martes, 20 de enero de 2026

Hartazgo mediático.

Otra tragedia. Otra vez el mismo esquema. Bueno, casi. Algo se aprende. Está vez las autoridades se han coordinado con eficacia. La Junta, el Estado y los servicios de seguridad y emergencia se movilizaron desde el minuto uno de la tragedia; el contacto entre Transportes y Presidencia de la Junta fue fluido y permanente; la UME tomó el mando con destreza... La gente del pueblo ha vuelto a ayudar sin preguntar, sin ondear banderas, sin pedir certificados de pureza de sangre o de españolidad. Pero, ¡Ay!, los sospechosos habituales han vuelto a ver en esta tragedia un nicho propicio para hacer lo que mejor saben: odiar con toda su alma, mentir para propagarlo y manipular para abonarlo. Han decidido -son expertos en ello- escribir con la sangre de los muertos. Y se lanzan a falsear la realidad, a propagar bulos, a muñir sus tan queridas teorías conspirativas, o escupir sus cerbatanas políticas. Con todo ello producen vergüenza ajena, provocan asco. Y lo hacen, como siempre, para rentabilizarlo políticamente, para esparcir miseria, odio y miedo, incluso ante las súplicas de los familiares que aún no han pedido velar a los suyos. Pero ellos ya han iniciado su asquerosa tarea. Su voz está ahí para quien la quiera escuchar, sobre todo para los "suyos", para aquellos a los que les es más cómodo y rentable políticamente, asimilar el odio que las lágrimas . Es vomitivo, es triste, es espantoso; pero también es lo normal. Es la inmundicia hecha rutina. Y ahí están los mismos de siempre: Vito Quiles, Alvise, Negre..., es decir, Abascal y sus satélites mediáticos, pero también la inmunda y sibilina Ana Rosa Quintana, el esperpento de Miguel Bosé..., escupiendo bilis e inoculando odio. Hemos asumido que cuatro sabandijas mediáticas salgan al olor de la sangre para ganar un poco más de presencia; porque la presencia es poder y el poder es dinero. Es lo único que les importa. No piensan en nada ni nadie más. Su objetivo es derribar al gobierno para conseguir prebendas políticas. Qué importan las víctimas, el dolor de sus familias, todos los futuros que una tragedia borra en un instante; aquí lo primordial es su puto relato de sociópatas anormales con acceso a redes que será acogido con alborozo por aburridos TikTokers, mamelucos de Twitter o hooligans de partido a tiempo completo. Más clics, más odio, más puchero en la picadora moral. Ahora se abre el turno de las programaciones especiales, de la hiper atención mediática, de los "expertos" que tienen que ocupar horas de emisión, de los opinadores que tienen que asegurarse de que los llamen mañana... Ahora toca el circo mediático, que "el que pueda hacer, que haga". Agotada la información toca buscar el "lado humano de la noticia". Y ya sabemos lo que significa eso, una escalada hasta llegar a la obscenidad. Hasta que los muertos empiecen a resultarnos incómodos. Y mientras, mucha gente opinando, discutiendo, atacando, copiando y pegando lo que oye o lee en las redes, la prensa o la televisión, sin informarse mínimamente. Sin importarle. Sólo faltan los que se presenten en Adamuz a hacerse el selfie.

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