Definitivamente los necios, ignorantes y engreídos, sin principios ni moral, han asaltado el poder. Al parecer con el doble objetivo de satisfacer sus caprichos y jodernos a todos. En su desvergüenza no se cortan un pelo en soltar bravatas y emitir opiniones y sentencias que oscilan entre la estupidez y la chulería, pero que producen siempre vergüenza ajena. Ahí tenemos a Trump. Cualquier narcisista, en su necesidad de admiración, atención constante y validación de su importancia, habla de si mismo o presume de sus logros. Él ningunea a la comunidad internacional, insulta a otros mandatarios, secuestra jefes de estado o amenaza con intervenciones militares. Ahora reclama atención con la posibilidad de una operación militar contra Irán. El Pentágono le ha advertido de los riesgos de una operación que podría convertirse en una intervención prolongada y con múltiples bajas estadounidenses. Su respuesta ha sido "desmentir", con una mentira, la existencia de discrepancias internas y asegurar que, si decide ir a por ello, sería "una victoria fácil". Como si de un partido de fútbol o una mano de parchís se tratase. Cero preocupación por las víctimas que ello produciría. Ni propias ni, mucho menos, ajenas. El mismo día, el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, un "pájaro" que ejerce de pastor bautista, causa un enorme revuelo diplomático al defender que el Génesis es un contrato con el pueblo elegido que avala la violación del derecho internacional. Y para que no quepa duda de su estulticia mental y su nula empatía con las víctimas, añade: "Estaría bien si se lo quedaran todo". Este tipejo, avalado por el propio Trump, defiende la estúpida canallada de que el derecho bíblico de los judíos, el "pueblo elegido", a quedarse con la llamada Tierra Prometida. Este cenutrio entiende que el Génesis es un contrato de propiedad en toda regla y puede cumplirse. Es decir, antepone un estúpido derecho celestial por encima del derecho terrenal de otros pobladores, como los palestinos. Para qué queremos normas de derecho internacional pudiendo echar mano de la ridícula interpretación que de un texto bíblico pueda hacer un papanatas que se cree, como su jefe supremo, un iluminado.
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