Muchas gente piensa que Trump no es más que un niño malcriado que se negó a crecer. Un Peter Pan del lado oscuro que ya de niño disfrutaba abusando de los compañeros, acosando a las niñas y torturando animalitos. Es verdad que este tipejo habla como un niño, baila como un niño con algún tipo de tara y actúa como un niño insoportable. Pero no es un niño. Es un ser antropomorfo adulto, naranja sunshade tono Pantone FFA12B. Yo lo veo más como un adulto de mente deforme y comportamientos irracionales. Su gran activo es que sus payasadas nos hacen fijarnos tanto en él que no vemos los hilos que lo manejan como una marioneta. Que su discurso sea simple y rudimentario no prueba un desarrollo cognitivo incompleto. Es una estrategia retórica diseñada por los que lo manejan y dirigida al impacto y al recuerdo: frases cortas, repeticiones, eslóganes y polarización moral nivel preadolescente: ganadores/perdedores, nosotros/ellos, buenos/malos, y conmigo/contra mí. Son muchos los expertos en comunicación política que sostienen que la simplicidad es una eficaz herramienta populista. Un mensaje simple para una sociedad con cada vez menos entendederas. Algo parecido sucede con su concepto de la guerra. Puede dar la impresión de que para él es un juego. Pero no. Es una técnica negociadora con teatralidad y amenaza de dudosa viabilidad y cero humanidad. Una estrategia para conseguir titulares, crear incertidumbre y obligar a la otra parte a reaccionar, sabiendo que cualquier resultado será una victoria. Tampoco es infantilismo la amenaza al débil. Esa táctica es un cálculo de costes: castigar donde el coste de represalia es bajo y evitar choques donde es alto. Y menos infantilista es su idea de que el dinero lo puede todo. “Compro Groenlandia, construyo hoteles y cuando caigáis por aquí soltaréis una buena pasta”. Es su concepto Monopoly del negocio, el que siempre le ha ido bien pese a estar condenado por 34 delitos graves sin haber pisado la trena. Trump no tiene un cerebro infantil. Lo infantil es el pensamiento binario, no el fondo. Tiene un discurso pueril perfectamente pensado y difundido. Él y sus asesores son fascistas pero no tontos. Tontos son quienes le votan. Ellos elaboran mensajes simples y estúpidos pensando que van dirigidos para los y las estúpidas. Y le funciona. Porque o le votan o, como sus sucursales en cada vez más países, le lamen la suela de sus zapatos.
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