lunes, 28 de septiembre de 2026

Monseñor Argüello

En un documento colectivo de febrero de 2024 titulado "El nacionalismo étnico y el cristianismo son incompatibles", la Conferencia Episcopal Católica de Alemania definió a Alternativa para Alemania, el partido neonazi, como "auténtico extremismo de derecha". En España la realidad es bien distinta. Aquí la Conferencia Episcopal no le hace ascos al poder terrenal y está continuamente posicionándose políticamente. El presidente de los obispos, Luis Argüello, tiene una mentalidad ultra, tanto política como teológica y eclesiástica. Lo demuestra permanentemente en sus declaraciones y actuaciones públicas: desde su negacionismo en relación con la pederastia en la Iglesia católica hasta su intervención en el curso de verano de este año organizado por la fascista "Asociación Católica de Propagandistas". Este acérrimo defensor de la beatificación de Isabel la Católica mantiene una estrecha relación con Vox, participando en actos organizados por el partido de la extrema derecha y formando parte de su think tank. Se resiste a revisar los Acuerdos con la Santa Sede y a la renuncia de los privilegios de todo tipo: educativos, económicos, fiscales, culturales, jurídicos e incluso militares que favorecen a la Iglesia católica. Eso, como mínimo, me parece una incoherencia, si comparamos los privilegios con la renuncia que exige el evangelio. Un documento de la jerarquía católica, similar al alemán, de distanciamiento y condena de la extrema derecha en nuestro país apelando a criterios evangélicos y a principios democráticos, no está ni se le espera. ¿Por qué no lo hacen? Quizá porque hay puntos en el programa de Vox y de HazteOír que coinciden con los de la Conferencia Episcopal. Por ejemplo, el rechazo a las personas LGTBI, al feminismo, a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, al matrimonio igualitario, a la interrupción voluntaria del embarazo, a la educación afectivo sexual en las escuelas, etc. Los obispos españoles practican el "cristoneofascismo", es decir la alianza y la complicidad entre la extrema derecha política, social y cultural y una parte de la derecha y los movimientos cristianos fundamentalistas en las iglesias evangélicas y los colectivos integristas dentro del catolicismo.  Los que hasta ahora no han tenido nada que decir de la crisis humanitaria en Ceuta o de la grave crisis de vivienda, rompen ahora el silencio del episcopado, a través de unas declaraciones de Argüello, para mezclar el caso Maricarmen con la crisis de Ceuta y “el desahucio del vientre materno provocado mediante el aborto”. En ellas dice que "los ceutíes, como gran número de españoles, desean un desahucio rápido y total de los que han entrado en la ciudad como "okupas". Estás palabras van en contra del propio Evangelio pero podrían ser firmadas por el propio Abascal. Argüello se posiciona así, de nuevo, con esa derecha política que tiene más compasión por los fetos que no han nacido que por los niños que viven en la miseria, mueren de hambre, ahogados en el mediterráneo, son acosados por su condición de "menas" o acompañan en la violencia de un desahucio a sus padres. Me pregunto cuál será la experiencia de Argüello como mujer que sufre un embarazo no deseado; como madre que no puede cubrir las necesidades básicas de sus hijos; como inmigrante desahuciado por la propia vida o como ciudadano que tiene que pagar un alquiler. Me pregunto cuánto pagará de alquiler Luis Argüello por vivir en el Palacio Arzobispal de Valladolid. Lo que tengo claro es que este señor no pasa hambre, ni calor, ni frío. Ni se preocupa por llegar a fin de mes, ni por si puede o no dar tres comidas diarias a sus hijos, ni por buscar un trabajo digno. Ni creo que llegue a saber nunca lo que es ser desahuciado.

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