martes, 13 de octubre de 2026

Terminar

Oigo a Almeida hablar sobre la acampada en la Puerta del Sol. Tan simple y ridículo como siempre. Dice que ha visto armas de destrucción masiva: cuchillos para untar el pan, adoquines para sujetar las tiendas de campaña. Hasta un infiernillo. Dice que la acampada molesta a los turistas, pues ya sabemos que todos debemos subordinarnos a los visitantes de paso. Dice que perjudican la imagen de la ciudad. También sabemos que a esta gente le preocupa más la imagen que los problemas de los ciudadanos. Pero yo creo que lo que más les molesta, lo que más les preocupa, es que se levanten voces para denunciar la injusticia, el abuso, la deriva capitalista que nos lleva a la destrucción de todos los derechos básicos. Oigo a Ayuso (es imposible no hacerlo, pues todos los medios le colocan el altavoz y publicitan sus sandeces) que es todavía sólo la presidenta de los madrileños, aunque nos sigan vendiendo que es la guía espiritual de España. Habla de libertad. Comunismo o libertad, repite como un mantra de inspiración trumpista. He visto muchas cosas, pero pocas tan tristes como elevar a su máxima magistratura a personas tan lerdas, tan sin alma, como las mencionadas. Se viene un pucherazo -dice- por el voto por correo. Como no es capaz de decir nada nuevo repite lo mismo que dijo su jefe Donald Trump y que vuelve a repetir estos días ante las elecciones de medio mandato. Cortita, cortita. Y ruin. A los acampados en Sol los ha llamado sucios, vagos, analfabetos, violentos... Incluso ha intentado buscarles conexiones con el terrorismo. No puede evitarlo, es miserable por naturaleza y convicción. De Maricarmen ha dicho todo tipo de barbaridades. Ella, que durante el confinamiento se alojó de gorra durante más de dos meses en dos lujosos apartamentos de su amigo Kike Sarasola. Que posee un piso en Chamberí en régimen de nuda propiedad gracias a una donación familiar sospechosa, realizada justo antes de que la empresa de sus padres quebrara y dejara a deber un aval de 400.000 euros a la entidad semipública Avalmadrid. Pero es que en esta gente uno no puede encontrar ni rastro de piedad, ni siquiera la piedad o la caridad católica, la de la limonista al salir de misa, la del rastrillo navideño. No, según ellos, los pobres, los enfermos, los lisiados, los que no son desaprensivos, las buenas personas, tienen lo que se merecen porque no han sabido adaptarse a un mundo donde lo primero que hay que hacer es hacerse rico, acumular propiedades, billetes, especulando, robando, machacando a tu vecino o explotando a quien se ponga por delante. Y ese estado de miseria moral se ha extendido por la sociedad como una mancha de aceite. Da igual ricos o pobres, con mayor o menor formación, burgueses acomodados u obreros...

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