Al menos antes, para ser de izquierdas había que leer y pensar más. Hoy, y siempre, para ser de derechas basta con estar orgulloso de tu propia ignorancia. En España algo que nunca ha faltado son los defensores de la ignorancia. Por un lado porque las clases más reaccionarias han coartado la difusión del conocimiento para preservar sus privilegios y someter a las mayorías. Por otro porque la izquierda, tras haber luchado durante mucho tiempo y apasionadamente por la educación, en el periodo más reciente ha abandonado "su viejo fervor por la instrucción pública" para sumarse a la derecha en la celebración de la ignorancia. La coartada ha sido la igualdad, la imposibilidad de segregar, no ya por capacidades, sino por actitudes e intereses. Hace ya demasiado la izquierda política decidió, erróneamente, que la ignorancia era liberadora y el conocimiento, cuando menos, sospechoso, incluso reaccionario. De aquellos lodos... La derecha necesita masas ignorantes para manipularlas y capitalizar su ignorancia. Es, además, maestra en maniobrar para moldear el pensamiento de multitudes, porque la gente no lee, pero si recibe memes, vídeos de Youtube y Tik Tok, sigue a influencers de tres al cuarto o ve El Hormiguero, Horizontes, En boca de todos y otros productos de la morralla mediática. Y, vaya por delante que, calzada por intereses mezquinos y gracias a la depreciación de títulos universitarios, doctorados y másteres, la ignorancia puede cabalgar sobre cualquier caballo formativo. Hoy las mayores falacias las sostienen poderosos medios desinformativos ayudados por la ignorancia de masas cosificadas por la corriente hegemónica, esto es, la de las grandes corporaciones que manejan armas, dinero, tecnología y mentiras. Quizá los medios no puedan lavar cerebros, pero son expertos en emporcarlos hasta asfixiarlos. A mí me basta con escuchar el odio que inyectan unos contra todo lo que huela a igualdad, solidaridad, diálogo, diversidad, respeto... para saber qué, sin asignar etiquetas, mi campo de juego está en todo aquello que sea bueno para los seres humanos. Para todos, sin discriminación de sexo, raza, orientación ideológica o sexual, creencias, nacionalidad... Mi lucha está con los que quieren terminar con la jerarquía de los opresores, los explotadores, los colonizadores, los sin escrúpulos, para alcanzar un sistema capaz de erradicar el interés del capital sobre los seres humanos y difuminar todo el fardo individualista, egoísta, racista, excluyente y opresor que nos ha amargado la existencia durante demasiado tiempo y que promete volver. Y procuro evitar a esos que, de tan miserables, sólo puedo calificar de enfermos mentales. Muchos de ellos, más que mala ortografía, lo que tienen una heterografía espantosa, además de disfrutar su amargura usando el lenguaje más soez.
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