Hoy se cumplen 50 años de la muerte de un dictador que hizo de España su cuartel y su capilla, su pabellón de caza y su plaza de toros, su finca y su psiquiátrico para tenerlo callado, acomplejado, lejos del mundo, conforme en su ignorancia y resignación. Hoy, muchos de los que vivieron la dictadura ya no sienten la vergüenza de haber sido sumisos, incluso experimentan el consuelo de haber "prosperado" en una economía tan paternalista como explotadora, aunque fuera a costa de bajar la cabeza ante el cura, el militar y el patrón, sobre quienes se sustentaba el régimen fascista. El adoctrinamiento, el miedo y la muerte hicieron bien su trabajo. Ahora, la incertidumbre, y de nuevo el miedo, recuperan el falso relato de una dictadura salvadora y benéfica y un glorioso pretérito de España. Sólo eso explica la falacia del "con Franco se vivía mejor". ¿Mejor? ¿Cómo se puede decir que un régimen marcado por el miedo, la represión y la falta de libertades es mejor?. Donde la violencia policial y hasta la tortura eran normales. Donde la vida cotidiana estaba impregnada de un miedo constante, alimentado por una omnipresente red de vigilancia y delación. Donde la gente se autocensuraba, evitando hablar de política o expresar opiniones críticas con el régimen por miedo a las represalias, que podían incluir arrestos, torturas, despidos laborales o incluso la muerte. Donde la censura era una herramienta fundamental para controlar la información y manipular la opinión pública. Donde miles de personas fueron arrestadas, torturadas, encarceladas o ejecutadas por sus ideas políticas. Donde la libertad de expresión, la de asociación, la de reunión y la de movimiento estaban severamente limitadas. Donde las manifestaciones y las huelgas estaban prohibidas, los viajes al extranjero estaban restringidos, autonomía y la libertad de los ciudadanos. Donde se exigía un permiso para cambiar de domicilio o para abrir un negocio. Donde la gente pasó hambre, los niños estaban comidos de piojos y millones de españoles se vieron obligados a emigrar. Donde una mujer no podía viajar o abrir una cuenta de ahorro sin la autorización del marido. Donde la represión sexual ejercida por la moral nacionalcatólica era brutal. Donde los homosexuales eran perseguidos y vejados y, como otras minorías eran perseguidas por vagos y maleantes. Donde el adulterio de la mujer estaba tipificado como delito, era imposible divorciarse y abortar te llevaba a la cárcel. Donde la igualdad de oportunidades era una falacia y el grado de desigualdades económicas era escandaloso. Donde un maestro ganaba unos 130 euros al mes y el SMI era de 50 pesetas (0,30 euros). La ignorancia es tan mala como la desmemoria.
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