Muchos de los problemas de la sociedad española derivan de su falta de memoria. Uno puede no saber porque nunca ha aprendido. Pero cuando sabes y no recuerdas... ¡chungo!. La memoria colectiva es el marco que nos permite comprender el presente, aprender del pasado y proyectar el futuro. Sin ella, los hechos carecen de contexto, significado y continuidad. Después está el tema de la Justicia. Cuando me hablan de Dios como Juez Supremo me lo imagino en su estrado celestial, con su toga con puñetas y su birrete difícilmente acomodado sobre el nimbo triangular que corona su cabeza, impartiendo justicia a base de golpear con su mazo. Y, claro, así está la justicia en el mundo: hecha unos zorros. Los jueces terrenales, al menos en España, son como Dios, intocables. Es prácticamente imposible que en España a un juez que prevarica se le condene por prevaricación. No hace tanto que una avalancha de denuncias -impulsadas por organizaciones de extrema derecha-, causas judiciales abiertas y la labor diaria del periodismo mercenario logró reducir a Podemos a la insignificancia política. Desde su nacimiento en 2014, son muchas las causas abiertas contra el partido y sus figuras más destacadas. Grandes titulares y horas de radio y televisión crearon una idea muy negativa sobre la formación. Pero, ¿alguien se acuerda que pasó con estas causas judiciales?. Pues el Tribunal Supremo ha archivado un total de 29 querellas -casi todas- contra Podemos y sus líderes hasta 2023 y las que siguen abiertas, esperan, quizá, correr la misma suerte. Las querellas por Blanqueo de capitales y delito electoral, Desobediencia y organización criminal, financiación ilegal de partidos políticos, delito fiscal y blanqueo de capitales, las cuenta en Granadinas, el caso Dina, el caso Neurona... Todos archivados. El juez del caso Neurona, Juan José Escalonilla, tuvo que reconocer que incluyó "indebidamente" como investigado en la causa a Pablo Iglesias. Es un lawfare de libro, es la historia de decenas de acusaciones falsas, todas con el mismo objetivo: dar munición a las tertulias para difamar durante horas y horas, y así adulterar el sistema democrático mediante la intoxicación de la opinión pública con mentiras. Es corrupción periodística y es golpismo mediático. Aunque la acusación sea falsa, un juez activista, como Escalonilla, García Castellón o Peinado, pueden estirar el durante años para aplicar la "pena de telediario". Vaya como vaya el proceso judicial, el objetivo prioritario y que siempre se consigue es la difamación mediática y la intoxicación. Y, lo peor, ya hemos comprobado -caso del ex Fiscal General- que incluso sin pruebas estos jueces endiosados te pueden condenar. Conviene recordar todo esto cuando observamos lo que está pasando estos días.
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