jueves, 29 de octubre de 2026

Voluntad de Dios

En 1944 se produjo el accidente ferroviario de Torre del Bierzo. Investigaciones independientes estiman que la cifra de fallecidos se situó entre los 500 y los 800. Pero el régimen franquista censuró la magnitud del accidente y sólo reconoció 78. En 1947 explotaron los polvorines de Cádiz, destruyendo gran parte del barrio de San Severiano. Fallecieron 152 personas. La dictadura franquista minimizó el alcance de la tragedia, ocultó negligencias oficiales y fomentó el silencio informativo. En 1959 la rotura de una presa mal construida arrasó el pueblo zamorano de Ribadelago. Murieron 144 habitantes. La mala calidad de los materiales y los fallos estructurales fueron tapados por la justicia de la época. En 1962 se producen las riadas del Vallés, que arrasaron barrios obreros mal planificados urbanísticamente y construidos en zonas inundables con el beneplácito de las autoridades. Más de 700 muertos. Ni una palabra del régimen sobre quienes habían permitido ese urbanismo criminal o sobre los puentes asesinos que bloquearon el agua hasta que reventaron. Era un "desastre natural". Eso lo justificaba todo. Los casos anteriores eran "accidentes". En el franquismo las tragedias colectivas se justificaban mediante una combinación de voluntad divina y la censura de la negligencia, que convertía los fallos del Estado en simples "accidentes" o "fatalidades" inevitables. Actualmente las cosas han cambiado. Afortunadamente. Pero ha cambiado todo. Antes, la culpa no la tenía nadie. Eran "accidentes". Era la "voluntad de Dios". Ahora ya nadie admite que ocurren cosas por accidente. Todo tiene un culpable. Cuando ocurre una tragedia todo el mundo tiene preparado su dedo acusador. Alguien tiene que tener la culpa. Y, lo peor, si ese alguien es el vecino de enfrente, el que no te cae bien, el que no piensa como tú, el diferente, el que no agita tu misma bandera..., mejor que mejor. Y si no la tiene, da igual. Tiene que tenerla y ya está. Y cuando en la ecuación entra el fascismo o cualquier otra irracionalidad totalitaria, entonces estamos perdidos. Para los cristianos todas las "desgracias" ocurridas durante siglos tenían a los judíos como culpables. Y los persiguieron, los expulsaron, los aniquilaron. El nazismo siguió culpando a los judíos. Y a los gitanos, y a los izquierdistas, y a los homosexuales, y a los enfermos... Y los persiguieron, y los aniquilaron. Por eso me hierve la sangre cuando hoy escucho al fascismo culpabilizando a los inmigrantes de todos los problemas. Por eso me hierve la sangre cuando los herederos del franquismo, esos que antes consideraban que las tragedias eran accidentes y productos de la voluntad de Dios y nunca pedían responsabilidad alguna, hoy, cuando los cadáveres están todavía calientes, ya han decidido que el culpable es el gobierno -no les hacen falta pruebas- y convocan manifestaciones violentas frente a una sede política que, si les dejaran, quemarían con sus trabajadores dentro. Me hierve la sangre que determinados políticos pidan dimisiones inmediatas cuando siguen protegiendo a Mazón y compañía, cuando se oponen siquiera a que se investigue la muerte de más de 7000 ancianos en las residencias de Madrid. Me hierve la sangre que tanta gente de la calle se muestre indignada, incluso suelte su lagrimita, mientras reclama conocer a los responsables mientras que en su cabeza y en su boca los responsables ya están señalados y coinciden con los que no piensan políticamente como ellos. Yo también pido dimisiones. Empezando por todos los que van a hacer de esta última tragedia otro campo de batalla para obtener réditos políticos.

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