Aquí somos muchos de acordarnos de Santa Bárbara sólo cuando truena. Somos expertos en saber más que nadie a toro pasado; en despotricar contra lo que hasta hace dos minutos no nos importaba en absoluto; en señalar a los responsables de no tomar medidas y, acto seguido, ignorar e incluso atacar a los que las proponen; de tomar por el pito de un sereno y despreciar a los expertos mientras les reímos las gracias a los sabiondos y a los negacionistas. ¡Así nos va! Los expertos -gente que sabe de lo que habla porque lo ha estudiado- en infraestructuras de movilidad llevan años advirtiendo de los riesgos del clima extremo en las infraestructuras de transporte, de sus impactos económicos y sociales y de la necesidad de adaptarlas pistas -desde su planificación- a condiciones meteorológicas que, por el cambio climático, serán cada vez más frecuentes, intensas y destructivas. Los nuevos expertos en infraestructuras ferroviarias, vía comentario de "cuñao enterao" ávido de señalar culpables, seguramente desconoce que las altas temperaturas que alcanzamos en las cada vez más frecuentes olas de calor están comprometiendo la resistencia de miles de kilómetros de vías férreas, diseñadas y construidas bajo parámetros climáticos que ya no corresponden con la realidad actual. La culpa la tiene la expansión térmica del acero, acentuada cuando con una temperatura ambiente de 40⁰ a la sombra el raíl puede rozar los 100⁰. En estas condiciones se producen deformaciones estructurales que comprometen tanto la seguridad como la eficiencia del transporte ferroviario. Esta sobredilatación puede alcanzar dimensiones críticas que provocan el pandeo de las vías, conocido técnicamente como "serpenteo". Las altas temperaturas aconsejan incluso reducir la velocidad, pero dile tu a un "enterao" que su Ave va a llegar con retraso por el calor, verás la que te cae. Ya en 2021, Adif analizó la eficacia de pintar de blanco tramos de carril para evitar su deformación por altas temperaturas. De aplicarse, habría quién exigiría que se pintasen con la bandera de España. Tras el tren de borrascas que nos ha azotado el escenario de muchas carreteras es deplorable: baches y socavones que revientan neumáticos, pavimentos resquebrajados, calzadas hundidas, rocas y grandes sedimentos dispersos sobre el asfalto... La destrucción de los caminos sólo en Andalucia, afecta a una veintena de localidades -115.000 habitantes-, según el cálculo que ha hecho la Junta. A nivel nacional, la DGT mantiene cortadas por inundaciones y desprendimientos un total de 179 carreteras. Se necesitarán millones de euros para restaurar las vías, un trabajo que demandará mucho tiempo, entre dos y tres años. Quién siga creyendo que esto no tiene nada que ver con el cambio climático, una de dos, o es imbécil o un fanático ideológico. Lo primero que ha exigido Vox en Aragón para formar gobierno es frenar y revertir las políticas frente al cambio climático. Que cada uno saque conclusiones.
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