Te deseo más vida para amar más.
Pero no busques mil años de vida
sino sólo un minuto azul de sentimiento.
Te deseo la felicidad desnuda,
esa que no es sino un leve deslizarse
de brisas en el agua;
esa que se desvela
como la luz de un faro entre la niebla,
esa luz que aparece y desaparece
en el oscuro oleaje de los años
lentos como una cena en soledad.
O como la luz de una casa tras el recodo
cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.
O como el espacio del silencio
entre mi voz y la voz de alguien
revelándonte el espíritu de las cosas
con sólo nombrarlas.
Deseo que tú ánimo resista
como las alas plegadas de una mariposa
sobre la cumbre de la loma barrida por el viento.
Deseo que te atrevas a dibujar
en la escarcha de tu vida figuras sin sentido
sabiendo que nada durarán.
Que entretengas el camino
para cortar una ramita de olivo
y escribir tu nombre en la tierra húmeda.
Que no te importe que los días felices sean breves
como el viaje de la estrella que atraviesa el cielo,
pues siempre podremos reunir nuestros recuerdos,
así como el niño solitario
reúne guijarros para formar brillantes ejércitos.
Que nuestra gran y cálida esperanza
sea que siempre podamos hallar un día,
que no es ayer ni mañana,
donde mirando el cielo nacido tras la lluvia
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua,
nos convenzamos de que existe la vida
nacida de los sueños.
Y podamos compartirla entre sonrisas.
//
Que en esta Navidad de obligada ausencia
la silla que está vacía brille con luz propia,
iluminando vuestra alma,
llenándola de alegría y de paz iluminada.
La felicidad es un regalo,
un susurro del corazón,
la melodía suave que nos invade con emoción.
Se encuentra en los pequeños detalles,
en la sonrisa de un ser querido,
en la brisa que acaricia nuestro rostro,
en el amor que nos rodea con sentido.
Es un estado de plenitud,
un momento de gracia,
un instante de eternidad
que nos llena de esperanza.
Así que, amigo, busca la felicidad,
en cada amanecer y cada atardecer,
en cada nuevo día,
en cada sonrisa de los tuyos,
en cada sonrisa amable,
en cada latido de tu corazón,
porque, al final,
es lo único que importa en la vida.
Y sonreíd juntos mirando al cielo.
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