viernes, 13 de febrero de 2026

Clase media como constructo

Llamémosla, Antoñita la Fantástica, cree que sus padres, policía municipal y limpiadora, eran clase media porque pudieron criar a tres hijos, tener un utilitario, pagar vacaciones modestas y comprar un pisito VPO de 70 m². Tenían todo lo básico, pero nada sobraba. Había esfuerzo, ascensor social, fe en el estudio. Ella consiguió ser maestra y ascender un peldaño en la escala social. Ahora -cree ella- es clase media "premiun". Pero no se da cuenta de que todo eso describe una coyuntura histórica, no una clase social. La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año, tener un piso hipotecado o conducir un SUP de renting. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica, como bien saben los que declararon la muerte de la lucha de clases y venden, para engatusar a ilusos que, hasta el límite de los barrios de chabolas, todo es clase media. La cosa es muy sencilla de entender: Si tus ingresos dependen exclusivamente de vender tu fuerza de trabajo a una persona, empresa o institución que te paga un salario y si, al dejar de trabajar, tu sustento desaparece, eres clase trabajadora. Te guste o no. Y si el término te parece un insulto, tienes un problema: eres un clasista que no tiene donde caerse muerto. También puedes optar por hacerte "emprendedor" y autoexplotarte como autónomo, pudiendo así presumir de que eres empresario, un status especial, "la leche" en materia social. La confusión está en tomar el consumo como criterio de clase. Coche, ropa, vacaciones... Pero el consumo es efecto del salario. Llamarse clase media por poder consumir ciertos bienes es adoptar una creencia social, no una categoría económica. Ahí entra algo más profundo: la falsa autopercepción. Los parapetos del Estado del Bienestar, la asistencia médica y la educación universal, tener un móvil en la mano, un coche financiado, un armario petado de ropa low cost, unas rayban de imitación, pagarse unos días en la playa o frecuentar un restaurante del montón, piensan algunos que les acredita como clase media. Ahora muchos piensan que la clase media está siendo destruida. Pero la verdad es que buena parte de quienes se creyeron clase media nunca dejaron de ser trabajadores asalariados. Lo que no puede ser más digno. De lo que no se dan cuenta es que su percepción solo demuestra que, cuando el Estado regula y redistribuye, la vida del asalariado puede parecer otra cosa. Pero cuando los mercados comienzan a fagocitar las defensas de un estado del bienestar que aspiran a destruir, la percepción de que las cosas van bien se hunde. Y si la ultraderecha se encarama al poder la clase media aspiración al, simplemente, implosionará.

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