martes, 27 de enero de 2026

El del pelo azafranado

Hay una fuerte disputa entre los que creen que Trump es muy inteligente, casi un genio, y los que simplemente piensan que es imbécil. No voy a terciar. Sólo digo que si es inteligente permanece asintomático. Si le reconozco su impresionante talento para verter exabruptos cada vez que abre la boca y para hacer muecas, gestos y bailecitos estúpidos. Lo grave no son sus groserías, rebosantes de amenazas. Hay mucha gente así. Gente a la intentamos evitar. Lo grave es que quien las escupe tiene poder de verdad. Y mucho. Aunque solo lleva un año de su segundo mandato, Trump ha convulsionado nuestro mundo y, yo juraría, que lo ha empeorado notablemente. Su propio país comienza a parecerse a una de esas distopías que anuncian el fin del mundo. La última hazaña de su ICE (lo más parecido a la Gestapo) después de asesinar a sangre fría a un hombre "peligrosamente armado" con un teléfono móvil, fue la captura del peligroso maleante ecuatoriano, Liam Alexander Conejo Arias, de cinco años, cuando volvía del colegio. Trump ha llevado la distopía a territorios jamás pisados. Todas sus medidas son desesperadas, parche a parche, impulso a impulso, fuera de cualquier plan previo y lógica, pensadas más con el culo y la cartera que con la cabeza. Hay un dato que no conviene olvidar: este fantoche ha sufrido la derrota en veinte de las veintiuna elecciones "menores" que se celebraron durante 2025, un circuito que se coronó con la victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Recordemos que muchas acciones militares de EE.UU. en el mundo se han producido cuando un presidente americano ha necesitado elevar sus bajos niveles de popularidad. Según Gallup, el índice de aprobación de Trump ha caído 11 puntos en apenas un año, del 47% al 36%. Según datos de la CNN, el 58% de los estadounidenses califican el primer año del mandato de Trump como un fracaso. Y la media de sondeos sitúa su apoyo en torno al 42%. Paralelamente hay una marejada de protestas en diferentes Estados, cada día el fastidio se incrementa y el número de ciudadanos que se arman, preocupados por la situación se dispara. ¡Para echarse a temblar!

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