implosión de una sociedad, hasta diversos niveles de autodestrucción individual y colectiva, pasando por daños irreversibles en el funcionamiento mental de las personas. Esta guerra acaba teniendo un carácter civil, pues es fundamental en ella la militarización de la opinión pública. De ahí el ambiente de polarización y crispación extrema. Sus armas son muy diversas. Se ha llegado incluso a desarrollar nuevas disciplinas, por ejemplo, la agnotología, que es la ciencia de la producción de la ignorancia. Sus instrumentos son muy variados, desde el fomento de ludopatías o la dependencia de las redes sociales, que subyugan el intelecto con ideas obsesivas, temas estereotipados y circunstancias triviales, hasta la manipulación informativa para conseguir que intervengan más los estímulos emocionales que el uso de las neuronas. Además, mucha gente ya es incapaz de distinguir la información del relato interesado o la simple propaganda; la realidad de la ficción; la verdad de la mentira. Ésta se ha convertido en palanca de la manipulación social. Esto último se verifica cotidianamente en el campo de la información, donde las noticias falsas o la difusión de datos apócrifos se han posicionado como una forma de hacer comunicación. Igualmente, una batería de inexactitudes, datos sesgados, opiniones interesadas, "olvidos" y ocultaciones, figuran como elementos constitutivos de una información especulativa y militante. "El objetivo es lograr que el "enemigo" se destruya a sí mismo desde adentro, dejándolo incapaz de resistir, disuadir o desviar nuestros objetivos”, dice un estudio de la OTAN. Los procedimientos para fomentar la autodestrucción y la polarización extrema son variados, pero se priorizan aquellos destinados a fragilizar los procesos organizativos y de unidad social, acelerando las divisiones preexistentes o introduciendo nuevas, propiciando el enfrentamiento entre los diferentes grupos que conforman una sociedad y el incremento constante de la polarización. Con el recurso a la agnotología y el individualismo se persigue el desinterés en lo colectivo, principalmente en la política, pero también en lo social e incluso en las expresiones culturales que no se organizan desde el mercado. ¿A qué todo esto explica muchas cosas?
lunes, 2 de febrero de 2026
La AVE: despilfarro y ruina.
Llevo años diciendo, ante la mirada entre incrédula y compasiva del personal, que el modelo de la Alta Velocidad en España es un despilfarro, un soberano disparate. Esto me ha debido crear una sólida fama de "rarito", de zumbado, de aguafiestas. Pero, ¡tengo datos!. El problema es que mucha gente sabe de infraestructuras ferroviarias lo mismo que la vaca que mira asombrada pasar el tren. Y, lo peor, ignora que el mundo ferroviario en España es una larga historia para llorar. La construcción de la red la hicieron compañías privadas, de capital mayoritariamente extranjero, para responder a sus intereses, especialmente mineros, y no a los nacionales; que no hubo un plan general sino que se construía a tramos, muchas veces inconexos, que la "cagamos" con la elección del mayor ancho de vía; que nos pegamos un tiro en el pie con el diseño centralizado que aún hoy mantenemos; que las compañías privadas, cubiertos sus intereses, dejaron de invertir y nos legaron una red tercermundista; que la guerra civil fue el remate para la red; que el franquismo, con la falta de inversiones, nos legó un ferrocarril obsoleto y con pésimo servicio; que, desde los tecnócratas, todos los sucesivos gobiernos apostaron por el transporte por carretera abandonando a su suerte el ferroviario; que cuando PSOE y PP se obsesionaron con la Alta Velocidad se comenzó a abandonar y cerrar líneas ferroviarias convencionales por todo el país, dejando -al margen de los grandes corredores- a amplias zonas sin servicio ferroviario. Sin que nadie dijese ni pío. Y llegó la obsesión por la Alta Velocidad. El resultado fue una red de casi 4.000 km de longitud (casi tantos como Francia y Alemania juntas), con otros 1.661 en construcción. Lo ya construido nos ha costado 57.000 millones de euros y el coste total será de unos 73.148 millones. El coste por km de AVE construido es de unos 16 millones de euros. Presumimos de ser el país con mayor red de Alta Velocidad de Europa, pero no pensamos en que eso hay que mantenerlo a base de dinero: cada km de AVE anualmente cuesta 120.000 euros en su mantenimiento. Y un último dato para la reflexión: la única línea de AVE rentable en Europa es la de Lyon – París. Todas las españolas son deficitarias. El coste de billete de Lyon – París es casi tres veces el de Madrid – Barcelona. ¿Tendrá algo que ver?. Todos los informes económicos nos dicen que el AVE es una ruina económica. ADIF tiene una deuda de unos 25.000 millones de euros. Todo el mundo pide, exige, se queja. Todos queremos buenos servicios, que funcionen como un reloj; que haya puntualidad... Pero, ¡ay!, después nadie quiere aflojar el bolsillo. Todos queremos tener donde vivimos lo mejor. Y los políticos prometen Aves, aeropuertos, polideportivos, centros culturales, iluminaciones navideñas de ensueño... Pero se nos olvida que la función del político es servir a la sociedad dando buenos servicios sanitarios, educativos, de asistencia... Y que cada euro invertido en cuestiones no esenciales se retrase de una mejor inversión en las que sí lo son.
domingo, 1 de febrero de 2026
¿Culpable, yo?
Nos gusta buscar culpables. De lo que sale mal. De lo que nos frustra. De los anhelos que no se materializan. De los sentimientos no correspondidos. De la incomprensión. O de que la vida se perciba de maneras distintas. Culpables de que la realidad no sea como nos gustaría. De que el tiempo no vaya a nuestro ritmo, y a veces toque esperar. Tener alguien a quien señalar, contra quien dirigir nuestro enfado, decepción o crítica parece que al menos permite pensar que las cosas podrían ser distintas. Más aún, que deberían ser distintas, y si no lo son, es por culpa de quienes no actúan como tendrían que hacerlo. La asignación de culpas permite convertir la frustración en algo más manejable, al poder descargar contra alguien nuestro malestar. Entonces convertimos la decepción en enfado, en reproche (público o silencioso), y en algunos casos, en conflicto. Y demasiadas veces también, puestos a repartir culpas o asignar responsabilidades, nos cuesta empezar por nosotros mismos. Asumir las propias opciones también es importante. Y la auto-crítica es necesaria. Para no andar pensando que es el universo -o los demás- quien conspira contra uno. En todo caso, aunque es posible que en algunas ocasiones sí podamos incidir en la responsabilidad que alguien tiene, ya seamos nosotros mismos u otros, muchas veces no hay culpables. No hay responsables. Y no hay mala intención detrás de esa realidad esquiva. Es, sencillamente, que nosotros no somos el centro del mundo. Y que la realidad es más compleja que nuestras expectativas. Es que las personas somos diferentes y no siempre podemos amoldarnos a las expectativas ajenas.
Emociones y economía
El radical capitalismo ha logrado fusionar la esfera emocional y la económica, de modo tal que las emociones se han convertido en una derivación de la conducta económica. El afán consumista invade, coloniza y parasita nuestros vínculos, tanto de las personas con los objetos como de ellas entre sí. Nuestra vida privada se satura de emociones -muchas veces artificiales, provocadas y hasta programadas- al tiempo que se hace pública y notoria, dejando así de ser privada. La intimidad se va difuminando y se exhibe sin pudor en el escenario público de las redes. Lo interior se da la vuelta, pasa a ser exterior y, por ende, contable y medible, carne de control social. Y sin darnos cuenta la mirada continua de los otros es el método de vigilancia perfecto, una jaula de cristal. La "ideología emocionalista" hace que, en la actualidad, el hedonismo esté hipotecado al dinero. La alegría y el placer se adocenan, se embotan al volverse normativos y regulados. Hacemos cosas porque están de moda. Aspiramos a hacer lo que todos hacen. Sólo hay que ver las colas de gente, móvil en ristre, para hacerse la misma foto, desde la misma perspectiva, con la misma pose y el mismo gesto. Y su prisa por subirla a redes, como si fuera algo único e irrepetible, aunque en el fondo late el deseo de proclamar: "yo, también lo hice". Así, las emociones y los sentimientos se producen en cadena, se diseñan, se comercializan, se consumen. Y también se fosilizan. Los que antes fueron oasis de libertad personal han sido desecados, asfaltados y reducidos a componente impersonal de una anodina circunvalación de acciones que siempre provocan la misma emoción. Es el resultado de una época de tecnodependencia, ligada a una borrachera sin fin de despilfarro, de consumo inmoderado espoleado por la publicidad, el espectáculo, Internet y las "mafias" de la información, que someten al individuo a un proceso constante de auto valoración de base económica. Ya no basta el bienestar interior de celosa intimidad. Necesitamos extrovertirlo para buscar aprobación. Nadie despierta interés en redes por leer un libro, dar un paseo, charlar pausadamente con un amigo o tumbarse a ver el cielo. No, hay que exhibirse con acciones y actividades que nos hagan ser envidiables. Las que llevamos a cabo en el escaso tiempo que nos deja cotillear las que los demás hacen e intentar descubrir cuáles están de moda para imitarlas. Y cuando el yo se ve despojado de carácter propio y constreñido a parecerse a los demás construyendo una personalidad-máscara a base de objetos y actividades que son los mismos para todos, la autonomía y la libertad se van a hacer puñetas.
sábado, 31 de enero de 2026
Kakistocracia
Casi sin darnos cuenta, en muchos sitios se está pasando de la democracia -imperfecta, pero el menos malo de los gobiernos posibles- a la Kakistocracia (derivado del griego kakistos -el peor), un sistema de gobierno gestionado por los ciudadanos menos adecuados, más incompetentes o más inescrupulosos. Líderes que priorizan la obediencia sobre la competencia, que desmantelan las instituciones a través de gobiernos percibidos como “destructores” de la institucionalidad democrática, aplicando el poder del Estado para destruir o eliminar estructuras gubernamentales o estatales que ellos consideran disfuncionales y hostiles. Líderes que coexisten con la falta de ética, donde la mala gestión se asocia a la promoción de prácticas antidemocráticas, falta de transparencia y el uso de la administración pública para beneficio personal o partidista. Líderes que ejercen una mala gobernanza en general, en la que las políticas públicas son frecuentemente ineficaces o diseñadas para beneficiar a un determinado grupo de interés en detrimento de la sociedad. La Kakistocracia captura el descontento y los temores de la ciudadanía y los aprovecha en beneficio propio. Elige candidatos que carecen de la experiencia o habilidades necesarias para desempeñar un gobierno para todos, con antecedentes de corrupción, malversación de fondos o involucrados en escándalos que demuestran falta de ética, pero que fascinan a mucha gente. Sí, el gobierno de los peores ya está aquí. El líder es sólo un figurante, no es el que toma decisiones, es el "elegido" para ser utilizado y, cuando interese, será desechado. No es casualidad que estemos siendo gobernados por los peores; es una elección de otros en la sombra que encumbran a los incompetentes e incapaces, los más inútiles, los que aceptan sin sonrojarse un cargo para el que no están preparados. A los que de verdad son válidos y honestos se hace todo lo posible para que no lleguen al poder: se les ignora, se les silencia, se les ningunea, se miente o fabula para destruir su imagen... Y si, aún así, logran llegar, primero intentan doblegarlos y si se resisten, destruyen su imagen, los "derrocan", matan o secuestran. Pero, ¿por qué la ciudadanía vota a los incompetentes? Pues resulta que las técnicas de ingeniería social, aplicada a través de las redes y unos medios oligopolizados, han conseguido una sociedad saturada de información donde sobre abunda la falta de información veraz. Y sin ella no puede haber pensamiento crítico y criterio personal correctamente formado. Por eso la sociedad vota al relato y no al candidato. La caquistocracia se alimenta y es alimentada por una sistemática inmoralidad violenta del uso del poder que, poco a poco, reemplaza la democracia por un sistema falso, inmoral, astuto y cínico, a menudo abiertamente perverso. ¿Y ésto tiene solución?. Pues, visto lo visto, parece difícil. Quizá si intentásemos desterrar la kakistocracia dentro de nosotros mismos como individuos; si leyésemos un poquito para ignorar un poco menos; si no practicásemos el hooliganismo político y moral; si cultivásemos más la objetividad y la conciencia crítica; si no nos dejásemos gobernar por nuestros peores impulsos; si abjurásemos de la tiranía del bribón y del tonto que cada uno de nosotros alberga dentro, más o menos. Ah, y si mandásemos muchas de las aplicaciones de nuestros móviles a tomar viento y apagásemos esas cadenas y emisoras que parecen tener como única misión encabronar nuestra existencia a tiempo completo... Quizás entonces. Ya sé que un gobierno de poetas y utópicos visionarios no es viable pero, hombre, un poquito de decencia y racionalidad, no nos vendría nada mal.
viernes, 30 de enero de 2026
Cristianos no, Católicos.
Observo últimamente como los ultras españoles han emprendido una campaña para reivindicarse como católicos antes que como cristianos. Por una parte, supongo que en su huida hacia la "pureza de sangre", les produce repelús que les puedan identificar con esa -para ellos- "morralla" de "hermanos de creencias de base" que son los protestantes, los evangelistas, etc. Por otro lado, es obvio que ser católico resulta menos exigente moralmente que cumplir los valores esenciales del cristianismo. El mensaje original del cristianismo sitúa la defensa y ayuda a los pobres como un mandato central, reflejando el amor de Dios y el ejemplo de Jesús, quien se solidarizó con los marginados. La fe debería impulsar a la justicia social y a la acción concreta a favor de los necesitados. ¿Qué mierda de mensaje "zurdo" es ese?. El “ultracatólico” extrema y radicaliza su fe, exagera hasta la intransigencia. Su cristianismo es el del nacionalcatolicismo, no muy alejado del de Torquemada, caracterizado por un integrismo que defiende una interpretación rígida de la moral y contraria al laicismo. Estos católicos, a menudo asociados a la extrema derecha, buscan imponer valores tradicionales, rechazando derechos y diversidad social. Utilizan su interpretación del catolicismo para justificar la discriminación y promover una agenda de odio contra derechos civiles. No olvidemos que se han ido oponiendo a todo tipo de avances: al divorcio, a la despenalización del uso de anticonceptivos, al aborto, al matrimonio homosexual, a la igualdad de género, a la eutanasia... Para ellos, todo eso parece ser que destroza la familia como unidad básica de la sociedad. La suya. Ellos son muy cristianos -perdón, católicos-, pero no he visto nunca a estos ultra católicos manifestarse contra el hambre en el mundo, contra el paro, contra las guerras, contra los bajos salarios o pensione, contra la corrupción bancaria, contra los desahucios de viviendas de familias carcomidas por un sistema ultraliberal. No ahí nunca están. El amor al hermano, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza, los pobres como albaceas del reino de Dios, los suburbios como vergüenza de los lujosos barrios no hay que tomárselos muy en serio. Ante bocas hambrientas los ultracatólicos no se sienten aludidos y proclaman que siempre habrá pobres porque es ley de vida. Y seguro que así es. Pero ellos no moverán un dedo por ayudarles. Para todo tienen explicación, aunque sean sacrílegas. Mientras, cientos de sacerdotes jóvenes de mentalidad reaccionaria proliferan en muchas diócesis. Se les conoce en el ambiente religioso como la fachosfera católica: sacerdotes, relativamente jóvenes, formados en seminarios ultraconservadores, simpatizantes de la ultraderecha y defensores de la férrea moral de Juan Pablo II que, incluso, llegaron a pedir a Dios la muerte del Papa Francisco. Ya otro día hablo de la auto victimización de estos nacionalcatólicos.
Irresponsabilidad y odio
Lo tengo claro: el odio es la principal enfermedad de nuestro tiempo, al menos en las sociedades occidentales. También es un signo inequívoco de decadencia. El hombre no nace odiando, son el medio en el que nace y las "enseñanzas" que recibe las que condicionan su devenir, su forma de ser, su proclividad hacia la indiferencia, la insolidaridad o el odio al diferente. La maquinaria de desinformación y adoctrinamiento global se ha hecho tan grande, tan reiterativa, tan rápida y efectiva, que de poco valen las voces de protesta que se alzan contra su forma de actuar. Hemos banalizado la guerra, el hambre, la injusticia. Permanecemos callados cuando se hacen las mayores atrocidades delante de nuestras narices, toleramos que nuestros hijos no sientan el menor miedo ante la amenaza del fascismo, nos da igual que no sepan que en el fascismo no existe la ley, ni la justicia, ni la palabra, sólo el silencio, la humillación y la muerte. Me dan pena esos jóvenes que se dedican a cantar en las discotecas el Cara al Sol. Pero más pena me dan esas personas mayores, de barrio obrero, con una vida de privaciones por detrás, un presente de carencias y necesidades para sus hijos y un futuro sin horizontes para sus nietos que han hecho del odio su principal bandera. Son gente que, atemorizada, pierde el norte y se dedica -como otros más jóvenes- a despotricar todo el tiempo contra todo y contra todos como si no hubiese un ayer, como si siempre hubiesen vivido en Jauja. Son personas que no se callan en ningún lado, que te exponen sus ideas y opiniones sin que se las pidas, sin miramiento, sin respeto a lo que tu puedas pensar, sin educación. Personas que hacen apostolado las veinticuatro horas del día, que sueñan con un pasado inexistente cara al sol, pero sobre todo con ver despellejado a Sánchez, el responsable de todos sus males -los reales y los ficticios-, el "antiespañol" por excelencia, el hombre que quiere destruir España para entregársela a los moros, a los rumanos, a los menas, a los comunistas, a los okupas, a vascos y catalanes, a los homosexuales, a los proabortistas, a ETA. Un tipejo -piensan- que lleva ya años "hundiendo" España, aunque a ellos no les va del todo mal. Todavía -al menos la mayoría- no hablan de matar, pero si de "limpiar" el país, de volver a lo que había antes. Pero no tienen clara la referencia temporal. ¿En qué momento antes?: ¿hace 40 años, cuando ellos eran jóvenes?, ¿hace 60, en plena dictadura, en un contexto de falta de derechos y libertades?, ¿hace 85 años, con una España destruida, hambrienta y comida de piojos? Tampoco saben, o recuerdan, que la última vez que se limpió España ésta se llenó de miles de fosas comunes. Pero se vive bien odiando, te sube el colesterol, los triglicéridos y la tensión, no es bueno para la salud cardiovascular, pero anestesia conciencias y te libera de responsabilidades: nada como culpar de tus problemas, de tus complejos, de tus miserias, de tus carencias a los que vienen del otro lado de la frontera, a los que son o piensan diferente. Nada como no asumir ninguna responsabilidad. Pero con ello, no entienden que eso no va sólo de asignar culpas a otros, sino también de entregar tú futuro a quienes sólo piensan en el suyo.
jueves, 29 de enero de 2026
Expulsar inmigrantes y otras mierdas
Los mismos de siempre siguen con su campaña permanente de acoso y deseo de expulsión de las personas migrantes. Su principal argumento como siempre son las mentiras, como que son quienes más usan los servicios médicos o municipales, que viven de ayudas sociales, que "quitan" el trabajo a los nacidos en España, o la falacia del concepto del "gran reemplazo". ¿Pero de qué mierda me estáis hablando? Los datos económicos les quitan la razón. Un reciente informe de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos, al hablar de los nuevos afiliados a su régimen concluye que sin los extranjeros no habría ni crecimiento del autoempleo ni nuevas aportaciones a la Seguridad Social (S.S.) Y da un dato: de los nuevos afiliados en 2025 en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, el 77% corresponde a personas de procedencia extranjera. Según la asociación, cada nueva alta aporta una media anual superior a 3.500 € en cotizaciones, es decir, 3.500 € más de lo que aportó Abascal en toda su vida laboral hasta que empezó a cotizar como político. La S.S. ha superado ya los 3,1 millones de trabajadores extranjeros afiliados, superando el 14% del total de cotizantes. Más datos demoledores: el Banco de España calcula que el 25% del crecimiento del PIB español lo genera la población migrante, y se calcula que aporta el 10% del total de ingresos a la S.S, suponiendo -por contra- sólo un 1% del gasto. Otro dato: el Banco de España calcula que nuestra economía necesitará entre 24 y 25 millones de inmigrantes adicionales hasta 2053 para mantener la relación actual entre trabajadores y pensionistas ante el envejecimiento demográfico. Ante estos datos a muchos se les debería caer la cara de vergüenza porque desenmascaran sus mentiras. Otros deberían reconocer su ignorancia. Y muchos otros deberían darse cuenta de lo ilusos que son permitiendo que les tomen el pelo. Pero los que proclaman las mentiras no cejarán en su empeño, porque a ellos "se la suda" la verdad, la economía española, España y los españoles. A ellos les da igual qué sería de las personas dependientes, como niños o mayores, qué sería de la agricultura, de la construcción, de la hostelería, del comercio..., sin inmigrantes. A estos muñidores de la mentira les da igual que los expertos adviertan que hay profesiones que ya no están teniendo reemplazo generacional, que digan que la única fórmula válida para revertir el vaciamiento rural es la llegada de inmigrantes, aunque después vendan su falsa preocupación por la España vaciada. El 40% de los autónomos españoles tienen más de 60 años, es decir que en 5 años se pueden jubilar medio millón de profesionales. ¿Quiénes esperan los que mandan mensajes xenófobos que cubran sus vacantes? Y un último dato: las prestaciones sociales son recibidas en su 85% del total por españoles, yendo a extranjeros sólo el 15%. Los extranjeros son hoy el 14,1% del total de los empadronados en España. Y, finalmente, es mentira que existan en España ayudas exclusivas para inmigrantes. Lo que si va a misa es que los migrantes irregulares no tienen acceso a ayudas del Estado. Aquí el único reemplazo que se planea es el de la explotación de españoles cuando se expulse a los extranjeros. Y ojalá pudiéramos también reemplazar la ignorancia por conciencia crítica.
miércoles, 28 de enero de 2026
No sé si Dios existe, pero Trump sí existe.
Para no ser creyente me asalta con cierta recurrencia la reflexión sobre la existencia o no existencia de Dios. Quizá sea un mecanismo para liberar la presión que me provoca tanto y tan continuo argumento de que, en caso de existir, sería un ser poco recomendable. Pero, por otra parte, me fascina ver cómo esa entelequia divina es -lo ha sido siempre- objeto de explotación partidista. A muchos, el intento de magnicidio hacia Trump, que apenas le hizo una pupita en una oreja, es una prueba más que contundente de que Dios no existe. Pero en, caso de hacerlo, las derechas tendrían razón al pensar que es de derechas. Si pensamos en el genocidio de Gaza, los musulmanes tendrían razones más que fundadas para pensar que su Dios no existe. O es un vago. O un inútil. Los sionistas, por el contrario, pensarán que el suyo sí existe y, además, les ayuda. Aunque si fuera así, valiente mierda de Dios que favorece la matanza de inocentes. A lo largo de la historia han sido las derechas las que sin duda han sabido "ordeñar" mejor a Dios en beneficio propio. Mucho mejor que las izquierdas creyentes, que en este asunto han sido unos bisoños, unos dejados, pues jamás han utilizado a Dios para hacer políticas públicas de izquierdas. Han permitido así que las derechas hayan capitalizado a Dios, como si el evangelio no tuviera fundamentos más que sobrados para asentar una política a favor de los de los pobres de este mundo y en contra de los mercaderes del templo. Sin embargo las derechas se presentan como defensoras de los principios del cristianismo, pero rechazarían la moción de Jesús de Nazaret para proclamar que el Reino de Dios pertenece a los pobres y votarían en contra de sus medidas a favor de los necesitados, enfermos y oprimidos. En estos momentos, al menos para mí, el gran problema existencial no es si Dios existe o es sólo un plan de pensiones moral de cara al más allá para mucha gente. El problema es que Trump, Netanyahu, Milei o Putin existen. Y eso demuestra que el mal existe. Y, lo peor, existe porque hay gente que quiere que exista usando para ello su derecho a voto. En fin, que tenemos bastantes religiones para odiarnos unos a otros, pero no la útil para amarnos. Y Dios sigue descansando después de su creación del mundo. Pues Él verá, pero así no va a cotizar lo suficiente para una pensión contributiva. Se va a tener que conformar con una asistencial y aguantar que sus cristianísimos ultradeguidores le acusen de cobrar una "paguita".
Vivienda y vividores
Me dan grima los que se hacen cruces cuando se publica el dato de la edad media con la que se independizan los jóvenes españoles. Y, directamente, asco cuando en su papel de cuñado borracho en la barra del bar tiran de argumentos como que "es que en casa de tus padres se vive mejor"; "no piensan en el futuro" o "sólo les gusta divertirse y no ahorran". Estos memos creen que independizarse tarde es una cuestión cultural española y muy española, casi una elección. Son tan cortitos que no entienden que el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural que condiciona toda la vida adulta. No es una cuestión de prioridades ni de sacrificio personal: es una cuestión de números que no cuadran porque se prefiere proteger el derecho de algunos. Y la "cortedad de miras" está muy extendida. La prueba es que mucha gente se ha creído el bulo de la derecha de que el principal problema de la vivienda es la okupación, convirtiéndolo de consecuencia en causa. Da igual que les digas que la okupación en España afecta a un porcentaje muy bajo del total de viviendas: en torno al 0,05% , y que sin embargo, un 60% de los hogares españoles experimenta problemas relacionados con la vivienda. Los "de siempre" tienen la clave del problema: hace falta suelo. Y la solución perfecta: hay que liberalizarlo y construir más. De nuevo sus soluciones benefician a los que hacen negocio con la construcción. Además, les da igual la experiencia del estallido de la burbuja inmobiliaria. Quieren vender que el problema de la vivienda es su falta, cuando en España hay 3,8 millones de viviendas vacías, cuando las nuevas viviendas a precio de mercado seguirían siendo inaccesibles para una mayoría. Pero ellos saben que el problema es que el motor del mercado ya no es la necesidad residencial, sino la rentabilidad. Se compra para invertir, no para habitar. Esta dinámica es la que reduce la oferta real y presiona los precios al alza, tanto en la compra como en el alquiler. Y el problema de la vivienda ya es la base de otros de igual gravedad: La deuda hipotecaria y los precios de los alquileres empobrecen a un alto porcentaje de población; ya hay zonas donde estos precios están expulsando a los funcionarios, que, tras pagar el alquiler, no les llega para vivir. Cada vez más universitarios están empezando a renunciar a sus estudios porque no pueden pagarse un alquiler. El problema de la vivienda tiene un impacto directo en la salud mental, afecta a las relaciones personales, a la autoestima... Con salarios bajos, contratos precarios y un paro juvenil que sigue siendo elevado, la emancipación se retrasa más allá de los 30 años o se convierte en un proyecto frágil. Ahorrar resulta casi imposible y cualquier imprevisto pone en riesgo la estabilidad. Y muchos menos siguen preguntándose, por ejemplo, por qué es tan baja la natalidad en España. Parece evidente que resolver la crisis de la vivienda no es solo una cuestión económica, es una cuestión de dignidad y justicia social. Pues ya verás como muchos afectados correrán a coger la papeleta de los que creen que la justicia social es una aberración.
Los anti paguitas
La crispación seguirá aumentando si el personal no se da cuenta de que la política no va de campañas electorales, de polémicas continuas entre partidos que se aferran o quieren alcanzar el poder a toda costa, de eslóganes y declaraciones incendiarias de minuto y medio para que se vean en los telediarios, de polarización o griterío mediático. No, qué va. La política va de organizar la convivencia, no de favorecer el enfrentamiento. Va de administrar los recursos para alcanzar el objetivo de una vida mejor para todos, no para algunos. Por eso me indignan esos miserables que cuando el dinero de todos va a parar a manos de -por ejemplo- empresarios hablan de "ayudas" y cuando está destinado a los más vulnerables hablan de "paguitas". Así, usando un diminutivo intencionado, despectivo, hiriente. Y lo peor es que lo que más desprecian no es que ese dinero vaya a gente necesitada y no a cubrir sus intereses. Lo peor es que su desprecio va dirigido a quiénes lo reciben. Da igual que sean algunos de los colectivos a los que odian, los desempleados mayores de 55 años o los jubilados que reciben una pensión no contributiva. Si, porque ellos distinguen entre pensiones, que son las que ellos recibirán después de media vida madrugando (aunque eso no es lo mismo que trabajando) y de paguitas, que es lo que ellos creen que reciben los "parásitos" que no han trabajado nunca. Porque, para ellos, una mujer que ha dedicado toda su vida a sacar a su familia adelante sin haber cotizado, no ha trabajado nunca. Ellos no reparan en lo que una pensión de apenas 600 Euros, o 900 -qué más da- significa. Y mantienen que las "paguitas" son un regalo, una carga, un exceso que el país no se puede permitir. A esta gente socialmente egoísta e insolidaria yo le aplicaba un ejercicio obligado de empatía, haciéndoles vivir unos meses con el ingreso de una de estas paguitas para que sufriesen en carne propia lo que es tener que apagar un triste brasero antes de tiempo, comer de ofertas o la fruta elegida por precio, no poder ir al dentista, ni hacer una sola escapada de fin de semana o salir a cenar, o que el chaquetón de polipiel te dure más inviernos de los razonable. A lo mejor bastaría con que visitasen, una vez a la semana, a uno de esos abuelos que con su corta pensión tiene que pagar el material escolar, o el anorak de mercadillo de la nieta, o ese recibo de la luz que te amenazan cortar, o el alquiler que ha subido este nuevo año. Podrían vivir entonces el vértigo de esas jubilaciones que no cierran una etapa, sino que la reabren: donde vuelve la responsabilidad, el miedo, el silencio, la enésima estrechez. Quizás entonces esa gente entendería que la política no va de eslóganes interesados, y que conviene evitar a los que convierten una vida concreta en una cifra abstracta, la insolidaridad en un argumento táctico. Estoy harto de esa gente que idealiza la pensión y desprecia al pensionista y que, a proporcionar algo de dignidad, lo llaman gasto.
martes, 27 de enero de 2026
Esquizofrenia y Alzheimer.
Las derechas españolas sufren un curioso trastorno mental que reúne síntomas de Alzheimer, con preocupantes olvidos del pasado, y de esquizofrenia, con pensamientos y comportamientos que le dificultan distinguir la realidad de la fantasía. Así, por un lado, llevan tiempo cultivando la añoranza del pasado más nefasto de la reciente historia de España -léase dictadura-, al que adornan de grandezas y beneficios que nunca tuvo (síntomas de esquizofrenia) y, por otro lado, acostumbran a tener clamorosos olvidos de un pasado más reciente: el que corresponde a sus gobiernos (síntoma de Alzheimer). El PP se ha lanzado con el cuchillo entre los dientes a tronar contra la regularización extraordinaria de migrantes que aprobará el gobierno. Feijoo, tras relacionar la velocidad con el tocino, es decir, el accidente de Adamuz con la regularización, ha dicho: "En la España socialista, la ilegalidad se premia". ¡Ah, qué tiempos aquellos cuando Aznar regularizó a 425.000 inmigrantes!. Pero, claro, aquello fue "un mecanismo de arraigo necesario para ordenar el flujo migratorio". PP y VOX acaban de votar en contra de la subida de las pensiones contributivas en un 2,7% y de las mínimas en más de un 7%. De hecho es lo que hacen siempre que se vota la subida de salarios o pensiones. Pero, según Feijoo, el gobierno juega con los pensionistas. ¡Qué tiempos aquellos en los que Rajoy reformó el sistema para desligar su cálculo del IPC y establecer que, de haber déficit, solo podrían subir un 0,25%. Así lo hizo en 2012, 2013 y 2017. Tras el accidente de Adamuz Feijoo clama contra el gobierno: "La inversión en mantenimiento ferroviario es absolutamente insuficiente", dice. El dato es que entre 2018 y 2025 (gobierno de Sánchez) se han invertido en promedio cerca de 350 millones al año en mantenimiento. ¡Qué tiempos aquellos, entre 2012 y 2018, cuando el gobierno de Rajoy destinaba, en promedio, 250 millones de euros anuales. Y así todo. Para Ayuso, ETA sigue viva. ¡Qué tiempos cuando Aznar llamaba a estos terroristas "Movimiento de Liberación Vasco! Para el PP, Cataluña sigue siendo un cáncer para el Estado. ¡Qué tiempos cuando Aznar pactaba con Pujol y hablaba catalán en la intimidad!. Feijóo dice que "España está al borde del colapso" (la nueva versión de la matraca de "España se hunde"). Lo dice el día en el que se confirma que el paro cae por debajo del 10% por primera vez desde la gravísima crisis de 2008. ¡Qué tiempos aquellos del primer trimestre de 2013 cuando, gobernando Rajoy, se alcanzó el record del 27,16 % de paro!. En fin, el Alzheimer es preocupante y la esquizofrenia, paranoide.
El del pelo azafranado
Hay una fuerte disputa entre los que creen que Trump es muy inteligente, casi un genio, y los que simplemente piensan que es imbécil. No voy a terciar. Sólo digo que si es inteligente permanece asintomático. Si le reconozco su impresionante talento para verter exabruptos cada vez que abre la boca y para hacer muecas, gestos y bailecitos estúpidos. Lo grave no son sus groserías, rebosantes de amenazas. Hay mucha gente así. Gente a la intentamos evitar. Lo grave es que quien las escupe tiene poder de verdad. Y mucho. Aunque solo lleva un año de su segundo mandato, Trump ha convulsionado nuestro mundo y, yo juraría, que lo ha empeorado notablemente. Su propio país comienza a parecerse a una de esas distopías que anuncian el fin del mundo. La última hazaña de su ICE (lo más parecido a la Gestapo) después de asesinar a sangre fría a un hombre "peligrosamente armado" con un teléfono móvil, fue la captura del peligroso maleante ecuatoriano, Liam Alexander Conejo Arias, de cinco años, cuando volvía del colegio. Trump ha llevado la distopía a territorios jamás pisados. Todas sus medidas son desesperadas, parche a parche, impulso a impulso, fuera de cualquier plan previo y lógica, pensadas más con el culo y la cartera que con la cabeza. Hay un dato que no conviene olvidar: este fantoche ha sufrido la derrota en veinte de las veintiuna elecciones "menores" que se celebraron durante 2025, un circuito que se coronó con la victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Recordemos que muchas acciones militares de EE.UU. en el mundo se han producido cuando un presidente americano ha necesitado elevar sus bajos niveles de popularidad. Según Gallup, el índice de aprobación de Trump ha caído 11 puntos en apenas un año, del 47% al 36%. Según datos de la CNN, el 58% de los estadounidenses califican el primer año del mandato de Trump como un fracaso. Y la media de sondeos sitúa su apoyo en torno al 42%. Paralelamente hay una marejada de protestas en diferentes Estados, cada día el fastidio se incrementa y el número de ciudadanos que se arman, preocupados por la situación se dispara. ¡Para echarse a temblar!
lunes, 26 de enero de 2026
Reverte el equidistanciador
El ínclito Arturo Pérez Reverte en su continuo intento de presentarse como una figura imprescindible de la España de hoy, un sabelotodo que sienta cátedra cada vez que abre la boca y un narcisista a la búsqueda de calle y estatua, ha presentando unas jornadas llamadas "La Guerra que todos perdimos". Hombre, todos, todos. Seguramente unos más que otros. En la presentación, Reverte usa el mismo lenguaje que esos demócratas a tiempo parcial que, mientras consideran que la Transición fue un fenómeno equiparable a la Creación del Mundo, evitan, no ya condenar, sino ni tan siquiera condenar la dictadura franquista. Ya sabemos: que si los dos bandos fueron culpables, que si había buenos y malos en los dos sitios, que si fue una guerra entre hermanos, que si en la transición se "abrazaron" los de un bando y de otro, y memeces por el estilo. Reverte se ha convertido en el campeón de la equidistancia pensada para "rehabilitar" a los que con un golpe militar contra un gobierno democrático provocaron la guerra. ¿De verdad alguien cree que personajes como Aznar o Espinosa de los Monteros, que muestran sin tapujos sus simpatías por la dictadura, pueden participar en unas jornadas que dicen buscar una nueva reconciliación? Estoy hasta el gorro de esos manipuladores de espíritu fascista que ante el simple intento de exhumar restos de los asesinados que siguen en fosas comunes, noventa años después, proclaman esa infamia de "no hay que abrir heridas". Como si se pudiera abrir una herida que nunca se ha cerrado porque una parte nunca ha querido. Convendría recordar que hasta el año 2000 no se produjo la primera exhumación oficial de una fosa de la represión franquista: 25 años después del inicio de la Transición. ¿Dónde estaba la voluntad de ésta de cerrar heridas y favorecer la reconciliación durante esos años? Pero es que, todavía hoy, las trabas y triquiñuelas de la derecha para evitar exhumaciones de las fosas está a la orden del día. A esos fervientes defensores de la "concordia" y la equidistancia, les llevaba yo a ver los restos de un niño de nueve años con un tiro en la cabeza, el primer cadáver -el último en ser arrojado- aparecido en una fosa; el revoltijo de cadáveres -hombres, mujeres, ancianos, adolescentes- apilados unos sobre otros. Les explicaría que los que tienen las costillas juntas y las bocas abiertas son los que aún estaban vivos al ser enterrados. Les hablaría de esas mujeres que tras sufrir una violación múltiple delante de su marido, eran obligadas a ver cómo lo asesinaban y después eran vejadas públicamente. Mujeres que, en la mayoría de los casos, callaron hasta la tumba... El señor Reverte ha pasado a engrosar las filas de los que ven innecesario recuperar los restos de las más de 6000 fosas comunes que hubo en España. No se oponen tanto a exhumar los cadáveres como a recuperar la memoria que llevan consigo. Su gran problema es que no tuvieron en cuenta que los muertos, muertos están, pero los muertos tenían vivos y los vivos memoria. Por eso las derechas han hecho de la liquidación de la Ley de Memoria un objetivo prioritario.
domingo, 25 de enero de 2026
En obras
No hace falta ningún estudio para constatar que el odio está disparado. Se percibe en el ambiente, se respira. Pareciese que es una anomalía adquirida y colectiva del comportamiento humano. Yo pienso que sus causas son multifactoriales. Esta sociedad vive en un estado perpetuo de contradicción, de incertidumbre, de desmoralización, de frustración, de negativismo, de miedo ante la falta de certezas, de crisis psicótica asociada a un sistema de valores morales y culturales que está siendo dinamitado. Es como esa sensación de desgana, de malestar interno, de irritabilidad que nos provoca un lunes con mal tiempo y nos lleva al "encabronamiento psíquico. Además está el perpetuo estado de crispación interesada para conseguir fines espurios. Lo vemos en el campo de la política, pero sobre todo en las redes. Yo solo uso Whatsapp, pero es imposible no estar al tanto del lodazal en el que éstas se han convertido, seguramente porque el odio se monetiza, porque plataformas y muchos creadores de contenido "facturan" al amplificar discursos ofensivos, degradantes, polarizantes o extremistas, ya que estos suelen aumentar el engagement (interacción), atrayendo más publicidad y atención en redes sociales. Y si hablamos de los medios de comunicación... Ser un "polemista", un ultradeslenguado, un tertuliano iracundo, un extremista cínico o un chalado anticiencia te puede llevar a pasearte por radios, televisiones y streamings porque eres rentable para gente sin un mínimo de ética periodística. Pero, en el fondo, creo que en todo esto tiene también mucho que ver la ignorancia y el individualismo. Cada vez más gente abraza sin complejos la idea de que hay que rechazar la "funesta manía de pensar". Y cuando unimos esto al individualismo mal entendido y el egoísmo social... Quizá es que es más cómodo aceptar una plantilla que pensar en las singularidades. Quizá por eso flota en el ambiente una realidad incómoda que atraviesa nuestras relaciones sociales, de amistad, nuestra cotidianidad y nos lleva a aceptar prototipos simplificados. Por ejemplo, dividir el mundo entre buenos y malos, entre nosotros y ellos. Así, todo parece más fácil pues crees despojar la realidad de complejidad. Yo no creo en la uniformidad. Esto lo aceptamos todos en el ámbito familiar: Nadie ha vivido lo mismo, aunque haya compartido el mismo espacio. Cada hijo fue criado por una versión distinta de sus padres. Cada hermano habitó una familia diferente, con sus propios silencios, gestos, ausencias y formas de amor o desamor. Cada persona de una pareja tuvo contextos dispares de educación emocional… O aceptamos la diversidad o creamos un conflicto, porque nadie vive ni siente lo mismo. Si esto ocurre en una misma familia imaginemos en toda una sociedad. Y ahí está la madre del cordero. Si ya cuesta respetar la singularidad en lo íntimo, ¿cómo vamos a construir consensos en lo colectivo? Si no sabemos convivir con versiones distintas de la historia en "nuestra propia casa", ¿cómo vamos a aceptar la pluralidad en nuestras "luchas" sociales? (porque hayucho interés en presentarnos la relación con los "otros" como una lucha). Si nos fijamos -y nos llevan a ello- más en las diferencias que en las posibilidades de encuentro nos atrincheramos en lo identitario, en lo doctrinario, en lo programático, en lo propagandístico, olvidándonos que la sociedad no es solo ideología: debería ser vínculo, respeto, afecto, reconocimiento mutuo. Y si no es así el concepto de identidad familiar, grupal, local... o nacional es una soberana mierda que no va mucho más allá de un artificio identitario. Creo que construir lazos y consensos desde la diferencia no significa renunciar a tus principios. Significa reconocer que hay muchas formas legítimas de vivir, de pensar, de amar, de luchar, de narrar el mundo. Significa aceptar que el disenso no fragmenta: complejiza. Quizá ahí está el problema, que a mucha gente la mente ya no le da para enfrentarse a lo complejo. La pluralidad no debilita: enriquece. Si queremos mejorar este modelo de sociedad tenemos que empezar por cambiar nuestros propios modelos de relación. No podemos exigir al mundo lo que no practicamos. Y si no lo aceptamos, todos acabaremos como en la obra de Goya "Duelo a garrotazos".
El Xokas
Aquí nada es casual, todo forma parte de un plan, todo está unido por un hilo invisible movido por titiriteros, tan anónimos como poderosos, que cuentan con un ejército de lacayos que ejecutan sus designios para escribirnos el guión de lo que debemos pensar. Si uno busca en internet quién es el Xokas, quizá sorprenda que la mayor parte de las entradas correspondan a -digamos- medios ultraconservadores: ABC, OkDiario, El Debate, Infobae, El Economista... Y como no lo sacan en sus páginas para despellejarlo es evidente que les agrada y quieren difundir sus ideas. El Xokas es un streamer, un creador de contenido. Es decir, un beneficiario de la estupidez crónica de la modernidad reflejada en el consumo de necedades en internet. El Xokas era un streamer de éxito ondulante hasta que aprendió a parasitar a sus seguidores monetizando polémicas. Por ejemplo cuando se descubrió que usaba cuentas secundarias para responder de forma agresiva a sus críticos y otros usuarios. Vamos, lo que se llama un cobarde. O cuando rebeló -validándolo- el "trucazo” de un colega que "ligaba con las pibas y, además, se divertía mucho llevándose a las que estaban bebidas”. Terminaba diciendo: "Era un crack, un fuera de serie”. Vamos, lo que viene siendo un cerdo partidario de la "cultura" de la violación. El Xokas es un tío con las ideas claras, pero ajeno a la posibilidad del dislate. Es el Schopenhauer del siglo XXI, cómo demuestra cuando eructa necedades como: "Yo soy conservador y progresista al mismo tiempo". Como cuando crítica por igual al PP y a la izquierda para concluir que la solución está en la ultraderecha. Cuando no habla de videojuegos y se dedica -dice él- a analizar la actualidad, su repertorio va del más puro estilo barra de bar –"hay deja de tirar el dinero público que nos cuesta tanto dinero ganar" sobre todo a él–, al ordoliberal –"el dinero público es nuestro, de los que generamos en empresas privadas y que pagamos al Gobierno...". Para este imbécil los trabajadores no aportan nada en la creación de riqueza–. La gente deberia dejar de pensar que el Xokas sabe de política cuando lo único que hace es repetir lo que le decia su tio el empresario, borracho, en las cenas de Navidad. Y claro, a un elemento como este, hay que exhibirlo para que difunda sus ideas. Por eso ha sido invitado de El Hormiguero. ¿Quién se iba a imaginar que Motos iba a volver a convertir su programa en un foro ideológico de extrema derecha en prime time?". Esta vez con El Xokas como gran analista político, un tipo millonario al que le ha faltado tiempo para quejarse de la asfixiante presión fiscal y de la persecución que sufre de Hacienda, un tipo que ha hecho una fortuna brutal básicamente diciendo lo que le da la gana delante de millones de españoles, pero que sale en la tele para batir el record del programa donde más famosetes repiten eso de que en España estamos sometidos. Yo le hubiera preguntado: ¿Cuál es tu modelo de sociedad, campeón? Pero, claro, uno sabe que el "pensamiento" de algunos es pura palabrería que se reviste de pseudointelectualismo para decir poco o más bien nada. O mejor, para decir lo que los que te preguntan quieren que digas para que te oiga todo el mundo.