En una España que estaba aún sacudiéndose la caspa del franquismo y saliendo del tercermundismo técnico, la inauguración en 1992 de la primera linea de AVE supuso un orgullo tecnológico. Treinta y cuatro años después la Alta Velocidad española acumula una desconfianza que será difícil de superar. ¿Qué ha pasado para pasar de un estado a otro? Muy sencillo. Ha pasado España y su negativa evolución como sociedad. Ha pasado creernos nuevos ricos. Ha pasado morir de éxito. Ha pasado creernos que eso de bueno, bonito y barato es posible. Ha pasado querer tener unos lujos que no nos podemos permitir. Ha pasado que el nacionalismo barato sale caro; y que queremos ser punteros pero que lo paguen otros. Ha pasado que queremos servicios de primera a precio de saldo. Ha pasado que llevamos décadas invirtiendo para dar servicio al turismo sin pensar en los que aquí vivimos. Ha pasado que todo el mundo quiere máxima calidad y seguridad a precio de oferta. Ha pasado que la construcción de las infraestructuras de alta velocidad ha sido un negocio para los de siempre -con PSOE y PP en el gobierno- y nadie ha pedido fiscalizar. Ha pasado que cuando lo que hemos pagado todos se ha decidido "liberalizar" para dar paso al negocio privado nadie ha movido un dedo. Ha pasado que cuando la gente puede ir de Sevilla a Madrid volando en tren por poco más de 15 € nadie se pregunta dónde está el truco ni si eso se traduce en riesgos. Ha pasado que aquí solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y que nadie piensa que cuando las llanuras manchegas y las campiñas andaluzas se fríen a 40⁰ -algo que pasa cada vez más días al año- el acero de los raíles alcanza los 70⁰ y eso no hay infraestructura que lo resista. Y que en esta puñetera sociedad todo el mundo se queja, pide, exige, pero nadie quiere pagar impuestos pensando que los servicios nos los regalan. Y que después de Angrois y Adamuz todos tienen prisa por pasar página de la bronca política para abrir la siguiente. Ha pasado que aquí todos exigimos seguridad pero montamos el pollo si no me abren las vías para el próximo puente. Y que todos piden responsabilidades políticas, pero sólo si el que tiene que dimitir es "de los otros". Ha dicho el señor Bonilla que el corredor de alta velocidad de Andalucía ha dejado de ser seguro y ha exigido su inmediata revisión. Qué lastima que, sabiéndolo, no lo hubiese pedido ya este verano. O antes del puente del 12 de octubre. O antes del de los Santos. Pero claro, si lo hubiera hecho los agentes turísticos lo hubieran crucificado, porque el negocio es lo primero. Yo hubiera preguntado a Bonilla: ¿Cuándo cree usted que el Corredor será seguro? Yo respondo: "cuando el próximo Ministro de Transportes, del PP o de Vox, ocupe su despacho y le dé a la palanca de hacer dinero". Porque, además, mucho tiempo después seguirán culpando a los que se han ido de cualquier problema que pudiera haber. Pero, que conste, todos tenemos algo de culpa.
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