jueves, 15 de enero de 2026

Europa, intrascendente y puta.

Europa me produce vergüenza ajena. Vergüenza, tristeza profunda y decepción. Ha asumido, sin pelea, su papel de mindundi geopolítico y desempeña ahora su rol de vasallo servil a los intereses de EE.UU. Ya no recuerdo cuál fue el momento en el que la hegemonía moral europea se diluyó en el fango de la hipocresía. Tampoco importa comprobando su incapacidad para entender que los EE.UU. no tienen amigos, solo tienen negocios. Europa hace mucho tiempo que se convirtió en una chiringuito militar estadounidense. En el territorio de la UE hay alrededor de 50 bases americanas. A través de la OTAN, EE.UU. ha convertido a la UE en un gran centro militar, reduciendo la soberanía de sus países y borrando cualquier atisbo de su dignidad e independencia. Ahora está amenazando a un Estado miembro de la OTAN para anexionarse Groenlandia. Esto demuestra que la OTAN siempre ha sido una herramienta de dominación y de defensa de los intereses americanos. Cuando éstos, además, obligan a sus socios a sostener su hegemonía militar y engordar los beneficios de su industria militar elevando hasta el 5% sus gastos de "defensa" -otra vuelta de tuerca a la merma del gasto público en detrimento del ya machacado estado del bienestar-, ya no cabe duda: Europa se ha convertido en la puta a la que chulea, desprecia y maltrata Estados Unidos. Las bochornosas declaraciones de Mark Rutte evitando condenar las amenazas de invasión sobre Groenlandia, y la tibieza de la jefa de la diplomacia europea, refuerzan la imagen de vasallaje de estos organismos alineados por completo con los caprichos de Washington. Estamos ante una Europa sumisa y arrodillada como nunca ante EE.UU. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vejación?. Por razones de sumisión, Europa se ha convertido en un gallinero que ha aceptado que algunos zorros vivan en él con el único objetivo de parasitar sus ayudas, mientras sus dirigentes viven al margen de la realidad y prestos a proteger los intereses de los grupos de poder. No hay proyecto común, no hay solidaridad entre los socios, no hay ni rastro de orgullo europeo. En eso colaboran los nuevos patriotas, una fauna política ruidosa y eficaz. Se envuelven en banderas, invocan soberanías míticas y recuerdan pasadas grandezas, pero deploran cualquier intento de construir poder compartido. Detestan a Bruselas mientras aceptan sin rubor la sumisión a potencias extranjeras. Su libertad es la de elegir amo. Y lo llaman aliado. Son nacionalistas para el débil y sumisos para el fuerte, patriotas de boquilla y vasallos por vocación. Su éxito no nace del orgullo, sino del vacío. El mismo al que conducen a Europa.

miércoles, 14 de enero de 2026

Positivismo de mierda

Quien no es capaz de observar la realidad con una mirada crítica, incluso punzante cuando es necesario, acaba emitiendo un hedor a ignorancia que alerta, resultando ser además un ser aburrido. A fin de cuentas, ¿qué sabor tiene la vida sin un poco de observación crítica, combinada con una pizca de maldad elocuente? El positivismo derivado de esas frases inspiradoras impresas en sobres de azúcar o las motivadoras sobre decorativos fondos de Whatsapp, está sobrevalorado y muy masificado, pero esto sucede porque el proceso extremo de la positividad es mucho mas cómodo porque no requiere de ningún proceso mental creativo. Basta con decir que todo es bonito y maravilloso para convertirte en un "ser de luz", encantador y achuchable. El pensamiento positivo se ha puesto de moda. Bien. Pero cuando el exceso de optimismo comienza a lindar con la estupidez, entonces se transforma en una ideología preocupante. La capacidad de analizar el mundo suele acarrear inconvenientes y aquellas personas que lo tienen por costumbre, "envidian" a aquellos a quienes el mundo les pilla siempre por sorpresa, los que viven en un cumpleaños continuo. El problema del positivismo como eslogan, como objeto de consumo, como opiáceo mental, es que actúa a costa de negar la realidad que nos rodea y que muchos lo utilizan como excusa para no entrar jamás en acción. Cuando todo va bien, ¿para qué vas a hacer? y cuando todo va mal, tampoco. Esto anima a la pasividad y la inacción. ¡Todo un chollo para los que nos pretenden mansos!. Nos animan a ignorar la negatividad que emana del análisis crítico para atarnos a la fantasía, pero siempre esquivando la realidad, como si ésta no importase, no te influyese. "Tienes que pensar en positivo", te dicen. "Y hacer como si la parte negativa de la realidad no existiera. Porque sólo es necesario que exista tu deseo. En tu deseo, eres tú quien crea la realidad" ¡Vaya mierda de mensaje!, porque es cierto que la mente es capaz de darnos un mundo propio, un espacio creativo maravilloso, pero cuando la realidad es completamente distinta a nuestra fantasía sobre ella, entonces tiende a la psicosis o propende a la estupidez. Porque, antes o después, por mucho que intentes negarla, la realidad se presenta y te estalla en la cara, mientras tú estabas soñando con otra cosa mientras movías el azúcar del café.

El truhán y sus secuaces

Es imposible no haberse enterado. Julio Iglesias, que ya muchos sospechábamos que era un truhán y no tenía nada de señor, ha sido denunciado por dos extrabajadoras de sus mansiones caribeñas por agresión sexual, vejación y maltrato, que bien podría ampliarse hasta el delito de trata de personas. De inmediato se pone en marcha la máquina de polarización para generar un estado de bronca continua como modo de hacer política, por encima de la verdad, la decencia y cualquier valor moral. Se trata de aprovechar un escándalo para defender a ultranza a los "tuyos" y, de paso, atacar al contrario. J. Iglesias es el prototipo de macho alfa patriarcal: blanco, rico, poderoso, con una masculinidad tóxica, al que gusta abusar de su poder, imponer su "superioridad" y practicar la injusticia de género. ¿Puede extrañar la defensa que de él ha emprendido Abascal, arrimando el ascua a su sardina fascista para decir que esto es un "plan del Gobierno para que no se hable de corrupción"? Claro que, su facha correligionaria, Macarena Olona, ha aprovechado para cargar contra “el feminismo fijo discontinuo" de quienes callan ante las atrocidades que sufren las mujeres en Irán, o en España, cuando los culpables son políticos de izquierdas”. No es nada original. Antes había leído este mensaje social de Ayuso en X: "Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda". Y añade: "La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más "universal". Como si se pudiese equiparar la calidad artística de un tipejo con la imposibilidad de cometer algún tipo de delito de agresión sexual. ¿Quiere decir Ayuso que los artistas que han hecho "grande" a España" son incapaces de cometer algún delito?". Esa concepción es la raíz más profunda del nacionalismo ultra: los nuestros están incapacitados por naturaleza para el mal. Los "malos" son los "otros". Supongo que el que Iglesias lleve más de tres décadas de apoyo político al PP a cambio de patrocinios millonarios no tendrá nada que ver con esta defensa a "ultra"nza. Pero ya conocemos a Ayuso, que se cree la "enfant terrible" de la derecha ultra pero, en realidad, es otro espécimen más de los que ocupan y administran el poder en beneficio propio, para favorecer a los poderosos y para empeorar el mundo. Es una necia engreída, sin formación ni especiales dotes intelectuales, hipócrita, cínica y mentirosa. Es una persona que carece de decencia y moral, pero que se presta a ser la marioneta de oscuros y perversos personajes. Alguien que dice barbaridades cada dos minutos para que se hable de ella, para postularse a lo más alto del poder. Y después llega su tropa mediática con su habitual comportamiento: Frases como: "Esto es un juicio mediático"; "las supuestas víctimas tienen interés económico"; ¿Por qué no denunciaron antes?. O dando voz a los defensores de Iglesias: Ana Obregón ("no soy hombre, pero a vosotros os chupan el pito toda la noche y ¿no os salen ampollas o algo?"), Jaime Peñafiel; Nacho Cano, Javier Arcusa, Manuel Alejandro... Sólo faltan Bertín Osborne, Plácido Domingo, Miguel Bosé, José Manuel Soto y El Fary hablando del "hombre blandengue".

Proyecto

Uno tiene la sensación de que en la película del mundo están ganando los "malos". Quizá lo han hecho siempre. La diferencia es que ya no permiten que haya mejoras para distraer y mejor pastorear a las masas. Al contrario. Ahora nos empujan a todos, sin escrúpulos, hacia un pasado terrible y un futuro distópico y siniestro. Lo vemos en todas partes. Los EE.UU. se han convertido en una amenaza para el conjunto del planeta. En 2022 se retiró del Tribunal Penal Internacional, colocándose así a la altura de países como China, India, Pakistán, Irak, Irán, Indonesia, Turquía, Israel y Rusia. Todos ellos muy preocupados porque nadie vaya a perseguir sus violaciones de los derechos humanos. Hace un año Trump hizo efectiva la salida de su país de los Acuerdos de París sobre cambio climático. Hace unos días anunció que EE.UU. se retiraba de más de 60 organizaciones internacionales. Casi la mitad son entidades de las ONU, incluidas muchas que trabajan para combatir el cambio climático, además de convenciones y tratados. Y lo hace "porque ya no sirven a nuestros intereses". Lo que si parece servir a sus intereses es ignorar y vulnerar el orden internacional. En Venezuela, EE.UU. ha iniciado la violación flagrante de los principios fundamentales del orden internacional que se construyeron a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, tales como el respeto a la soberanía de las naciones, la solución pacífica de las controversias y la no injerencia en los asuntos propios de otros Estados. La intervención militar de EE.UU. no sólo viola el derecho internacional, también la legalidad interna de su país toda vez que pasa por encima de la Constitución. Eso dice mucho del giro totalitario del gobierno de Trump. No contento, el sátrapa amenaza con intervenir unilateralmente en Colombia, Cuba, México e Irán y dice que, de manera inmediata, procederá a anexionarse Groenlandia, usando incluso la fuerza militar si es necesario. Tal es la amenaza que plantea Trump que ya se nos olvida que los "malos" siguen repartiendo dolor y muerte en otros sitios: Putin en Ucrania, el genocida Netanyahu en Palestina, los ayatolás en Irán... Amnistía Internacional denuncia que hay motivos de preocupación observados en materia de derechos humanos en 150 países. Mientras, asistimos día a día a un auge de los partidos de extrema derecha, que se refleja en su consolidación electoral. Sin salir de Europa, Croacia, Finlandia, Hungría, Italia y Países Bajos tienen en sus gobiernos a partidos de extrema derecha. Igual pasa en Argentina, Chile, Ecuador o El Salvador en América. Y EE.UU. está a un paso de convertirse en una democracia "fake" de carácter autoritario. El muro de la ética aparece resquebrajado allá donde mires, las agendas destructivas triunfan por doquier, igual que el auge de discursos autoritarios, poco parece importar la subversión de la verdad y el odio se ha convertido en refugio de los que parecen disfrutar con el malestar. Y es que, como dijo Edmund Burk, "lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada" 

Putos premios

Hay premios que honran y prestigian a sus galardonados, caso del Cervantes. Otros, por el contrario, se sirven del prestigio de aquellos para darse lustre, caso del Princesa de Asturias, pensado para colgar medallas a nuestra monarquía. En general hay mucho postureo en este tema. Premios "reconocidos" por su excelencia y rigor, como los Óscar, los Grammy o el Balón de Oro, atufan a intereses y espíritu comercial. La cosa, además, va a peor. Pienso que el mundo de los premios ha pasado a estar dominado por una sociedad secreta, similar a la de los "Illuminati", pero formada en este caso por un selecto grupo de necios, botarates, lameculos, tiralevitas y gente rastrera. Esto provoca que muchos premios sean ya un reidero. Es el caso del Nobel de la Paz, convertido en una farsa, en una disonancia moral. La concesión del premio a Corina Machado, una ferviente defensora de una intervención militar extranjera en su propio país, es la consecuencia lógica de la degeneración del premio. La reina Sofía, esa gran "profesional" por seguir entronada a cambio de aguantar los cuernos del pariente, ha sido doblemente galardonada en Las Palmas. Por un lado, va a ser investida doctora Honoris Causa por su Universidad. Es lógico conceder este alto reconocimiento académico a alguien que, tras 63 años viviendo en España, tiene serias dificultades para leer el papel que le escriben. Total, también recibieron este galardón los exconvictos Mario Conde, Rodrigo Rato o Díaz Ferrán; el encausado Jordi Pujol; el "cultureta" Rafa Nadal; la necia Ayuso; los abusadores sexuales Julio Iglesias y Plácido Domingo... La Emérita también ha sido galardonado con el Premio Gorila 2024, concedido por la Fundación "Loro Parque" en reconocimiento a su compromiso con la conservación de la biodiversidad. No creo que se refiere a los elefantes que cazaba su marido mientras la coronaba con un asta de doce puntas. En fin, ahí tenemos el Planeta a Juan del Val, ese follarín de los bosques que declara no tener un alto nivel de lectura formal. También la concesión de una Medalla de Madrid a la comunidad judía en pleno genocidio en Gaza. Ya sólo falta que este año Eurovisión lo gane Israel con Trump cantando la canción de Julio Iglesias "soy un truhán, soy un ladrón".

lunes, 12 de enero de 2026

Premios para el payaso

No hace mucho las palabras, los gestos y las acciones de D. Trump resultaban chocantes, ridículas, extravagantes... Hoy, todo en él, ha pasado a ser tan grotesco como peligroso. Antes no se daba importancia a sus baladronadas y, simplemente, nos reíamos de ellas. En julio de 2024, durante un mitin en Florida, este babuino cabreado convocó al electorado con una frase histórica: “Votadme y no tendréis que volver a votar”. Quizá su contenido fuese más real de lo que podría creerse. Trump es un niño malcriado y egoísta que lo quiere todo sólo para él, que carece de límites, tolerancia a la frustración y empatía y que manifesta sus demandas como un déspota: con chulería y amenazas. No le basta con ser presidente de EE.UU., también quiere ser Virrey de Venezuela, Gran Duque de Groenlandia, Mariscal en jefe del Atlántico Norte, Mariachi Supremo de México y Regente Vitalicio en Canadá. Él se ve como el Máximo Décimo Meridio del Imperio Americano, pero se asemeja al emperador Cómodo, un déspota sanguinario, mongoloide y abusón, pero "en gordo". Los mayores lameculos de la élite mundial no cejan en su labor de agradar al esperpento, incluso cuando ello les lleva a chapotear en el ridículo más vergonzoso y la inmundicia. La FIFA (otra cueva de vividores y corruptos) le regaló el "Premio FIFA de la Paz", que es una "pollada" que se inventaron los mamandurriados del fútbol para que ese cruce entre Godzilla y Naranjito se quedase tranquilo y no le diese por bombardear los estadios de fútbol del próximo Mundial. Milagrito sea que ese mundial no lo gane EE.UU., con gol de Trump, de penalti injusto y en el último minuto. Lástima que estos becerros no inventaran también el Premio FIFA de Literatura, el de Medicina, el de Física y el de Química para metérselos todos en un balón de playa y concedérselos en una ceremonia presidida por el Papa, Javier Milei, Mark Rutte, Ayuso, C. Ronaldo, Fran Rivera y los Payasos de la Tele. Mientras, él patalea y dice que quiere recibir el auténtico Nobel de la Paz de manos de Corina Machado que, a su vez, lo recibió de una comisión de cómicos que, más que "fallar" el premio, lo "follaron". Opino que Juan del Val podría tener el detalle de ofrecerle su Premio Planeta a Trump, más que nada porque en vocabulario y sintaxis andan a la par.

domingo, 11 de enero de 2026

¡Que vienen los idiotas!

Escribió Sartre en los años cuarenta que el infierno son los otros. Afortunadamente, no pudo ponerlo en Twitter porque alguien, sin duda, le habría respondido: “MAS INFIERNO ERES TU, SUBNORMAL”. Lo cierto es que vivimos rodeados de necios y no hay nada que podamos hacer al respecto. No se puede huir de ello, no existe un Edén libre de idiocia. La idiotez es ubicua y se ajusta escrupulosamente al principio de entropía, repartiéndose equilibrada y uniformemente entre la población mundial. Incluso -estoy seguro- si te mudas a una isla desierta, antes o después, para tu sorpresa, aparecerá un idiota allí a joder la marrana. Este fenómeno, por salud mental, estamos obligados a obviarlo en nuestro día a día. ¿Cómo, si no, podríamos vivir sabiendo que nos íbamos a encontrar idiotas a cada paso? La evolución, sabia y piadosa, ha permitido que nuestro cerebro desarrolle una estrategia para soterrar esta certeza. Este mecanismo de defensa consiste en rodearnos de idiotas afines. Los fachas con los fachas. Los nacionalistas con los nacionalistas. Los catedráticos con los catedráticos. Así, al oír nuestras idioteces en boca de otras personas, hallamos consuelo y reafirmación. A nosotros nos ha tocado vivir la tiranía de los "tontobabosos" de las redes, llamados -por esa idiotez de nominar todo en inglés, como si fuésemos huérfanos de idioma- haters o trolls. Son una variante de los idiotas. Son idiotas molestos, huelemierdas. Son idiotas metomentodo con mala leche que creen que el mumdo no puede vivir sin sus estúpidas y babosas opiniones. Esta clase de idiotas se encaraman a cualquier red para, bandera en mano, linchar a periodistas, humoristas, músicos, escritores, artistas o gente anónima que no piense como ellos. Se desviven por imponer su ideología, sus creencias, sus gustos y tradiciones y gustan de brear a los que, con sus opiniones, importunan su supremacismo mental. Les encanta hablar de libertad, pero el verbo que más conjugan es el de prohibir. Son personas aparentemente normales que, sin embargo, se indignan con una opinión, una certeza científica que les importuna, una ficción, un chiste o se ofenden por una foto o una rima. Es la suya una idiotez especialmente peligrosa porque, si triunfa, y está triunfando, hará del mundo un lugar más uniforme, más gris, más triste, más encabronado. Claro que tal vez nos esté bien empleado. Por idiotas.