No está de moda ser humano. Hay, incluso, cada vez más gente que hace gala de su inhumanidad. En sus actitudes, en sus ideas, en sus comentarios. Estoy harto de esas conversaciones donde siempre hay alguien que tiene que plantear asuntos, de antemano polarizados, y hacerlos partir de lugares muy muy bajos, muy sucios, con conceptos que se daban por superados y cuyas formas se suponían protegidas por unas mínimas normas de respeto hacia el otro. Estoy harto de que, sin pedir opinión, algunos interlocutores me "agredan" usando términos despectivos y deshumanizadores que manejan como insultos: "moritos, putos negros, panchitos, maricones, podemitas, paguitas, feminazis, escoria, invasión..." Es duro ver a los jóvenes, que por edad debían tener una mente abierta, caer tan rápido y fácil en el odio imperante. Pero también se puede decir lo mismo de venerables ancianos, que en poco tiempo han pasado de ser receptores de bonda a transformarse también en bestias. Los primeros se han convertido en una generación de cristal, ignorante, caprichosa, egoísta e intolerante -así los han educado- que teme y se ofende por todo y que ante el riesgo de perder su hegemonía ante la mujer, ante lo LGTBI, lo inmigrante, lo negro y en definitiva, lo "otro", lo que no es él, es capaz de envilecerlo todo.
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