martes, 28 de julio de 2026

Hasta el moño de egoístas

Estoy hasta el moño. Me crispa. Me hastía verlos. No sé si os habéis fijado, pero en este mundo hay mucha gente y muy pocas personas. Cada vez más gente vive en un eterno "su majestad el bebé"; es decir, que vivimos rodeados de adultos que no quieren abandonar la fantasía narcisista de haberlo sido todo para sus padres. Con tanto narcisista es imposible que esta sociedad viva en armonía. Hemos creado una sociedad egoísta, en el mal sentido de la palabra, si es que la palabra egoísta tiene alguna acepción que no sea creerse el centro del Universo. El nuevo deporte nacional es quejarse. De todo. Con un aire de superioridad moral, un tono de enojo e irritación y un trasfondo de populismo barato. Vivimos los incendios forestales más graves y extensos de la historia. Ninguna sorpresa para los que les duele la boca de advertir sobre las consecuencias del cambio climático. Ese que muchos de los que ahora se quejan con la yugular hinchada niegan. Esos que aprovechan la presencia de una cámara para quejarse de todo: "Nos han dejado solos. Nos han abandonado. Nadie ha venido a ayudarnos. Nadie hace nada". Eso pese a que en la zona están presentes más  medios que nunca para intentar controlar un fuego incontrolable, que afecta a decenas de miles de hectáreas con frentes de decenas de kilómetros. Ahora se ha dado un paso más: se ha emprendido un ataque inmisericorde contra los bomberos, contra los mandos y los miembros de la UME, contra miembros de las fuerzas del orden y protección civil. Los que despotrican -algunos- lo hacen en un estado de tensión y nerviosismo. El fuego ha afectado a sus propiedades, sus negocios, sus pueblos. Pero no todo vale. Mucha gente pretende encontrar dos coches de bomberos delante de su casa, para proteger su propiedad, sus vehículos, sus animales... Mucha gente pide medios, muchos más medios. Y que éstos estén a su disposición. Todo el mundo pide: más medios, más servicios, más personal, más ayudas, más todo. Pero casi nadie quiere dar. Todo el mundo se queja de los impuestos, y muchos votan a los que prometen reducirlos. Todos exigen que se prevenga, que se haga, pero se quejan cuando se les imponen obligaciones. Las derechas, esas que incumplen sus obligaciones respecto a las políticas forestales, las que congelan presupuestos para tal fin, las que maltratan laboralmente a los bomberos forestales -esos a los que exigen que arriesguen su vida por un contrato temporal de 1300 euros- ofrecen como única aportación que se eleven las penas a los que provocan incendios. Pero, ay... A las dos de la tarde se inició el incendio forestal de La Mierla, en Guadalajara. Unas horas antes Rubén Marchamalo cosechaba cereal en su finca, al lado del pinar. Fue visto hablando con el conductor de un camión del grano mientras la cosechadora estaba trabajando. Al día siguiente las autoridades señalaron a la cosechadora de cereal de los Marchamalo como responsable del inicio del del fuego que acabó calcinando 35.000 Ha (el 95% dentro de un parque natural). Días después se convoca una concentración anónima en defensa de Marchamalo, el alcalde de VOX de Robledillo de Mohernando. Porque esa gente que acusa a otros de no hacer nada tiene muy claro que, a ellos, "nadie les va a decir lo que pueden o no pueden hacer" en sus casas, sus fincas, sus pueblos.


A esa hora, según eldiario.es, Ricardo Jiménez, alcalde de La Mierla (PSOE), coincidió con Marchamalo a 500 m de la finca. El alcalde de VOX 

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