domingo, 11 de enero de 2026

¡Que vienen los idiotas!

Escribió Sartre en los años cuarenta que el infierno son los otros. Afortunadamente, no pudo ponerlo en Twitter porque alguien, sin duda, le habría respondido: “MAS INFIERNO ERES TU, SUBNORMAL”. Lo cierto es que vivimos rodeados de necios y no hay nada que podamos hacer al respecto. No se puede huir de ello, no existe un Edén libre de idiocia. La idiotez es ubicua y se ajusta escrupulosamente al principio de entropía, repartiéndose equilibrada y uniformemente entre la población mundial. Incluso -estoy seguro- si te mudas a una isla desierta, antes o después, para tu sorpresa, aparecerá un idiota allí a joder la marrana. Este fenómeno, por salud mental, estamos obligados a obviarlo en nuestro día a día. ¿Cómo, si no, podríamos vivir sabiendo que nos íbamos a encontrar idiotas a cada paso? La evolución, sabia y piadosa, ha permitido que nuestro cerebro desarrolle una estrategia para soterrar esta certeza. Este mecanismo de defensa consiste en rodearnos de idiotas afines. Los fachas con los fachas. Los nacionalistas con los nacionalistas. Los catedráticos con los catedráticos. Así, al oír nuestras idioteces en boca de otras personas, hallamos consuelo y reafirmación. A nosotros nos ha tocado vivir la tiranía de los "tontobabosos" de las redes, llamados -por esa idiotez de nominar todo en inglés, como si fuésemos huérfanos de idioma- haters o trolls. Son una variante de los idiotas. Son idiotas molestos, huelemierdas. Son idiotas metomentodo con mala leche que creen que el mumdo no puede vivir sin sus estúpidas y babosas opiniones. Esta clase de idiotas se encaraman a cualquier red para, bandera en mano, linchar a periodistas, humoristas, músicos, escritores, artistas o gente anónima que no piense como ellos. Se desviven por imponer su ideología, sus creencias, sus gustos y tradiciones y gustan de brear a los que, con sus opiniones, importunan su supremacismo mental. Les encanta hablar de libertad, pero el verbo que más conjugan es el de prohibir. Son personas aparentemente normales que, sin embargo, se indignan con una opinión, una certeza científica que les importuna, una ficción, un chiste o se ofenden por una foto o una rima. Es la suya una idiotez especialmente peligrosa porque, si triunfa, y está triunfando, hará del mundo un lugar más uniforme, más gris, más triste, más encabronado. Claro que tal vez nos esté bien empleado. Por idiotas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.