¿Y quién, alguna vez, no quiso regresar a Ítaca?
Regresar significa la vuelta de un viaje.
Viajar nos resume como un libro,
nos acompaña hacia nosotros mismos,
nos descubre el sonido de la espera.
Porque la espera suena.
Viajar es abonar futuros recuerdos.
Recordar es mantener el eco
de voces que se han ido.
Viajar nos alumbra el latido de la vida,
nos hace cómplices de la distancia,
lucidos vigías de una senda
que se va haciendo sin nosotros,
que no podremos olvidar porque
no existe olvido para la ignorancia.
Recordamos los días del vino compartido,
las palabras, no el eco;
las manos, no el diluido gesto.
Dejamos a los ojos un momento
cumplir su hermoso oficio;
luego, encaminamos los pasos hacia Ítaca.
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