Creer de verdad en la democracia comienza a ser una heroicidad en los tiempos de corren. ¡Jesús, cómo está el patio! El nacional produce una mezcla de hastío, asco, pavor y desesperación. El internacional es un pastel agusanado presto a ser devorado por alimañas. El mundo está ahora mismo sometido a un siniestro personaje, un híbrido entre bufón, niño malcriado y heredero de dictadores de variado pelaje que ha convertido la política internacional en un capricho personal plagado de tropelías en su búsqueda del nuevo "espacio vital" de ecos hitlerianos. Europa se mueve entre la insignificancia y el patetismo. La ONU está "out" por la demolición del orden internacional. China y Rusia, visto lo visto, están a la espera. Todo sea seguir el ejemplo Yankee y sentar sus posaderas en Taiwán o Polonia, respectivamente, para no perder el tren. Vivimos un tiempo donde cualquier dictadorzuelo, cualquier tirano, cualquier genocida, se cree con derecho a devorar todo lo que no le gusta a dentelladas, con niños, abuelos, madres y padres como daños colaterales, como avíos de un guiso que les apetece. Algunos hablan de actos de piratería internacional, pero es el imperialismo, idiota. Así ha sido siempre: aprovechas tu superioridad y te presentas en "casa" de otro para quedarte por el morro lo que no es tuyo. Y, después, lo presentas como gesta histórica, como signo de grandeza, como muestra de superioridad moral y aportación civilizadora. "Si, es verdad, los sometimos, los diezmamos, los explotamos, los esclavizamos, les robamos sus recursos, anulamos sus culturas..., pero les regalamos una nueva cultura, una nueva lengua, una nueva religión" Esta es la realidad. Y aquí no se libra nadie. Trump amenaza a Cuba, entre otras, porque Rubio, su secretario de exteriores, está ligado a los exiliados cubanos en Miami, aunque nada dice de su pasado ligado al narcotráfico. Quiere estafar a Ucrania a cambio de sus tierras raras; convertir Gaza en un resort; se ha apropiado del petróleo de Venezuela; amenaza con invadir Dinamarca; a Colombia porque le cae mal su presidente; a Irán porque se lo pide su amiguete genocida israelí; a Brasil por salvarle el culo a Bolsonaro... A España, si escucha los anhelos de Fran Rivera (otro vendepatrias), cualquier día de estos retoma la guerra de Cuba y se nos cuela por las rendijas de Rota y Morón para meterle mano a Sánchez, con el juez Peinado al frente de un equipo de Delta Force, apoyado por comandos internos reclutados por Abascal y con la inmediata entrega por parte de Ayuso de la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo.
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