Según una reciente encuesta de una de esas empresas demoscópicas expertas en despilfarrar el dinero planteando preguntas que oscilan entre la intrascendencia y la estupidez, el 90% de los españoles tiene ya dificultades para distinguir entre el calor y el bochorno cuando leen la prensa o ven los informativos de A3. Me lo creo. Si la encuesta se refiriese a la lectura de sentencias judiciales, el porcentaje se elevaría hasta el 140%. Hoy leemos que "Los conservadores del CGPJ insisten en bloquear la renovación de la Sala Segunda del Supremo". ¿Para qué, con lo bien que les va con la mayoría prevaricadora, digo conservadora? Feijoo, después de decir que él no habla inglés ni preside el Consejo General del Poder Judicial porque no quiere, ha propuesto a Aldama como presidente de dicho Consejo. "Por su capital aportación a la mejora de la eficacia de la justicia y el descubrimiento de delitos del gobierno", ha dicho. Aldama sólo sigue la línea del juez Peinado que, ahora, quiere abrir nuevas diligencias contra Begoña Gómez porque, dice, los papeles desclasificados del 23F la inculpan como autora intelectual del golpe de estado. "Que entonces sólo tuviera cinco años -dice Peinado- es un detalle menor". Sus compañeros "ultraindependientes" pretenden conseguir ahora que ser cónyuge, hermano, progenitor, vástago o vecino de un presidente o expresidente socialista sea considerado delito. Proponen, además, que su propuesta sea objeto de una iniciativa legislativa popular que se redacte en una tertulia de El Hormiguero con Iker Jiménez como invitado especial. Pero, mientras, el personal sigue preocupado por el calor. La patronal de fabricantes de ventiladores de techo advierte del estancamiento de sus ventas, debido a que cada vez más españoles no tienen un techo donde colocarlos o este es muy bajo y las aspas les rebanan el cuello. Por su parte, Bertín Osborne ha lanzado su compañía "España de climatización", con el lema "Las casas bien frescas, el fresco a la derecha y el cambio climático al carajo". Su producto estrella es un aire acondicionado portátil, extremadamente ruidoso, con etiqueta G de eficiencia energética, que incrementa la factura de la luz en 230 € mensuales y que enfría menos que un abanico roto. Pero lleva pintada la bandera de España. "Me la soplan las críticas. Solo me interesan los retrasados que se fijan en mi aparato", ha dicho el Conde de Donadío de Casasola, otro que nos vende que es un patriota que madruga.
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