Quien bautizó a la tele, allá a finales de los cincuenta, como “caja tonta” no podía llegar a imaginarse lo idiota y lo tonta que iba a volverse la cajita. Entonces, todavía se pensaba que la televisión podía ser un buen instrumento educativo, una academia pública y gratuita, una ventana abierta al mundo. Sin embargo, los que realmente mandan se olieron el peligro de inmediato y transformaron el excelente instrumento educativo en una zambomba, convirtieron la academia en una jarana y abrieron la ventana a un retrete inmundo. No es nostalgia, pero recuerdo cuando encendías la tele y podías ver a José Mª Rodero interpretando el "Calígula"de Camus, una entrevista a Marguerite Duras o a Olof Palme, Severo Ochoa o Fernando Arrabal en un debate de "La Clave". Uno podía ver jazz en directo o variadas actuaciones musicales: de Duran Duran a Tina Turner; de Iron Maiden a Communards, pasando por los grupos de "la Movida" o el cantautor Franco Battiato. Programas como "Conciertos para jóvenes" con Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York; "El hombre y la tierra", de Rodríguez de la Fuente; "A fondo", con Joaquín Soler Serrano; "Cosmos", de Carl Sagan; o "Jazz entre amigos", son inimaginables en la tele actual. Aprendíamos a la vez que disfrutábamos, no como ahora, que basta hacer un recorrido por la parrilla (de Ferreras a Motos y de Iker Jiménez a Ana Rosa Quintana) para perder de golpe veinte puntos de cociente intelectual y preguntarse si habrá vida inteligente en la Tierra. Gracias a este interminable descenso hacia el abismo de la idiocia, el impresentable Nacho Abad llegó el otro día a la fosa de las Marianas de la estupidez, una fosa séptica en la que organizó un "debate" entre un dermatólogo y un entrenador de fútbol. Versaba sobre la incidencia del sol en el cáncer de piel. Al lado de esto, una discusión sobre física cuántica con el principal tonto del pueblo es una mierda pinchada en un palo. Resulta hipnótico contemplar la convicción con que el entrenador -que cree que el universo es una palangana- defendía que África y Asia no existen, mientras rechazaba las afirmaciones del médico con el principal argumento de los ignorantes que, además, son imbéciles: "¡Es mentira, es mentira, es mentira!". Vale que los tontos tengan voz, pero tampoco hace ninguna falta que tengan un megáfono. En todo caso, en referencia a la tele y la radio, ahora entiendo por qué se habla de "cadena". Es un nombre que le va muy bien, por los grilletes que impone a la inteligencia y por el váter. En fin, que la Tierra no es plana pero el encefalograma de mucha gente sí.
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