viernes, 18 de septiembre de 2026

La dignidad humana no es negociable

"Ante la polarización, diálogo" Me parece bien la propuesta, pero dos no dialogan si uno no quiere. Además, ¿cómo es posible dialogar con aquellos que defienden -por ejemplo- cazar a las personas migrantes “una a una”? ¿En qué punto de un supuesto diálogo podríamos entender las razones de aquellos que califican a las personas migrantes como “plagas”? ¿Sobre qué bases vamos a acordar nada? ¿Conviniendo cuánto racismo es aceptable? ¿Sobre cuánto de lejos ha ido el feminismo? ¿Sobre cuántos gazatíes tiene derecho a masacrar Israel? ¿Cómo se puede dialogar con los que pretender rehabilitar la memoria de un señor bajito, de mostacho ridículo, que en la década de los 30 del siglo pasado llevó al mundo a la hecatombe mientras planeaba holocaustos y ejecutaba genocidios? ¿En qué momento podemos aceptar discutir una agenda reaccionaria que niega el papel de los derechos humanos como eje de nuestro sistema de convivencia y que se construye sobre el racismo, la xenofobia, el machismo, el supremacismo, el odio y la razón de la fuerza y la violencia? Personalmente me niego a dialogar en un marco polarizado y tramposo que no ofrece las condiciones éticas y morales mínimas para alcanzar ningún tipo de entendimiento en algún punto del camino que va desde posiciones de respeto de la dignidad humana a posiciones que deshumanizan a determinados grupos sociales. Hace casi un siglo los sectores conservadores, tradicionalmente vinculados a cierta cultura democrática fueron atraídos por un fascismo pujante que, previamente, ya había colonizado la agenda pública. El día después, no dejaron nada en pie. ¿Es que no somos capaces de aprender nada? Hoy volvemos a ver los esfuerzos de normalización del fascismo por parte de actores políticos, sociales y mediáticos que intentan, por convicción o por intereses espurios, favorecer la "tolerancia" moral de la sociedad hacia esas élites enriquecidas y sus formas extremas de violencia. La intransigencia con los intransigentes es una necesidad. La dignidad humana no es negociable.

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