El nombre de Ceuta viene del latín "Septem" (siete), debido a las siete colinas de la zona que los romanos llamaban Septem Fratres (siete hermanos). Como ha cambiado la película. Que lo que sucede en Ceuta es un problema nadie lo duda. Que el problema está siendo instrumentalizado por las derechas en beneficio propio, tampoco. Que los que más braman para solucionar el problema sean los que más hacen para que el problema se enquiste, es evidente. Me preocupa especialmente que los medios, que deberían tratar el problema desde una perspectiva de los derechos humanos, estén haciendo todo lo contrario: abordarlo desde los “antiderechos humanos”, desde el odio y la violencia. Pero claro, es que ahora muchos medios son armas de destrucción masiva de la democracia y la verdad. Más centrados en saber si el CNI sabía o no sobre la llegada de estas personas, si Marruecos lo orquestó o no, si detrás de esto están Israel y Estados Unidos, o -simplemente- en avivar la llama que acabará incinerando al gobierno, el trasfondo humano les importa una soberana mierda. No les interesa en absoluto la vida de las madres que llegaron con sus bebés. Ni lo que les ocurra a los menores y las menores desprotegidas. Les trae al pairo la historia de las dos chavalas de 17 años que suplican que les encuentren un sitio en el que dormir porque están recibiendo amenazas y las habían intentando violar, tanto inmigrantes como "heroicos" ceutíes. Les son indiferentes las personas trans que han sido agredidas y maltratadas por sus familias y por las autoridades marroquíes; el caso del inmigrante hostigado por su condición de cristiano; el de esa joven que busca a sus dos hermanos, de los que no sabe nada desde abril; el de ese padre de familia a quien la policía le reventó el móvil y ahora no puede hacer videollamadas con su hija de siete años; el de esa madre al que su hijo de seis años se le escurrió entre las manos poco antes de alcanzar la costa y murió ahogado... Son historias que parecen no importar a nadie. Solo parece interesar dar voz -o vox- a los que codifican, a los que deshumanizan, a los que vociferan, a los que acosan a los periodistas de los medios que no les gustan, a los que sólo saben agitar banderas... Hay medios que solo tienen espacio para "sus víctimas", esas que son los que aparecen en los programas de siempre, los que llevan las pulseritas como arma arrojadiza, los que no han comprendido absolutamente nada. Los que contribuyen a la hostilidad y la volatilidad. En un mundo cada vez más inhóspito e inhumano, escuchar al otro se está convirtiendo, cada vez más, en un acto de resistencia.
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