domingo, 20 de septiembre de 2026

No está de moda ser humano.

No está de moda ser humano. Hay, incluso, cada vez más gente que hace gala de su inhumanidad. En sus actitudes, en sus ideas, en sus comentarios. Estoy harto de esas conversaciones donde siempre hay alguien que tiene que plantear asuntos, de antemano polarizados, y hacerlos partir de lugares muy muy bajos, muy sucios, con conceptos que se daban por superados y cuyas formas se suponían protegidas por unas mínimas normas de respeto hacia el otro. Estoy harto de que, sin pedir opinión, algunos interlocutores me "agredan" usando términos despectivos y deshumanizadores que manejan como insultos: "moritos, putos negros, panchitos, maricones, podemitas, paguitas, feminazis, escoria, invasión..." Es duro ver a los jóvenes, que por edad debían tener una mente abierta, caer tan rápido y fácil en el odio imperante. Pero también se puede decir lo mismo de "venerables" ancianos, que en poco tiempo han pasado de ser receptores de bonda a transformarse también en bestias. Los primeros se han convertido en una generación de cristal, ignorante, caprichosa, egoísta e intolerante -así los han educado- que teme y se ofende por todo y que ante el riesgo de perder su hegemonía ante la mujer, ante lo LGTBI, lo inmigrante, lo negro y en definitiva, lo "otro", lo que no es él, es capaz de envilecerlo todo. Y en la base de esta deplorable tendencia -aunque no la única- está la enorme presión mediática a todos los niveles, televisiva, radiofónica y por internet, cuyo único objetivo es hacernos peores personas para alimentar el crecimiento de una corriente ideológica que se sostiene en la discriminación y la deshumanización: Fomenta un nacionalismo extremo y agresivo que suele derivar en el racismo, la xenofobia y la persecución activa de minorías o colectivos -incluso nacionales-considerados "inferiores" o "enemigos de la nación". Está labor de los medios llega fácilmente a los sectores de la población con menos capacidades cognitivas y/o menos herramientas para hacer frente a los algoritmos y a los cantos de sirena de esa plaga de tertulianos despreciables vomitando en prime time consignas absolutamente antihumanas. La exposición diaria a la manipulación informativa que nos presenta la explicación de los problemas de una forma cada vez más ruda, basta y básica, utilizando insultos sin esconderse y planteando la realidad como un conflicto entre malos (los otros) y buenos (los míos) está generando un cacao mental extraordinario que permite hacer convivir en las cabezas de mucha gente la posibilidad de que estemos en una dictadura y que la extrema derecha traiga prosperidad para todos, derechos y libertades. ¡Qué error!

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