viernes, 28 de agosto de 2026
Lo de Ceuta
Ceuta, y lo que allí ha pasado en estos días, se puede haber convertido en el rompeolas de todas las contradicciones. De ello, se ha responsabilizado a las redes sociales, a las mafias, al gobierno de Marruecos, a la interesada intervención de EE.UU. e Israel, al Tribunal Supremo de España. Y, por supuesto, al Gobierno. Como siempre, hay tantas versiones del relato que cualquiera pueda arrimar el ascua a su sardina. Pero nadie parece querer resolver las contradicciones. Como que se deba implicar España en la defensa del Este de Europa, con efectivos militares, y Europa no pueda colaborar en la defensa de una frontera española. Como que, administrativamente, Ceuta y Melilla pertenezcan a la UE pero no a la OTAN. Como que, en un hipotético conflicto entre España y Marruecos, EE.UU. tenga más intereses en Marruecos, su “gendarme” en África que, en España, su aliado en la OTAN, mientras nos exige elevar nuestra contribución económica al 5% del PIB. Cómo que nuestras administraciones cuenten con un procedimiento abreviado para, por ejemplo, comprar un ático y no para comprobar las circunstancias personales de cada menor. Como que pueda constituir un conflicto diplomático con Marruecos el hecho de que el rey de España visite una parte de su país, es decir, Ceuta. Como que haya quien esté más preocupado por la vida de los no nacidos que por la de personas reales. Como que los que se desgañitan exigiendo regular y detener la inmigración guarden silencio o se opongan a regular otras cosas, como el precio de una vivienda que se ha convertido en uno de los problemas más graves de millones de españoles, sin que los mandatarios organicen pactos internacionales, debatan normativas, ni contemplen endurecer la fiscalización sobre el abuso en los alquileres. Como que los que se preocupan de la "invasión" de inmigrantes no se inmuten ante la “invasión” de los pisos turísticos en los centros urbanos, la invasión turística general o la “migración masiva” de la riqueza común hacia el patrimonio de un puñado de oligarcas. Mientras se criminaliza a menores con un claro tufo de racismo y xenofobia, nadie reclama que se regule el lucro de quienes hacen negocio con lo básico: la alimentación, el agua, la educación o la sanidad. Eso apenas se fiscaliza. Existiendo un serio problema, lo de Ceuta es campo abonado para quienes agitan la bandera de la "invasión", de la teoría del gran reemplazo, y pastorean el miedo y la incertidumbre humanas hacia el rechazo militante del otro. Es un un discurso dopado de bots, financiado con el dinero de los apóstoles del descontrol del capital, y agitado por racistas con un altavoz mediático continuo. Da miedo asomarse a los comentarios, percibir la extensión del desprecio a la vida de los otros, constatar la siembra de ignorancia y deshumanización donde arraigan y prosperan sin coto las más crueles narrativas, abonadas a base de bulos, desinformación y reduccionismo.
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