Estamos en plena operación de rehabilitación del Emérito con vistas a su "regreso triunfal". El montaje se inicia con la visita de Aznar con el rey emérito en febrero, publicando una imagen en redes sociales donde lo ensalza como el "Rey de las libertades y la democracia" en España. Ya sabemos qué significado real tienen estos términos para quién sigue manteniendo que en Irak había armas de destrucción masiva o qué ETA fue la autora intelectual de los atentados del 11M. Pura bazofia. Pero entre truhanes anda el juego y el Borbón ha buscado ayuda entre sus afines ideológicos de menor exigencia ética. La desclasificación de los archivos del 23F es otro paso en la operación, bien aprovechada por ciertos sectores políticos para intentar rehabilitar la imagen de Juan Carlos. Los "papeles" que lo involucran en el golpe de estado han volado. Feijóo, en su papel de felpudo, ha aprovechado la desclasificación para pedir su regreso del emérito a España. En un mensaje en la red social X, Feijóo afirma que "sería deseable que el Rey Emérito regresara a España para pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país", destacando su supuesto papel en el 23F. Esta petición no es aislada: el PSOE, siempre tan servil a la Corona, no se opone, aunque marca distancias: "la decisión de si regresa o no a España depende exclusivamente de él", ha dicho el gobierno y que nunca se le ha impedido volver. ¿Dignidad? ¿Para quien lleva toda una vida de mentiras e indignidades? ¿En su país, ese al que ha defraudado fiscalmente y traicionado teniendo cuentas en paraísos fiscales? Juan Carlos I no merece un regreso triunfal; merece un juicio por sus actos. Todos. Su implicación en el 23F -ampliamente demostrada por historiadores, periodistas y biógrafos independientes- es solo la punta del iceberg de una vida marcada por el abuso de poder, el desenfreno sexual y la corrupción económica. Hablemos claro: sus escándalos sexuales evidencian que es un putero compulsivo. Según informes del Ejército español, entre 1976 y 1994, mantuvo relaciones con "2.154" mujeres. No le fue fiel a la reina Sofía ni en su luna de miel. Esta adicción al sexo no es anécdota; es un patrón de abuso de privilegios que lo convierten en un personaje indigno. Peor aún son sus escándalos económicos, que revelan a un ladrón que saqueó fondos públicos y privados. En el golpe de Estado el rey no fue un héroe, fue un oportunista que traicionó a sus secuaces cuando vió que no tenían un apoyo masivo y que aprovechó para salvar su corona cuando el plan se torció. Como su abuelo, como su bisabuela, como otros Borbones impresentables, éste se merece el exilio auto impuesto. El pueblo español no debe aceptar su regreso. Juan Carlos I es un golpista, un putero y un ladrón que debería ser juzgado, no rehabilitado. Basta ya de blanqueo: su legado es de vergüenza, no de gloria. Pero claro, el pueblo español ha sido siempre servil, tiene políticos expertos en genuflexión, unas enormes tragaderas y, ahora, está entregado al populismo radical de derechas. De hecho, no está ya de vuelta porque el PP no está en el poder. Pero, tranquilos, que su impunidad está asegurada. Y si Franco resulta ahora que es bueno, Juan Carlos será declarado rey ejemplar con poderes de superhéroe y seguiremos pagándole sus caprichos y sus vicios.
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