jueves, 17 de septiembre de 2026

Crisis migratoria y fascismo

El 11-S convirtió el terrorismo en el concepto idóneo para justificar cualquier decisión gubernamental por muy impopular que fuera. La guerra contra el "terror" sirvió para alcanzar unos fines muy específicos para el sistema y que sus defensores políticos aprovechasen para cosechar éxitos electorales, reducir derechos y acometer profundas reformas económicas. Siempre -qué curioso- lesivas para la mayoría. A la gente parece que le gusta cambiar derechos por banderas. Hoy está pasando lo mismo con la inmigración, utilizando unos mecanismos de manipulación mediática y tecnológica avanzada que están resultando muy efectivos para "moldear" las emociones colectivas. El problema -esto es evidente,-migratorio es un chollo para los fines racistas de los ultras: la inmigración -pronto la simple diferencia- les provee de un catalizador político muy potente para hacerles llegar al poder y, a partir de ahí, ejecutar su agenda económica, aquella que facilita a los multimillonarios capitalistas a acumular más riquezas y que, a su vez, empobrece y suprime derechos a la clase trabajadora. Acabaremos oyendo eso de, "Ahora, comed banderas". La internacional fascista liderada por Donald Trump, defendida y financiada por la clase multimillonaria, a través de sus filiales políticas en el mundo, ha logrado penetrar en las democracias a través de un mensaje xenófobo y racista contra la inmigración. Esto no sería posible sin esa gran inversión económica previa que facilita la inclusión de mensajes ultras en los medios de comunicación, que hace de la manipulación su modus operandi para generar confusión y que disemina el odio en las redes sociales valiéndose del uso de algoritmos para monitorizar, predecir y rentabilizar las emociones humanas por medio de la polarización e instrumentalización del miedo. Y, a la par, la estrategia de deshumanización de la inmigración. Todo para -no lo olvidemos- poner sobre la mesa medidas que proponen reducir el bienestar general y restringir derechos de la mayoría social. Vamos, lo que siempre ha hecho el fascismo. Pero hay gente que aceptará ser agredido por una bandera. Ahora bien, la pregunta que más debería de inquietar a los que conservan un ápice de humanidad sería la de hasta dónde son capaces de llegar estas ultraderechas y sus seguidores en el proceso deshumanizante del migrante. Así, mientras muchos votantes encuentran enormes dificultades para unir la línea de puntos que conduce al empeoramiento del bienestar y el encarecimiento de la vida actual exactamente con las políticas neoliberales que los partidos ultras defienden a ultranza, éstos han logrado sembrar en la calle mensajes que hablan de cazar migrantes, de meterles en campos de concentración o de disparar a matar a aquellos que intenten cruzar la frontera. No se dan cuenta que, tras los inmigrantes, ellos son los siguientes en la escala social.

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