miércoles, 14 de octubre de 2026

Sacrificio

Según la RAE, un sinónimo de sacrificio es inmolación. Y una de las acepciones de inmolar es "dar la vida, el reposo o los bienes propios en beneficio de una persona, un ideal o una causa". Algunos deberían tomar nota una vez que Feijóo ha dicho que su gobierno "va a pedir sacrificios". ¿Por qué será que cuando los políticos hablan de sacrificios sólo miran hacia abajo? El sacrificio debería ser uno de los grandes contratos morales de una sociedad. Porque sacrificarse no tiene por qué ser más pobre. No debería referirse a clases sociales. No debía pertenecer al trabajador ni al empresario, al funcionario ni al autónomo. No debería ser patrimonio ideológico de nadie. Que no me hablen de sacrificios. Yo vengo de una familia obrera con pocos recursos que me enseñó desde niño lo que quiere decir hacer sacrificios. Mis padres no se pudieron permitido ni un solo lujo en su vida. Creo en el esfuerzo, lo he mamado desde que nací. Sé lo que es el esfuerzo, no para prosperar sino para sobrevivir. Creo en estudiar, trabajar, arriesgarse, levantarse después de una caída, renunciar a determinadas cosas para conquistar otras. Creo en la ambición cuando no necesita pisar a nadie. Creo en el talento. Creo en la responsabilidad individual. Creo en el sacrificio solidario. No todos se sacrifican por igual. Hay quien empieza la carrera cien metros por delante y lo empujan. Hay quien la empieza cien metros por detrás y le frenan. Hay quien hereda una casa, quien hereda una empresa, quien hereda contactos, idiomas, seguridad, cultura y expectativas. Y hay quien hereda deudas, precariedad o simplemente la certeza de que, si se cae, debajo no habrá ninguna red. Que no me hablen de sacrificios comunes. Estoy harto de que cuando las cosas van bien los ricos aumenten su riqueza sin dar nada pero, cuando vienen mal dadas, los sacrificios los debamos hacer todos. Estoy harto de que me hablen del sacrificio de los trabajadores. Del sacrificio de las familias. Del sacrificio de los pensionistas. Del sacrificio de los jóvenes. Del sacrificio de las clases medias. Del sacrificio del pequeño empresario. ¿Y el sacrificio de quienes más tienen, cuando toca? Una sociedad no debería castigar a quien prospera. No debería demonizar la riqueza ni convertir el éxito económico en una especie de pecado original. Pero nadie prospera solo. Precisamente por eso debe existir una responsabilidad asociada al éxito. Cuanto más te ha dado una sociedad, mayor debería ser también tu compromiso con ella. Los más débiles, la gente de a pie, está sacrificándose toda su vida. El rico también puede sacrificarse. Sacrificio puede significar pagar los impuestos sin convertir la ingeniería para evitarlos en un deporte de élite. Puede significar aceptar que contribuir algo más en determinados momentos no es una confiscación de tu libertad. Puede significar pagar dignamente a quienes trabajan para que tú aumentes tu patrimonio. Puede significar renunciar a una parte del beneficio inmediato para invertir, contratar, formar o innovar. Puede significar comprender que la sociedad en la que uno ha construido una fortuna necesita hospitales, universidades, escuelas, carreteras, seguridad, jueces, investigadores y oportunidades para quienes todavía están intentando subir. Porque nadie se hace rico completamente solo. Detrás de cualquier historia de éxito existe también una arquitectura colectiva que la hizo posible. Así que ya está bien de pedir sacrificios colectivos que empobrecen a muchos y simplemente moderan la acumulación de riqueza de los poderosos. Ya está bien de convertir el sacrificio en una obligación de quienes quieren llegar y el privilegio en un derecho adquirido de quienes ya llegaron. Propongo prohibir la palabra sacrificio a los que sólo son sicarios de los poderosos, a los cínicos, a los eunucos mentales. Quitársela a los discursos de austeridad y a los sermones morales. Sepan ustedes que sacrificio es trabajar, estudiar, emprender desde abajo, cuidar y hasta pagar impuestos. Porque el sacrificio solo es justo cuando deja de ser la obligación de los de abajo y se convierte en el compromiso de todos.



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