lunes, 9 de febrero de 2026

Tecnología y epidemia ultra

Cuando uno lee a Peter Thiel, el gurú de Silicon Valley que trabajó mano con mano con Elon Musk, te explicas muchas cosas. Ya en 2009, Thiel publicó un artículo en el que defendía que la democracia y la libertad no son compatibles. Él cree que, a partir de la universalización del voto, el mundo ha caído en una decadencia interminable. Thiel dice que, desde que las mujeres pueden votar y los beneficiarios del Estado de bienestar también, el Estado se ocupa de cosas de las que no tendría que ocuparse. De ahí viene -según él- el gasto que no sirve, la malversación, la decadencia económica y por consiguiente -según él- la decadencia moral. Y propone construir otro tipo de sociedad donde la democracia no sea la que la que rija. Thiel planteaba en ese artículo que tal vez la solución a todo esto es la tecnología, que la tecnología puede suplantar a la política. Él defiende que la política no es la solución a ninguno de los problemas. Y no cree que haya que convencer a la gente de eso: lo que hay que hacer es desarrollar tecnologías para que esto cambie y punto. Trump es la bisagra fundamental para entender ese último paso en connivencia con políticos que no lo son. Él es la punta de lanza de la oleada ultra. Hemos llegado ya a la fase de la normalización de esa epidemia. Y en el fondo de todo esto está el miedo, la falta de de rumbo, la incertidumbre, la idea de que no hay futuro. Pero, al final, la gente se da cuenta de que la han vuelto a engañar: Trump está inmerso en una sucesión continua de derrotas electorales en prácticamente todas las elecciones menores que se han celebrado desde hace un año. A lo mejor, allí, la gente se empieza a dar cuenta que detener y encarcelar a un niño de cinco años para deportarlo no es una anécdota, sino una manera de entender el mundo.

 

 

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