España arde por los cuatro costados. Arde como todos los años, pero más que todos los años, peor que todos los años, porque las medidas para prevenirlo no se toman como debieran. Porque se prefiere invertir en otras cosas. Porque se privatiza lo público para beneficiar a la empresa privada. La mayoría de los medios aéreos para extinción están en manos del "cártel de los incendios" que consiguió la exclusividad del servicio gracias a mordidas. Un histórico consejero del PP valenciano fue condenado por participar en una trama corrupta para alterar la adjudicación de los contratos de extinción de incendios en el sector de la navegación aérea. Porque no se limpian los bosques amparándose en la mentira de que la ley lo prohíbe. Porque el 70% de la propiedad de montes está en manos privadas y a sus dueños "nadie les dice lo que tienen que hacer en su casa". Porque el cambio climático -ese que muchos niegan- está aquí y corre más que el propio fuego. Porque a los bomberos forestales se les contrata temporalmente por cuatro perras y se les mantiene con convenios caducados y sueldos congelados desde hace años. Porque las empresas privadas que los contratan no les dan formación, no les proporcionan el material adecuado ni los medios necesarios. Porque los partidos de la derecha están firmando pactos para rechazar lo que ellos llaman "agenda ideológica medioambiental". Porque la forma adecuada para prevenir y extinguir incendios demandarían una inversión pública alta y constante en un momento en el que la mayoría de la población babea ante las promesas de bajar impuestos. Mientras, los responsables hibernan en sus despachos con calefacción invirtiendo en iluminaciones, fiestas y cabalgatas. En verano, encienden su aire acondicionado y rezan para que no haya incendios y, si los hay, se afanan en construir un relato, con su cinismo iletrado, y una iconografía mórbida para una sociedad palurda que se traga casi todo. Se desplazan al lugar de incendio, lo bastante lejos para que no les afecte el calor y el humo, y allí se afanan en lucir palmito con un "outfit" especial para incendios. Allí comienzan también a sacudirse sus responsabilidades e intentar cargarlas en la espalda de otros. Bueno, algunos como Abascal pasan los incendios criticando desde su yate en la costa asturiana y apoyando a su alcalde acusado de provocar un incendio en Guadalajara por incumplir las normas. Y Feijoo, el día que se ampliaba la emergencia nacional por los incendios a Toledo -además de Ávila y Madrid- se fue a Santiago a pasar el día del apóstol, para después mostrar su supina ignorancia o su amor por la mentira -o ambas cosas- culpando a "leyes restrictivas" de impedir el desbroce y la prevención, algo que defiende la extrema derecha y desmienten ilustres juristas, ingenieros de montes, expertos en gestión forestal y, en general, la gente decente y bien informada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.