Hay que reconocer que el "Sistema" es muy inteligente. Tanto, que se esfuerza en que seamos más tontos cada día. Por supuesto, en beneficio propio. Cualquier experto en psicología sabe que buscar explicaciones complicadas genera ansiedad, que sobrepensar nos fatiga. La solución del sistema es sencilla: "No te compliques la vida, no pienses. Ya pensamos nosotros por ti". El resultado es la banalización y la simplificación excesiva de la realidad, producto de una cultura rápida que premia el consumo inmediato y cómodo de mensajes. Las redes sociales, la prisa diaria y la sobreinformación reducen los temas profundos a frases cortas o etiquetas vacías. Se prefiere ver un vídeo corto o escuchar un podcast que leer. Y, si lees, mejor quedarse en el titular o, como mucho, en la entradilla. Tenemos prisa por consumir datos sin buscar el trasfondo. Se fomenta la cultura del estímulo rápido: Los formatos visuales cortos premian el entretenimiento antes que el análisis. Esto induce a la pereza intelectual, a tolerar que piensen por ti. Resulta más cómodo repetir un lema simple que estudiar un problema difícil. La condición actual de los medios de comunicación parece ser la de la hipersimplificación para el consumo inmediato, la llamada “tiktoktificación” del discurso. Para el Sistema no somos únicamente consumidores de información; nos ha convertido en yonkis de una forma muy concreta de información: aquella que ofrece la recompensa inmediata de creer que comprendemos un mundo extraordinariamente complejo mediante explicaciones extraordinariamente simples. Da igual que la base sea la verdad o el bulo. Como toda adicción, esta también modifica nuestros hábitos. Cada nueva dosis de contenido breve reduce progresivamente el umbral de atención necesario para enfrentarnos a ideas complejas que exigen tiempo, matices e incertidumbre. ¿Cuál es el problema? Pues que los fenómenos sociales, económicos y ambientales que requieren nuestra atención rara vez caben en vídeos de treinta segundos. Consiguen así que pensar deje de ser un proceso y pase a convertirse en un gesto. Cada vez más gente asume ideas como si de un dogma de fe se tratase. La desinformación, la manipulación, el bulo, encuentran entonces un terreno especialmente fértil y deshumanizar al adversario resulta extraordinariamente sencillo: deja de ser una persona para convertirse en una caricatura. La espectacularización del debate público está empobreciendo la conversación y el propio universo de ideas de esta sociedad. La presencia en las tertulias de mercenarios ideológicos y de advenedizos de la opinión; el abuso de lemas y eslóganes; la apropiación que muchos periodistas hacen del las consignas o argumentario de los partidos para conformar su opinión; el tono crispado que se utiliza..., favorecen procesos de radicalización y la sustitución del razonamiento por las emociones menos elaboradas, favoreciendo el componente de animalidad. La complejidad y el pensamiento crítico son percibidos, cada vez más y por más gente, como irrelevantes, anacrónicos o incluso inútiles, tildando a intelectuales, divulgadores, analistas y científicos de soberbios. "¡A mí me va a decir éste lo que tengo que pensar"¡, dicen los ignorantes más soberbios. Y, acto seguido, se amorran a su móvil para que el algoritmo les ofrezca una recompensa inmediata en forma de dosis de dopamina en el siguiente contenido corto o video viral, eliminando cualquier interés por profundizar en cualquier tema. Porque profundizar exige interés por el conocimiento y la verdad, tiempo, esfuerzo y la posibilidad incómoda de descubrir que uno estaba equivocado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.