Somos una especie que ha basado buena parte de su desarrollo en la comunicación. Esto podría ser una ventaja en un momento donde la información circula como nunca. Pero la información es como un cuchillo, que puede servir, al mismo tiempo, para untar mantequilla o rebanarle el cuello a un semejante. Hay mucha gente que cree que el ecosistema que habita en internet es un territorio de libertad y son ellos los que toman las decisiones. Nada más lejos de la realidad. Las plataformas digitales convierten la aparente libertad de elección en un sofisticado mecanismo de control: creemos actuar espontáneamente cuando, en realidad, nuestras preferencias son moldeadas por sistemas cuyo modelo de negocio consiste en captar nuestra atención y mercantilizar nuestros datos. Pero hay algo peor: lo que mucha gente cree que les ayuda a relacionarse, en realidad les aísla. Antes de las redes la presencialidad era la norma, nuestra identidad dependía en parte de la validación directa de los demás y moldeábamos el yo a partir de las interacciones y de las respuestas inmediatas que nuestro comportamiento generaba en quienes nos rodeaban, entrando así en una negociación constante con el colectivo. Si tenías un comportamiento reprobable para el grupo, eras rechazado y acababas cambiando de conducta o buscando otro grupo. Ahora, en el espacio digital, seguimos reuniéndonos, "debatiendo" e informándonos, pero lo hacemos dentro de infraestructuras cuya arquitectura y normas son definidas por actores privados. Y, a menudo, interactuamos con completos desconocidos, gentes de toda ralea y condición: De gente educada a auténticos gañanes, de personas equilibradas a increíbles energúmenos, de individuos francos a otros falsos, interesados, faltones o, directamente, sociópatas. Y, para colmo, el tecnofeudalismo se comporta como una oligarquía global de empresas que controla el flujo y la propiedad de los datos. En la práctica, ello implica decidir quién es visible y de qué manera lo es, premian unos comportamientos comunicativos y penalizan otros, favorecen determinadas ideologías sobre otras... ¿Dónde está en estas condiciones la libertad? Yo te lo digo: en el infantil imaginario de esa gente que cree que a la defensa de derechos se va cabalgando sobre un unicornio rosa.
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