sábado, 28 de marzo de 2026

Terminar

Noelia Castillo ya descansa en paz. Lo único que quería era dejar de sufrir. Ojalá donde esté no duela nada. Ojalá sea feliz, o al menos libre. Libre, sobre todo, de esa patulea de seres engreídos, petulantes y demagogos que desde sus creencias religiosas y políticas (que vienen a ser lo mismo) se creen con el derecho de decidir sobre la vida de los demás. Decidir sobre quién debe nacer o quién debe morir. En la tertulia del Hormiguero, ese espacio de "análisis filosófico" participado por indocumentados, sectarios, estómagos agradecidos y mangurrianes, Tamara Falcó declara que "no es partidaria de la eutanasia". Y añade: "Es súper difícil (oye, te lo juro por Snoopy) ante un dolor tan extremo como el que sufría esta niña, ponerme en su lugar...  Pero sí que he pasado por momentos muy difíciles en mi vida donde he pensado incluso en que no había salida, en sitios muy oscuros y sé que hay esperanza". ¿Qué coño sabrá la marquesita desde su cómoda y holgada vida de lo que son sitios oscuros?. Carlos Herrera, ese tipejo que se sigue creyendo un señor, opina que la eutanasia es "una derrota ética del Estado" (por poco se le escapa añadir "sanchista") mientras sigue apoyando la guerra de Israel. Estoy hastiado de esta gente que, envolviéndose en la bandera (española, por supuesto, de la libertad) ejercen una violencia muy específica al creer que una vida sana y holgada te da derecho a dictarle a alguien su sufrimiento. Qué disfrutan en convertir el dolor ajeno en su debate. En usar a Noelia -o cualquier otro- su nombre, su historia, sus heridas, como munición ideológica mientras ella pedía, con toda la lucidez del mundo, que la dejaran ir. Ya basta. Ya basta de la demagogia barata disfrazada de compasión. Ya basta de opinar sobre vidas que ellos no pueden ni rozar con la imaginación. Son la gente a quien representan asociaciones como Abogados Cristianos, esos falsos que reclaman un respeto a sus creencias del que carecen para las ajenas, en un ejercicio de total cinismo. Se creen que sus ideas deben prevaler al estar dictadas por una revelación de carácter divino, mientras que los consensos humanos no merecen crédito alguno cuando se oponen a las premisas de su doctrina. Me producen asco.

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