El avance de la ultraderecha comienza cuando los medios de comunicación generalistas empiezan a incorporar en su agenda y a normalizar los temas que a aquella le interesan, además de abrir las puertas -en nombre de un falso pluralismo- a periodistas de trinchera, opinadores o ex políticos que comparten los mismos postulados políticos que la ultraderecha, haciendo que se difunda y se presente como alternativa válida la visión del mundo que tienen esos partidos que la representan. En cualquier caso, el elemento clave para entender por qué funciona la propaganda y las mentiras de la ultraderecha es que ésta dice ofrecer soluciones: simplistas, inaplicables o directamente falsas, pero se perciben como soluciones. Y, sobre todo, promete una suerte de seguridad para ciertos miedos que existen y se propagan entre amplios sectores de la población. Como las soluciones, ésta es una seguridad ficticia, una construcción inventada. Es una especie de Arcadia feliz donde supuestamente, bajo las condiciones que ellos imponen, todos (todos los que ellos aceptan) estaríamos mucho mejor, viviríamos en armonía y prosperidad, no habría conflictos y cenaríamos perdices todas las noche. A partir de ahí se genera una gran falacia: racismo, xenofobia, homofobia, aporofobia..., componentes todos muy negativos, se convierten en expresiones positivas por el simple hecho de que ellos consideran que pueden dañar su imaginaria armonía. Y mucha gente piensa: "En realidad estoy defendiendo mi identidad, en realidad estoy cuidando a los míos". Pero donde se comienza a construir esa idea de Arcadia es en la idealización de un pasado imaginario. "Con nosotros vas a tener un mundo como el que era", dicen. La pregunta es ¿el que era cuándo? Porque hay una mezcla muy rara, un Frankestein histórico: un poco de edad media, pero sin las heces en la calle y sin la gente muriendo a los 20 años por tuberculosis. Un poco de "con Franco se vivía mejor", pero sin subdesarrollo, sin hambre, sin piojos, sin analfabetismo, sin dos millones de emigrantes, sin falta de libertades. Y al mismo tiempo elegir a conveniencia cuál fue el mejor momento de la historia de España, el mejor momento de la historia de tu país: “cuando éramos exitosos y nos iba bien como país y éramos grandes y nos respetaba el mundo y nadábamos en la abundancia y criábamos las perdices más gordas del mundo”. Qué más da que esa sociedad nunca existiese realmente, que se añore lo que nunca fue. Pero es algo que funciona muy bien, eso de querer vivir en el mundo de El Señor de los Anillos y pasarla bien porque bueno, estamos derrotando a Mordor, que son esos del otro lado de la colina que vienen a romper mi armonía. Pero para personas que combinan la frustración con el miedo y se van cebando de tendencias autoritarias, con odio, con desprecio por el otro y demás, funciona muy bien ese tipo de mentira. Y creen que les cuesta llegar a fin de mes, que su salario es una mierda, que sus hijos no pueden pagarse un alquiler y vivirán peor que ellos, que los servicios públicos se deterioran o que su futura pensión pende de un hilo, por culpa de los que llegan de fuera a romper una armonía inexistente.
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