Ayuso, como todo gran ignorante, hace gala de una lenguaraz osadía. Cuanto menos sabe, más habla y, por tanto, más necedades salen de su boca. Es experta en coleccionar charcos. En todos se mete y en todos la caga. Pero sus electores votan fanatismo, no conocimiento y coherencia, por tanto nada importa. En una reciente entrevista en Ok Diario -la prensa "amiga" está para eso- Ayuso se quitó cualquier disfraz de demócrata y dejó una ristra de declaraciones que retratan con crudeza su proyecto ideológico ultra: defensa de la colonización como empresa “civilizadora”, falsas sospechas sobre el sistema electoral, ataques a la inmigración, consignas contra el aborto y una apelación constante a una España católica supuestamente asediada. Cuando las celebraciones religiosas ocupan la calle cada dos por tres, esto último mueve a la risa. En fin, más que una entrevista, fue una exhibición descarnada de revisionismo, agitación y deslegitimación política. Su "discurso" sobre la colonización de América, donde reivindica el papel de "los de la cruz" mientras minimiza los abusos históricos, es bochornoso por sus contradicciones, su uso político de la historia y su conexión con una agenda ideológica que enlaza directamente con el trumpismo. Su comparación de los movimientos indígenas con el comunismo o su afirmación de que la hispanidad solo llevó "libertad, paz y prosperidad" al continente, son de un nivel de estupidez difícil de superar. Si esta señora hubiese leído algo serio sobre este tema, en vez de hablar de paz y libertad, hablaría de genocidio, esclavitud y exterminio de indígenas para enriquecer con oro las arcas de la monarquía y los nobles conquistadores. El colonialismo español -como el inglés, el francés o el holandés- fue violencia integral, una violencia que integró destrucción cultural, abuso económico y desaparición física, no una una colonización evangelizadora y benigna. Baste un dato: 79 millones de amerindios fueron reducidos a 3,5 millones en siglo y medio. Estos fanáticos de las gestas del pasado deben entender que si se compra el relato de la grandeza imperial también se heredan las responsabilidades históricas de sus protagonistas, y no caben excusas sobre "que eran otros tiempos", rupturas institucionales o prescripciones temporales que blanqueen genocidios pasados. Pero claro, los que son como Ayuso manipulan la historia protegiendo su relato con el silencio y no con la Verdad.
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