domingo, 22 de marzo de 2026

Esto es un simulacro

El simulacro es el pan nuestro de cada día. Asistimos, sumidos en el estupor, al imperio de la insignificancia, al triunfo de lo efímero. Infinidad de personas, en lugar de vivir, dejan que la pantalla viva por ellas. Sustituyen el intento de ser felices por el deseo de serlo. Se refugian en la ilusión, constantemente desmentida por los hechos, de que los que mandan saben lo que hacen. Piensan que al final todo irá bien gracias a los desvelos de las élites, mientras el mundo se derrumba ante sus ojos cegados. La sociedad del espectáculo y la pulsión consumista es la perpetuación de la religión por otros procedimientos. Todo está condicionado para que no percibamos más que los efectos de superficie. Se nos invita a olvidar lo verdaderamente importante. No es que sea difícil separar las palabras del ruido, es que solo tenemos ruido. Nos anega una marea de populismo cultural de bajísima estofa que entroniza lo mediocre y vulgar como el non plus ultra. Lejos de trabajar por elevar el nivel intelectual y estético de la mayoría, se pugna por mostrarse servil hacia su gusto alienado y degradado. Lo vemos en la literatura, en el cine, en la música, en el entretenimiento, en la información. Dar gato por liebre es una estrategia de las élites en su afán de obtener el máximo provecho y monopolizar cualquier poder. Lo triste es que haya tantos prestos a aceptar gustosamente el gato, e incluso a pagarlo como si fuera liebre. Esto afecta tanto a las masas alienadas como a sectores supuestamente concienciados. No es extraño cuando la información está en manos de fundamentalistas, de mercenarios, de gacetilleros complacientes –y bien retribuidos– que manejan de forma descarada la mentira, la insidia y la falacia para servir a sus amos. Dándole la vuelta a lo que dijo Sir Horace Mann: este mundo es una tragedia para los que piensan y una comedia para los que sienten.

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