Ya lo advertía Baltasar Garzón en su libro "Los disfraces del fascismo", donde alertaba de la deriva ultra que se había instalado en la judicatura española. Manifestaba allí que el 80% de los jueces y fiscales en España son ultraconservadores. Sabe bien de lo que habla porque el fue una de las primeras víctimas de esa "justicia facha". Garzón cometió dos graves pecados: intentó abrir una causa contra los crímenes del franquismo y demostró, con su investigación, quién era quién en el caso Gürtel. ¡Intolerable!, pensaron los jueces ultras y lo inhabilitaron. Lo condenaron por ordenar grabar las conversaciones de los acusados de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. ¿Dónde vamos a llegar?, un juez ordenando grabaciones. Da igual que años después el dictamen fuese revocado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, a Garzón ya se lo habían cargado. Ahora el impulso ultra alcanza su cenit para colaborar en la conquista del poder de las derechas. El juez Marchena fue incapaz de averiguar quién podía ser ese tal M. Rajoy de los papeles de Bárcenas. Ángel Hurtado se aplicó en condenar sin pruebas concluyentes al ex Fiscal General del Estado para que fuese inhabilitado. Sin embargo, durante las dos horas de declaración de Rajoy por la trama Gürtel, Hurtado cortó todas las preguntas que, a su parecer, eran "impertinentes" y, pese a las numerosas y concluyentes pruebas, consideró que vincular la trama Gürtel a la dirección del Partido Popular era un "salto al vacío". El juez Peinado cree haber recibido un mandato divino para conseguir, sea como sea, que Begoña Gómez se siente en un banquillo. Sin embargo, y pese a las numerosas pruebas en su contra, los que han instruido y juzgan el caso Kitchen no han considerado oportuno sentar a Rajoy y Cospedal en el banquillo. Las 'ayuditas" judiciales al novio de Ayuso son un insulto a la inteligencia y, un tal Mazón sigue sin ser imputado por su criminal actuación durante la Dana y su posterior arquitectura de mentiras. Ahora, otro juez "amigo" a decidido imputar a Zapatero. La mecánica está perfectamente diseñada y engrasada: Una asociación ultra, preferentemente la fascista Manos Limpias, presenta una denuncia basándose en supuestos indicios, recortes de prensa, declaraciones de corruptos... Da igual. Después se reparten las causas para que caigan en los jueces adecuados a sus ideales. Sospechosamente los calendarios de las vistas coinciden con el interés político del PP. No es casualidad. El objetivo es derribar al gobierno. El poder mediático de las derechas se pone en marcha y acelera el proceso de las sospechas sin base, de la manipulación, de la crispación sin freno ni medida. Se diría que los jueces ultra de la judicatura son la primera linea de ataque cuando las cosas no le salen al PP como quisiera. Tras la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía y a la espera de la bajada de pantalones de Bonilla ante Vox, conviene poner el foco de atención en otro lado y aumentar el grado de crispación para conseguir, sea como sea, que se adelanten las elecciones. El pánico a una debacle electoral ha desata la cacería de la derecha contra Zapatero. El plan es hundir al PSOE para que el incapaz Feijoo pueda gobernar sin asumir el programa de Vox.
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