miércoles, 19 de noviembre de 2025

Se murió la rabia

Pronto comenzarán a darnos la matraca sobre la conmemoración del cuadragésimo séptimo aniversario de la aprobación de la Constitución, ese sacrosanto documento para todo español de bien que -como El Quijote- no se ha leído ni el Tato, salvo que haya opositado a un puesto en la administración. Aunque este año el evento estará solapado por el de la celebración del quincuagésimo cumpleaños de la restauración monárquica, al que algunos gañanes intelectuales, sin tener ni pajolera idea de lo que hablan, califican de "momento de la vuelta de la democracia". Muchos chupamedias de espíritu servil han contraído ya una grave luxación de espalda de tanto ensayar sus genuflexiones, mientras que la plebe aduladora, entregada a la causa principesca, se reúne en polideportivos, polígonos industriales y descampados varios para ensayar sus cánticos de apoyo a la Corona. Los preferidos son: "Juan Carlos, machote, regresa ya, cipote"; "ao, ao, ao, Felipe el preparao" y "Leo, chulapa, guapa, guapa y guapa". Cuando pienso en nuestra séptima constitución, me acuerdo de una frase del Conde de Romanones: "ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento". No soporto el cinismo que supone que el artículo 14 diga que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo..., cuando el art. 57 establece un orden de sucesión hereditario con preferencia del varón sobre la mujer. O que el 56, establezca que el Rey es inviolable y que no puede ser imputado por ningún delito o procesado mientras ostente la Jefatura del Estado. Me parecen una burla los artículos que nunca se han hecho efectivos, como el 47 sobre vivienda; el 35 sobre el derecho al trabajo; el 16.3., que dice que ninguna confesión tendrá carácter estatal mientras se mantiene el Concordato con la Santa Sede; el 128.1., que dice que "toda la riqueza del país (...) está subordinada al interés general", mientras privatizamos como si no hubiera un mañana... Pero lo que no soporto es a esos cagalindes, con la lengua más larga que el conocimiento, que proclaman que la Constitución "nos la dimos todos los españoles”. ¿Todos? Mira, zote, en el referéndum de ratificación, 7,8 millones, de los 26,6 de posibles votantes, se quedaron en su casa; 1, 4 millones dijeron que nones; 760.000 votaron en blanco o su voto fue nulo; y, sobre todo, hoy apenas viven 10 millones de españoles de los que "pudieron" votar aquella Constitución. Es decir, tú "todos" significa uno de cada cinco. Pero, eso sí, celebraremos las bodas de oro de una monarquía que votamos cero españoles.

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