Hay premios que honran y prestigian a sus galardonados, caso del Cervantes. Otros, por el contrario, se sirven del prestigio de aquellos para darse lustre, caso del Princesa de Asturias, pensado para colgar medallas a nuestra monarquía. En general hay mucho postureo en este tema. Premios "reconocidos" por su excelencia y rigor, como los Óscar, los Grammy o el Balón de Oro, atufan a intereses y espíritu comercial. La cosa, además, va a peor. Pienso que el mundo de los premios ha pasado a estar dominado por una sociedad secreta, similar a la de los "Illuminati", pero formada en este caso por un selecto grupo de necios, botarates, lameculos, tiralevitas y gente rastrera. Esto provoca que muchos premios sean ya un reidero. Es el caso del Nobel de la Paz, convertido en una farsa, en una disonancia moral. La concesión del premio a Corina Machado, una ferviente defensora de una intervención militar extranjera en su propio país, es la consecuencia lógica de la degeneración del premio. La reina Sofía, esa gran "profesional" por seguir entronada a cambio de aguantar los cuernos del pariente, ha sido doblemente galardonada en Las Palmas. Por un lado, va a ser investida doctora Honoris Causa por su Universidad. Es lógico conceder este alto reconocimiento académico a alguien que, tras 63 años viviendo en España, tiene serias dificultades para leer el papel que le escriben. Total, también recibieron este galardón los exconvictos Mario Conde, Rodrigo Rato o Díaz Ferrán; el encausado Jordi Pujol; el "cultureta" Rafa Nadal; la necia Ayuso; los abusadores sexuales Julio Iglesias y Plácido Domingo... La Emérita también ha sido galardonado con el Premio Gorila 2024, concedido por la Fundación "Loro Parque" en reconocimiento a su compromiso con la conservación de la biodiversidad. No creo que se refiere a los elefantes que cazaba su marido mientras la coronaba con un asta de doce puntas. En fin, ahí tenemos el Planeta a Juan del Val, ese follarín de los bosques que declara no tener un alto nivel de lectura formal. También la concesión de una Medalla de Madrid a la comunidad judía en pleno genocidio en Gaza. Ya sólo falta que este año Eurovisión lo gane Israel con Trump cantando la canción de Julio Iglesias "soy un truhán, soy un ladrón".
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