Cuando recordamos a los políticos que prendieron la mecha neoliberal en los años 80, con independencia de cual fuese su perfil ideológico y los destrozos que hicieron en el estado del bienestar, hay que reconocer que estaban a años luz de los mostrencos que actualmente personalizan esta corriente política. Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Helmut Kohl y hasta George Bush, padre, podían ser unos halcones, tener poca empatía social o actuar con mano de hierro contra los más débiles, pero mantenían el tipo, "sabían estar", entendían que debían guardar un mínimo respeto al adversario, acataban la cortesía institucional. No eran dados a perder las formas, a ser maleducados. Y, por supuesto, procuraban evitar mostrarse groseros, ser faltones o recurrir al insulto público. Pero, como muestra de que el mundo está dándose la vuelta como un calcetín -yo digo que está involucionando-, ahora la realidad es radicalmente distinta. Hace apenas 20 años no podía pensarse que alcanzasen el poder determinados políticos con una catadura moral tan lamentable, como los Trump, Netanyahu, Bolsonaro, Abelardo de la Espriella, Milei, Bukele, etc. Realmente produce auténtico pavor que el destino del mundo esté en manos de estos personajillos desquiciados y descerebrados. Son auténticos psicópatas, que carecen de conciencia y empatía. Tienen como marca personal ser maleducados, descorteses, groseros, engreídos, obscenos, irrespetuosos, desatentos, ordinarios, mentirosos, falaces, farsantes, tramposos, cínicos, desvergonzados, deshonestos, arrogantes, soberbios, hipócritas, cínicos, desleales... Parecen estar encantados violando las más mínimas reglas de educación y las normas sociales más básicas, sin culpa o remordimiento alguno, faltándoles las cualidades que les permiten a las personas vivir en armonía con sus semejantes. Y, lo peor de todo, es que estos energúmenos son elevados al poder gracias al voto de millones de personas que creen que son los que mejor los representan. Hay algo muy obsceno en que un lunático desquiciado que clonó a su perro y manifesta que mantiene comunicación con el original mediante una médium y que su perro muerto le da consejos, dé un discurso ante un nutrido grupo de "selectos patriotas españoles" y que éstos aplaudan a rabiar las groserías y los insultos dirigidos al presidente de su país, le hayan o no votado. Porque, de paso, insultó a millones de españoles y algunos de sus periodístas ¿Qué mierda de patriotas son estos? Que el presidente del Senado, un señor que no representa únicamente a un partido político ni a sus votantes, sino que preside una de las dos cámaras de las Cortes y, por tanto, representa a una alta institución, al margen de ideologías, permaneciera allí riéndole las gracias a un energúmeno estúpido y vulgar que insulta a millones de españoles muestra a qué nivel de degradación ha llegado la política española a semejanza de la internacional. Lo que las leyes no prohíben, debería prohibirlo la honestidad. Pero es ya tan escasa.
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