viernes, 25 de septiembre de 2026

Nuevo verano

Stephen King está a punto de tragarse sus palabras cuando dijo aquello de "Ningún verano dura eternamente". El nuestro, el climático, con los datos en la mano, va ya camino de ocupar la mitad del año. El verano que conocíamos ya no existe, ya no es igual, ya no existirá. No me refiero solo al verano expresado con datos, con características cuantificables. No, me refiero al que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida y cuya liquidación hay que asimilar. Seguimos "amando" el verano porque nos trae a la memoria las largas vacaciones escolares, los largos días de juegos con los amigos, la vuelta al pueblo, la aventura de los campamentos de verano, la diversión en playas y piscinas, la conquista de más tiempo en la calle, los primeros escarceos amorosos... y hasta el aprendizaje sentimental que del verano hemos sacado de películas, series y libros que hemos consumido hasta desde que éramos niños. Pero, claro, el clima ha descarrilado. Tenemos mares con temperaturas desconocidas, noches en las que es imposible conciliar el sueño, meses de ausencia de lluvias. Prados ajados donde siempre eran verdes. Sesenta días con temperaturas de más de 40º. Pesadez. Gente que se encierra en casa durante horas al "calor" del aire acondicionado. Incendios pavorosos que no cesan. Masificación por todas partes. Precios en escalada continua. Llevamos años acumulando desgracias climáticas. Y lo que está por venir. A mí, antes, me gustaba el verano. Me bastaba para defenderme un abanico, caminar por la sombra, agua fría y un ventilador de ruido adormecedor. Pero ahora, mientras tecleo esto esperando que la temperatura baje de los treinta y muchos,  rezo para que termine. El verano me agota. Quiero dormir sin empapar las sábanas. Quiero dejar de estar preocupado por si algún familiar se vuelve a desplomar de camino al supermercado. Quiero poder salir de casa al caer la tarde sin tener que refugiarme en un local refrigerado. Quiero no tener que dejar de salir a hacer ejercicio por la mañana porque a las 10 ya es imposible estar en la calle. ¿Ha llegado acaso el momento en el que temamos al verano?, ¿en el que no queramos que llegue o deseemos que se acabe en breve? ¿No se trata acaso de un enorme expolio de nuestras vidas? Pero todavía abundan los estúpidos negacionistas que, sofocados y sudorosos, te sueltan ese pobrísimo argumento, esa "poyada" de "toda la vida de Dios ha hecho calor". Estoy a punto de empezar a responder a esta frase con esta otra: "Pues en alguna de esas olas de calor es donde a ti se te frieron la mitad de tus dos neuronas"

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.