domingo, 30 de agosto de 2026

Pensiones

Lo de la oposición política en España es un chollo. Para llegar al poder sólo tienen que sentarse a esperar ver pasar el cadáver del actual gobierno. No tienen por qué tener una alternativa de gobierno, ni un programa político. Su programa es, exclusivamente, un furioso y faltón antisanchismo. Su programa está convenientemente oculto. No hablan de él para no asustar a los incautos que están dispuestos a votarlos y que serán los primeros en sufrir sus consecuencias. El "Perro" es su capa de prestidigitador, la coartada que les sirve para que nadie vislumbre lo que pretenden hacer. Pero, de vez en cuando, su torpeza o el afán de protagonismo de sus gurús económicos, hace que se les escape alguna "perla". Lo vemos, con frecuencia, con el tema de las pensiones. Repiten, hasta aburrir, su mantra de que "son insostenibles". En su modelo, claro. Resulta curioso que para una gente a la que la economía sostenible se la trae al pairo, en relación con las pensiones la "sostenibilidad" les obsesiona. Sus soluciones son para echarse a temblar: aumentar la edad de jubilación, elevar los años de cotización y, sobre todo, privatizar el sistema. Sus principales argumentos son medias verdades que, utilizadas arteramente, se convierten en mentiras. Ahora la han tomado con la cuantía de las pensiones en España, como si éstas fueran un "regalo" excesivo. Tildar las pensiones de “demasiado generosas” es una perversión del lenguaje diseñada para reconvertir un derecho en una limosna que apenas sirva para amortiguar la miseria. Se apoyan en una verdad: En España la diferencia entre el último salario y la primera pensión roza el 80%, mientras que en otros países de nuestro entorno apenas llega al 60%. Lo que no dicen, lo que ocultan, es que los países con los que nos miden tienen sueldos medios y mínimos muy superiores a los nuestros: 77.000 euros anuales, Luxemburgo frente a los 33.000 euros en España. Eso, en el mejor de los casos. Y, claro, el 80% de un salario bajo da como resultado una pensión miserable. Pero lo más miserable es el último paso que han dado: decir que es injusto que un pensionista cobre más que una persona que está trabajando. Me ahorro los exabruptos. Sólo dos cosas. Primero, el problema no es el nivel de "algunas" pensiones, es la mierda de salarios que paga esta gente. Y, segundo, lo más asqueroso es que estos sembradores de odio lo único que pretenden es enfrentar a los jóvenes con los pensionistas. Pretenden que éstos se sientan culpables y agachen la cabeza para mirar abajo, a su propia sombra, mientras siguen anestesiando a jóvenes y no tan jóvenes con grandes dosis de patrioterismo barato envuelto en un frenesí de banderas rojigualdas; todas ellas, por supuesto, made in China. Pero esto no va de patrias, va de patrimonio de los más ricos.

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