sábado, 31 de enero de 2026

Kakistocracia

Casi sin darnos cuenta, en muchos sitios se está pasando de la democracia -imperfecta, pero el menos malo de los gobiernos posibles- a la Kakistocracia (derivado del griego kakistos -el peor), un sistema de gobierno gestionado por los ciudadanos menos adecuados, más incompetentes o más inescrupulosos. Líderes que priorizan la obediencia sobre la competencia, que desmantelan las instituciones a través de gobiernos percibidos como “destructores” de la institucionalidad democrática, aplicando el poder del Estado para destruir o eliminar estructuras gubernamentales o estatales que ellos consideran disfuncionales y hostiles. Líderes que coexisten con la falta de ética, donde la mala gestión se asocia a la promoción de prácticas antidemocráticas, falta de transparencia y el uso de la administración pública para beneficio personal o partidista. Líderes que ejercen una mala gobernanza en general, en la que las políticas públicas son frecuentemente ineficaces o diseñadas para beneficiar a un determinado grupo de interés en detrimento de la sociedad. La Kakistocracia captura el descontento y los temores de la ciudadanía y los aprovecha en beneficio propio. Elige candidatos que carecen de la experiencia o habilidades necesarias para desempeñar un gobierno para todos, con antecedentes de corrupción, malversación de fondos o involucrados en escándalos que demuestran falta de ética, pero que fascinan a mucha gente. Sí, el gobierno de los peores ya está aquí. El líder es sólo un figurante, no es el que toma decisiones, es el "elegido" para ser utilizado y, cuando interese, será desechado. No es casualidad que estemos siendo gobernados por los peores; es una elección de otros en la sombra que encumbran a los incompetentes e incapaces, los más inútiles, los que aceptan sin sonrojarse un cargo para el que no están preparados. A los que de verdad son válidos y honestos se hace todo lo posible para que no lleguen al poder: se les ignora, se les silencia, se les ningunea, se miente o fabula para destruir su imagen... Y si, aún así, logran llegar, primero intentan doblegarlos y si se resisten, destruyen su imagen, los "derrocan", matan o secuestran. Pero, ¿por qué la ciudadanía vota a los incompetentes? Pues resulta que las técnicas de ingeniería social, aplicada a través de las redes y unos medios oligopolizados, han conseguido una sociedad saturada de información donde sobre abunda la falta de información veraz. Y sin ella no puede haber pensamiento crítico y criterio personal correctamente formado. Por eso la sociedad vota al relato y no al candidato. La caquistocracia se alimenta y es alimentada por una sistemática inmoralidad violenta del uso del poder que, poco a poco, reemplaza la democracia por un sistema falso, inmoral, astuto y cínico, a menudo abiertamente perverso. ¿Y ésto tiene solución?. Pues, visto lo visto, parece difícil. Quizá si intentásemos desterrar la kakistocracia dentro de nosotros mismos como individuos; si leyésemos un poquito para ignorar un poco menos; si no practicásemos el hooliganismo político y moral; si cultivásemos más la objetividad y la conciencia crítica; si no nos dejásemos gobernar por nuestros peores impulsos; si abjurásemos de la tiranía del bribón y del tonto que cada uno de nosotros alberga dentro, más o menos. Ah, y si mandásemos muchas de las aplicaciones de nuestros móviles a tomar viento y apagásemos esas cadenas y emisoras que parecen tener como única misión encabronar nuestra existencia a tiempo completo... Quizás entonces. Ya sé que un gobierno de poetas y utópicos visionarios no es viable pero, hombre, un poquito de decencia y racionalidad, no nos vendría nada mal.

viernes, 30 de enero de 2026

Cristianos no, Católicos.

Observo últimamente como los ultras españoles han emprendido una campaña para reivindicarse como católicos antes que como cristianos. Por una parte, supongo que en su huida hacia la "pureza de sangre", les produce repelús que les puedan identificar con esa -para ellos- "morralla" de "hermanos de creencias de base" que son los protestantes, los evangelistas, etc. Por otro lado, es obvio que ser católico resulta menos exigente moralmente que cumplir los valores esenciales del cristianismo. El mensaje original del cristianismo sitúa la defensa y ayuda a los pobres como un mandato central, reflejando el amor de Dios y el ejemplo de Jesús, quien se solidarizó con los marginados. La fe debería impulsar a la justicia social y a la acción concreta a favor de los necesitados. ¿Qué mierda de mensaje "zurdo" es ese?. El “ultracatólico” extrema y radicaliza su fe, exagera hasta la intransigencia. Su cristianismo es el del nacionalcatolicismo, no muy alejado del de Torquemada, caracterizado por un integrismo que defiende una interpretación rígida de la moral y contraria al laicismo. Estos católicos, a menudo asociados a la extrema derecha, buscan imponer valores tradicionales, rechazando derechos y diversidad social. Utilizan su interpretación del catolicismo para justificar la discriminación y promover una agenda de odio contra derechos civiles. No olvidemos que se han ido oponiendo a todo tipo de avances: al divorcio, a la despenalización del uso de anticonceptivos, al aborto, al matrimonio homosexual, a la igualdad de género, a la eutanasia... Para ellos, todo eso parece ser que destroza la familia como unidad básica de la sociedad. La suya. Ellos son muy cristianos -perdón, católicos-, pero no he visto nunca a estos ultra católicos manifestarse contra el hambre en el mundo, contra el paro, contra las guerras, contra los bajos salarios o pensione, contra la corrupción bancaria, contra los desahucios de viviendas de familias carcomidas por un sistema ultraliberal. No ahí nunca están. El amor al hermano, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza, los pobres como albaceas del reino de Dios, los suburbios como vergüenza de los lujosos barrios no hay que tomárselos muy en serio. Ante bocas hambrientas los ultracatólicos no se sienten aludidos y proclaman que siempre habrá pobres porque es ley de vida. Y seguro que así es. Pero ellos no moverán un dedo por ayudarles. Para todo tienen explicación, aunque sean sacrílegas. Mientras, cientos de sacerdotes jóvenes de mentalidad reaccionaria proliferan en muchas diócesis. Se les conoce en el ambiente religioso como la fachosfera católica: sacerdotes, relativamente jóvenes, formados en seminarios ultraconservadores, simpatizantes de la ultraderecha y defensores de la férrea moral de Juan Pablo II que, incluso, llegaron a pedir a Dios la muerte del Papa Francisco. Ya otro día hablo de la auto victimización de estos nacionalcatólicos.

Irresponsabilidad y odio

Lo tengo claro: el odio es la principal enfermedad de nuestro tiempo, al menos en las sociedades occidentales. También es un signo inequívoco de decadencia. El hombre no nace odiando, son el medio en el que nace y las "enseñanzas" que recibe las que condicionan su devenir, su forma de ser, su proclividad hacia la indiferencia, la insolidaridad o el odio al diferente. La maquinaria de desinformación y adoctrinamiento global se ha hecho tan grande, tan reiterativa, tan rápida y efectiva, que de poco valen las voces de protesta que se alzan contra su forma de actuar. Hemos banalizado la guerra, el hambre, la injusticia. Permanecemos callados cuando se hacen las mayores atrocidades delante de nuestras narices, toleramos que nuestros hijos no sientan el menor miedo ante la amenaza del fascismo, nos da igual que no sepan que en el fascismo no existe la ley, ni la justicia, ni la palabra, sólo el silencio, la humillación y la muerte. Me dan pena esos jóvenes que se dedican a cantar en las discotecas el Cara al Sol. Pero más pena me dan esas personas mayores, de barrio obrero, con una vida de privaciones por detrás, un presente de carencias y necesidades para sus hijos y un futuro sin horizontes para sus nietos que han hecho del odio su principal bandera. Son gente que, atemorizada, pierde el norte y se dedica -como otros más jóvenes- a despotricar todo el tiempo contra todo y contra todos como si no hubiese un ayer, como si siempre hubiesen vivido en Jauja. Son personas que no se callan en ningún lado, que te exponen sus ideas y opiniones sin que se las pidas, sin miramiento, sin respeto a lo que tu puedas pensar, sin educación. Personas que hacen apostolado las veinticuatro horas del día, que sueñan con un pasado inexistente cara al sol, pero sobre todo con ver despellejado a Sánchez, el responsable de todos sus males -los reales y los ficticios-, el "antiespañol" por excelencia, el hombre que quiere destruir España para entregársela a los moros, a los rumanos, a los menas, a los comunistas, a los okupas, a vascos y catalanes, a los homosexuales, a los proabortistas, a ETA. Un tipejo -piensan- que lleva ya años "hundiendo" España, aunque a ellos no les va del todo mal. Todavía -al menos la mayoría- no hablan de matar, pero si de "limpiar" el país, de volver a lo que había antes. Pero no tienen clara la referencia temporal. ¿En qué momento antes?: ¿hace 40 años, cuando ellos eran jóvenes?, ¿hace 60, en plena dictadura, en un contexto de falta de derechos y libertades?, ¿hace 85 años, con una España destruida, hambrienta y comida de piojos? Tampoco saben, o recuerdan, que la última vez que se limpió España ésta se llenó de miles de fosas comunes. Pero se vive bien odiando, te sube el colesterol, los triglicéridos y la tensión, no es bueno para la salud cardiovascular, pero anestesia conciencias y te libera de responsabilidades: nada como culpar de tus problemas, de tus complejos, de tus miserias, de tus carencias a los que vienen del otro lado de la frontera, a los que son o piensan diferente. Nada como no asumir ninguna responsabilidad. Pero con ello, no entienden que eso no va sólo de asignar culpas a otros, sino también de entregar tú futuro a quienes sólo piensan en el suyo.

jueves, 29 de enero de 2026

Expulsar inmigrantes y otras mierdas

Los mismos de siempre siguen con su campaña permanente de acoso y deseo de expulsión de las personas migrantes. Su principal argumento como siempre son las mentiras, como que son quienes más usan los servicios médicos o municipales, que viven de ayudas sociales, que "quitan" el trabajo a los nacidos en España, o la falacia del concepto del "gran reemplazo". ¿Pero de qué mierda me estáis hablando? Los datos económicos les quitan la razón. Un reciente informe de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos, al hablar de los nuevos afiliados a su régimen concluye que sin los extranjeros no habría ni crecimiento del autoempleo ni nuevas aportaciones a la Seguridad Social (S.S.) Y da un dato: de los nuevos afiliados en 2025 en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, el 77% corresponde a personas de procedencia extranjera. Según la asociación, cada nueva alta aporta una media anual superior a 3.500 € en cotizaciones, es decir, 3.500 € más de lo que aportó Abascal en toda su vida laboral hasta que empezó a cotizar como político. La S.S. ha superado ya los 3,1 millones de trabajadores extranjeros afiliados, superando el 14% del total de cotizantes. Más datos demoledores: el Banco de España calcula que el 25% del crecimiento del PIB español lo genera la población migrante, y se calcula que aporta el 10% del total de ingresos a la S.S, suponiendo -por contra- sólo un 1% del gasto. Otro dato: el Banco de España calcula que nuestra economía necesitará entre 24 y 25 millones de inmigrantes adicionales hasta 2053 para mantener la relación actual entre trabajadores y pensionistas ante el envejecimiento demográfico. Ante estos datos a muchos se les debería caer la cara de vergüenza porque desenmascaran sus mentiras. Otros deberían reconocer su ignorancia. Y muchos otros deberían darse cuenta de lo ilusos que son permitiendo que les tomen el pelo. Pero los que proclaman las mentiras no cejarán en su empeño, porque a ellos "se la suda" la verdad, la economía española, España y los españoles. A ellos les da igual qué sería de las personas dependientes, como niños o mayores, qué sería de la agricultura, de la construcción, de la hostelería, del comercio..., sin inmigrantes. A estos muñidores de la mentira les da igual que los expertos adviertan que hay profesiones que ya no están teniendo reemplazo generacional, que digan que la única fórmula válida para revertir el vaciamiento rural es la llegada de inmigrantes, aunque después vendan su falsa preocupación por la España vaciada. El 40% de los autónomos españoles tienen más de 60 años, es decir que en 5 años se pueden jubilar medio millón de profesionales. ¿Quiénes esperan los que mandan mensajes xenófobos que cubran sus vacantes? Y un último dato: las prestaciones sociales son recibidas en su 85% del total por españoles, yendo a extranjeros sólo el 15%. Los extranjeros son hoy el 14,1% del total de los empadronados en España. Y, finalmente, es mentira que existan en España ayudas exclusivas para inmigrantes. Lo que si va a misa es que los migrantes irregulares no tienen acceso a ayudas del Estado. Aquí el único reemplazo que se planea es el de la explotación de españoles cuando se expulse a los extranjeros. Y ojalá pudiéramos también reemplazar la ignorancia por conciencia crítica.

miércoles, 28 de enero de 2026

No sé si Dios existe, pero Trump sí existe.

Para no ser creyente me asalta con cierta recurrencia la reflexión sobre la existencia o no existencia de Dios. Quizá sea un mecanismo para liberar la presión que me provoca tanto y tan continuo argumento de que, en caso de existir, sería un ser poco recomendable. Pero, por otra parte, me fascina ver cómo esa entelequia divina es -lo ha sido siempre- objeto de explotación partidista. A muchos, el intento de magnicidio hacia Trump, que apenas le hizo una pupita en una oreja, es una prueba más que contundente de que Dios no existe. Pero en, caso de hacerlo, las derechas tendrían razón al pensar que es de derechas. Si pensamos en el genocidio de Gaza, los musulmanes tendrían razones más que fundadas para pensar que su Dios no existe. O es un vago. O un inútil. Los sionistas, por el contrario, pensarán que el suyo sí existe y, además, les ayuda. Aunque si fuera así, valiente mierda de Dios que favorece la matanza de inocentes. A lo largo de la historia han sido las derechas las que sin duda han sabido "ordeñar" mejor a Dios en beneficio propio. Mucho mejor que las izquierdas creyentes, que en este asunto han sido unos bisoños, unos dejados, pues jamás han utilizado a Dios para hacer políticas públicas de izquierdas. Han permitido así que las derechas hayan capitalizado a Dios, como si el evangelio no tuviera fundamentos más que sobrados para asentar una política a favor de los de los pobres de este mundo y en contra de los mercaderes del templo. Sin embargo las derechas se presentan como defensoras de los principios del cristianismo, pero rechazarían la moción de Jesús de Nazaret para proclamar que el Reino de Dios pertenece a los pobres y votarían en contra de sus medidas a favor de los necesitados, enfermos y oprimidos. En estos momentos, al menos para mí, el gran problema existencial no es si Dios existe o es sólo un plan de pensiones moral de cara al más allá para mucha gente. El problema es que Trump, Netanyahu, Milei o Putin existen. Y eso demuestra que el mal existe. Y, lo peor, existe porque hay gente que quiere que exista usando para ello su derecho a voto. En fin, que tenemos bastantes religiones para odiarnos unos a otros, pero no la útil para amarnos. Y Dios sigue descansando después de su creación del mundo. Pues Él verá, pero así no va a cotizar lo suficiente para una pensión contributiva. Se va a tener que conformar con una asistencial y aguantar que sus cristianísimos ultradeguidores le acusen de cobrar una "paguita".

Vivienda y vividores

 Me dan grima los que se hacen cruces cuando se publica el dato de la edad media con la que se independizan los jóvenes españoles. Y, directamente, asco cuando en su papel de cuñado borracho en la barra del bar tiran de argumentos como que "es que en casa de tus padres se vive mejor"; "no piensan en el futuro" o "sólo les gusta divertirse y no ahorran". Estos memos creen que independizarse tarde es una cuestión cultural española y muy española, casi una elección. Son tan cortitos que no entienden que el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural que condiciona toda la vida adulta. No es una cuestión de prioridades ni de sacrificio personal: es una cuestión de números que no cuadran porque se prefiere proteger el derecho de algunos. Y la "cortedad de miras" está muy extendida. La prueba es que mucha gente se ha creído el bulo de la derecha de que el principal problema de la vivienda es la okupación, convirtiéndolo de consecuencia en causa. Da igual que les digas que la okupación en España afecta a un porcentaje muy bajo del total de viviendas: en torno al 0,05% , y que sin embargo, un 60% de los hogares españoles experimenta problemas relacionados con la vivienda. Los "de siempre" tienen la clave del problema: hace falta suelo. Y la solución perfecta: hay que liberalizarlo y construir más. De nuevo sus soluciones benefician a los que hacen negocio con la construcción. Además, les da igual la experiencia del estallido de la burbuja inmobiliaria. Quieren vender que el problema de la vivienda es su falta, cuando en España hay 3,8 millones de viviendas vacías, cuando las nuevas viviendas a precio de mercado seguirían siendo inaccesibles para una mayoría. Pero ellos saben que el problema es que el motor del mercado ya no es la necesidad residencial, sino la rentabilidad. Se compra para invertir, no para habitar. Esta dinámica es la que reduce la oferta real y presiona los precios al alza, tanto en la compra como en el alquiler. Y el problema de la vivienda ya es la base de otros de igual gravedad: La deuda hipotecaria y los precios de los alquileres empobrecen a un alto porcentaje de población; ya hay zonas donde estos precios están expulsando a los funcionarios, que, tras pagar el alquiler, no les llega para vivir. Cada vez más universitarios están empezando a renunciar a sus estudios porque no pueden pagarse un alquiler. El problema de la vivienda tiene un impacto directo en la salud mental, afecta a las relaciones personales, a la autoestima... Con salarios bajos, contratos precarios y un paro juvenil que sigue siendo elevado, la emancipación se retrasa más allá de los 30 años o se convierte en un proyecto frágil. Ahorrar resulta casi imposible y cualquier imprevisto pone en riesgo la estabilidad. Y muchos menos siguen preguntándose, por ejemplo, por qué es tan baja la natalidad en España. Parece evidente que resolver la crisis de la vivienda no es solo una cuestión económica, es una cuestión de dignidad y justicia social. Pues ya verás como muchos afectados correrán a coger la papeleta de los que creen que la justicia social es una aberración.

Los anti paguitas

La crispación seguirá aumentando si el personal no se da cuenta de que la política no va de campañas electorales, de polémicas continuas entre partidos que se aferran o quieren alcanzar el poder a toda costa, de eslóganes y declaraciones incendiarias de minuto y medio para que se vean en los telediarios, de polarización o griterío mediático. No, qué va. La política va de organizar la convivencia, no de favorecer el enfrentamiento. Va de administrar los recursos para alcanzar el objetivo de una vida mejor para todos, no para algunos. Por eso me indignan esos miserables que cuando el dinero de todos va a parar a manos de -por ejemplo- empresarios hablan de "ayudas" y cuando está destinado a los más vulnerables hablan de "paguitas". Así, usando un diminutivo intencionado, despectivo, hiriente. Y lo peor es que lo que más desprecian no es que ese dinero vaya a gente necesitada y no a cubrir sus intereses. Lo peor es que su desprecio va dirigido a quiénes lo reciben. Da igual que sean algunos de los colectivos a los que odian, los desempleados mayores de 55 años o los jubilados que reciben una pensión no contributiva. Si, porque ellos distinguen entre pensiones, que son las que ellos recibirán después de media vida madrugando (aunque eso no es lo mismo que trabajando) y de paguitas, que es lo que ellos creen que reciben los "parásitos" que no han trabajado nunca. Porque, para ellos, una mujer que ha dedicado toda su vida a sacar a su familia adelante sin haber cotizado, no ha trabajado nunca. Ellos no reparan en lo que una pensión de apenas 600 Euros, o 900 -qué más da- significa. Y mantienen que las "paguitas" son un regalo, una carga, un exceso que el país no se puede permitir. A esta gente socialmente egoísta e insolidaria yo le aplicaba un ejercicio obligado de empatía, haciéndoles vivir unos meses con el ingreso de una de estas paguitas para que sufriesen en carne propia lo que es tener que apagar un triste brasero antes de tiempo, comer de ofertas o la fruta elegida por precio, no poder ir al dentista, ni hacer una sola escapada de fin de semana o salir a cenar, o que el chaquetón de polipiel te dure más inviernos de los razonable. A lo mejor bastaría con que visitasen, una vez a la semana, a uno de esos abuelos que con su corta pensión tiene que pagar el material escolar, o el anorak de mercadillo de la nieta, o ese recibo de la luz que te amenazan cortar, o el alquiler que ha subido este nuevo año. Podrían vivir entonces el vértigo de esas jubilaciones que no cierran una etapa, sino que la reabren: donde vuelve la responsabilidad, el miedo, el silencio, la enésima estrechez. Quizás entonces esa gente entendería que la política no va de eslóganes interesados, y que conviene evitar a los que convierten una vida concreta en una cifra abstracta, la insolidaridad en un argumento táctico. Estoy harto de esa gente que idealiza la pensión y desprecia al pensionista y que, a proporcionar algo de dignidad, lo llaman gasto.

martes, 27 de enero de 2026

Esquizofrenia y Alzheimer.

Las derechas españolas sufren un curioso trastorno mental que reúne síntomas de Alzheimer, con preocupantes olvidos del pasado, y de esquizofrenia, con pensamientos y comportamientos que le dificultan distinguir la realidad de la fantasía. Así, por un lado, llevan tiempo cultivando la añoranza del pasado más nefasto de la reciente historia de España -léase dictadura-, al que adornan de grandezas y beneficios que nunca tuvo (síntomas de esquizofrenia) y, por otro lado, acostumbran a tener clamorosos olvidos de un pasado más reciente: el que corresponde a sus gobiernos (síntoma de Alzheimer). El PP se ha lanzado con el cuchillo entre los dientes a tronar contra la regularización extraordinaria de migrantes que aprobará el gobierno. Feijoo, tras relacionar la velocidad con el tocino, es decir, el accidente de Adamuz con la regularización, ha dicho: "En la España socialista, la ilegalidad se premia". ¡Ah, qué tiempos aquellos cuando Aznar regularizó a 425.000 inmigrantes!. Pero, claro, aquello fue "un mecanismo de arraigo necesario para ordenar el flujo migratorio". PP y VOX acaban de votar en contra de la subida de las pensiones contributivas en un 2,7% y de las mínimas en más de un 7%. De hecho es lo que hacen siempre que se vota la subida de salarios o pensiones. Pero, según Feijoo, el gobierno juega con los pensionistas. ¡Qué tiempos aquellos en los que Rajoy reformó el sistema para desligar su cálculo del IPC y establecer que, de haber déficit, solo podrían subir un 0,25%. Así lo hizo en 2012, 2013 y 2017. Tras el accidente de Adamuz Feijoo clama contra el gobierno: "La inversión en mantenimiento ferroviario es absolutamente insuficiente", dice. El dato es que entre 2018 y 2025 (gobierno de Sánchez) se han invertido en promedio cerca de 350 millones al año en mantenimiento. ¡Qué tiempos aquellos, entre 2012 y 2018, cuando el gobierno de Rajoy destinaba, en promedio, 250 millones de euros anuales. Y así todo. Para Ayuso, ETA sigue viva. ¡Qué tiempos cuando Aznar llamaba a estos terroristas "Movimiento de Liberación Vasco! Para el PP, Cataluña sigue siendo un cáncer para el Estado. ¡Qué tiempos cuando Aznar pactaba con Pujol y hablaba catalán en la intimidad!. Feijóo dice que "España está al borde del colapso" (la nueva versión de la matraca de "España se hunde"). Lo dice el día en el que se confirma que el paro cae por debajo del 10% por primera vez desde la gravísima crisis de 2008. ¡Qué tiempos aquellos del primer trimestre de 2013 cuando, gobernando Rajoy, se alcanzó el record del 27,16 % de paro!. En fin, el Alzheimer es preocupante y la esquizofrenia, paranoide.

El del pelo azafranado

Hay una fuerte disputa entre los que creen que Trump es muy inteligente, casi un genio, y los que simplemente piensan que es imbécil. No voy a terciar. Sólo digo que si es inteligente permanece asintomático. Si le reconozco su impresionante talento para verter exabruptos cada vez que abre la boca y para hacer muecas, gestos y bailecitos estúpidos. Lo grave no son sus groserías, rebosantes de amenazas. Hay mucha gente así. Gente a la intentamos evitar. Lo grave es que quien las escupe tiene poder de verdad. Y mucho. Aunque solo lleva un año de su segundo mandato, Trump ha convulsionado nuestro mundo y, yo juraría, que lo ha empeorado notablemente. Su propio país comienza a parecerse a una de esas distopías que anuncian el fin del mundo. La última hazaña de su ICE (lo más parecido a la Gestapo) después de asesinar a sangre fría a un hombre "peligrosamente armado" con un teléfono móvil, fue la captura del peligroso maleante ecuatoriano, Liam Alexander Conejo Arias, de cinco años, cuando volvía del colegio. Trump ha llevado la distopía a territorios jamás pisados. Todas sus medidas son desesperadas, parche a parche, impulso a impulso, fuera de cualquier plan previo y lógica, pensadas más con el culo y la cartera que con la cabeza. Hay un dato que no conviene olvidar: este fantoche ha sufrido la derrota en veinte de las veintiuna elecciones "menores" que se celebraron durante 2025, un circuito que se coronó con la victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Recordemos que muchas acciones militares de EE.UU. en el mundo se han producido cuando un presidente americano ha necesitado elevar sus bajos niveles de popularidad. Según Gallup, el índice de aprobación de Trump ha caído 11 puntos en apenas un año, del 47% al 36%. Según datos de la CNN, el 58% de los estadounidenses califican el primer año del mandato de Trump como un fracaso. Y la media de sondeos sitúa su apoyo en torno al 42%. Paralelamente hay una marejada de protestas en diferentes Estados, cada día el fastidio se incrementa y el número de ciudadanos que se arman, preocupados por la situación se dispara. ¡Para echarse a temblar!

lunes, 26 de enero de 2026

Reverte el equidistanciador

El ínclito Arturo Pérez Reverte en su continuo intento de presentarse como una figura imprescindible de la España de hoy, un sabelotodo que sienta cátedra cada vez que abre la boca y un narcisista a la búsqueda de calle y estatua, ha presentando unas jornadas llamadas "La Guerra que todos perdimos". Hombre, todos, todos. Seguramente unos más que otros. En la presentación, Reverte usa el mismo lenguaje que esos demócratas a tiempo parcial que, mientras consideran que la Transición fue un fenómeno equiparable a la Creación del Mundo, evitan, no ya condenar, sino ni tan siquiera condenar la dictadura franquista. Ya sabemos: que si los dos bandos fueron culpables, que si había buenos y malos en los dos sitios, que si fue una guerra entre hermanos, que si en la transición se "abrazaron" los de un bando y de otro, y memeces por el estilo. Reverte se ha convertido en el campeón de la equidistancia pensada para "rehabilitar" a los que con un golpe militar contra un gobierno democrático provocaron la guerra. ¿De verdad alguien cree que personajes como Aznar o Espinosa de los Monteros, que muestran sin tapujos sus simpatías por la dictadura, pueden participar en unas jornadas que dicen buscar una nueva reconciliación? Estoy hasta el gorro de esos manipuladores de espíritu fascista que ante el simple intento de exhumar restos de los asesinados que siguen en fosas comunes, noventa años después, proclaman esa infamia de "no hay que abrir heridas". Como si se pudiera abrir una herida que nunca se ha cerrado porque una parte nunca ha querido. Convendría recordar que hasta el año 2000 no se produjo la primera exhumación oficial de una fosa de la represión franquista: 25 años después del inicio de la Transición. ¿Dónde estaba la voluntad de ésta de cerrar heridas y favorecer la reconciliación durante esos años? Pero es que, todavía hoy, las trabas y triquiñuelas de la derecha para evitar exhumaciones de las fosas está a la orden del día. A esos fervientes defensores de la "concordia" y la equidistancia, les llevaba yo a ver los restos de un niño de nueve años con un tiro en la cabeza, el primer cadáver -el último en ser arrojado- aparecido en una fosa; el revoltijo de cadáveres -hombres, mujeres, ancianos, adolescentes- apilados unos sobre otros. Les explicaría que los que tienen las costillas juntas y las bocas abiertas son los que aún estaban vivos al ser enterrados. Les hablaría de esas mujeres que tras sufrir una violación múltiple delante de su marido, eran obligadas a ver cómo lo asesinaban y después eran vejadas públicamente. Mujeres que, en la mayoría de los casos, callaron hasta la tumba... El señor Reverte ha pasado a engrosar las filas de los que ven innecesario recuperar los restos de las más de 6000 fosas comunes que hubo en España. No se oponen tanto a exhumar los cadáveres como a recuperar la memoria que llevan consigo. Su gran problema es que no tuvieron en cuenta que los muertos, muertos están, pero los muertos tenían vivos y los vivos memoria. Por eso las derechas han hecho de la liquidación de la Ley de Memoria un objetivo prioritario.


domingo, 25 de enero de 2026

En obras

No hace falta ningún estudio para constatar que el odio está disparado. Se percibe en el ambiente, se respira. Pareciese que es una anomalía adquirida y colectiva del comportamiento humano. Yo pienso que sus causas son multifactoriales. Esta sociedad vive en un estado perpetuo de contradicción, de incertidumbre, de desmoralización, de frustración, de negativismo, de miedo ante la falta de certezas, de crisis psicótica asociada a un sistema de valores morales y culturales que está siendo dinamitado. Es como esa sensación de desgana, de malestar interno, de irritabilidad que nos provoca un lunes con mal tiempo y nos lleva al "encabronamiento psíquico. Además está el perpetuo estado de crispación interesada para conseguir fines espurios. Lo vemos en el campo de la política, pero sobre todo en las redes. Yo solo uso Whatsapp, pero es imposible no estar al tanto del lodazal en el que éstas se han convertido, seguramente porque el odio se monetiza, porque plataformas y muchos creadores de contenido "facturan" al amplificar discursos ofensivos, degradantes, polarizantes o extremistas, ya que estos suelen aumentar el engagement (interacción), atrayendo más publicidad y atención en redes sociales. Y si hablamos de los medios de comunicación... Ser un "polemista", un ultradeslenguado, un tertuliano iracundo, un extremista cínico o un chalado anticiencia te puede llevar a pasearte por radios, televisiones y streamings porque eres rentable para gente sin un mínimo de ética periodística. Pero, en el fondo, creo que en todo esto tiene también mucho que ver la ignorancia y el individualismo. Cada vez más gente abraza sin complejos la idea de que hay que rechazar la "funesta manía de pensar". Y cuando unimos esto al individualismo mal entendido y el egoísmo social... Quizá es que es más cómodo aceptar una plantilla que pensar en las singularidades. Quizá por eso flota en el ambiente una realidad incómoda que atraviesa nuestras relaciones sociales, de amistad, nuestra cotidianidad y nos lleva a aceptar prototipos simplificados. Por ejemplo, dividir el mundo entre buenos y malos, entre nosotros y ellos. Así, todo parece más fácil pues crees despojar la realidad de complejidad. Yo no creo en la uniformidad. Esto lo aceptamos todos en el ámbito familiar: Nadie ha vivido lo mismo, aunque haya compartido el mismo espacio. Cada hijo fue criado por una versión distinta de sus padres. Cada hermano habitó una familia diferente, con sus propios silencios, gestos, ausencias y formas de amor o desamor. Cada persona de una pareja tuvo contextos dispares de educación emocional… O aceptamos la diversidad o creamos un conflicto, porque nadie vive ni siente lo mismo. Si esto ocurre en una misma familia imaginemos en toda una sociedad. Y ahí está la madre del cordero. Si ya cuesta respetar la singularidad en lo íntimo, ¿cómo vamos a construir consensos en lo colectivo? Si no sabemos convivir con versiones distintas de la historia en "nuestra propia casa", ¿cómo vamos a aceptar la pluralidad en nuestras "luchas" sociales? (porque hayucho interés en presentarnos la relación con los "otros" como una lucha). Si nos fijamos -y nos llevan a ello- más en las diferencias que en las posibilidades de encuentro nos atrincheramos en lo identitario, en lo doctrinario, en lo programático, en lo propagandístico, olvidándonos que la sociedad no es solo ideología: debería ser vínculo, respeto, afecto, reconocimiento mutuo. Y si no es así el concepto de identidad familiar, grupal, local... o nacional  es una soberana mierda que no va mucho más allá de un artificio identitario. Creo que construir lazos y consensos desde la diferencia no significa renunciar a tus principios. Significa reconocer que hay muchas formas legítimas de vivir, de pensar, de amar, de luchar, de narrar el mundo. Significa aceptar que el disenso no fragmenta: complejiza. Quizá ahí está el problema, que a mucha gente la mente ya no le da para enfrentarse a lo complejo. La pluralidad no debilita: enriquece. Si queremos mejorar este modelo de sociedad tenemos que empezar por cambiar nuestros propios modelos de relación. No podemos exigir al mundo lo que no practicamos. Y si no lo aceptamos, todos acabaremos como en la obra de Goya "Duelo a garrotazos".

El Xokas

Aquí nada es casual, todo forma parte de un plan, todo está unido por un hilo invisible movido por titiriteros, tan anónimos como poderosos, que cuentan con un ejército de lacayos que ejecutan sus designios para escribirnos el guión de lo que debemos pensar. Si uno busca en internet quién es el Xokas, quizá sorprenda que la mayor parte de las entradas correspondan a -digamos- medios ultraconservadores: ABC, OkDiario, El Debate, Infobae, El Economista... Y como no lo sacan en sus páginas para despellejarlo es evidente que les agrada y quieren difundir sus ideas. El Xokas es un streamer, un creador de contenido. Es decir, un beneficiario de la estupidez crónica de la modernidad reflejada en el consumo de necedades en internet. El Xokas era un streamer de éxito ondulante hasta que aprendió a parasitar a sus seguidores monetizando polémicas. Por ejemplo cuando se descubrió que usaba cuentas secundarias para responder de forma agresiva a sus críticos y otros usuarios. Vamos, lo que se llama un cobarde. O cuando rebeló -validándolo- el "trucazo” de un colega que "ligaba con las pibas y, además, se divertía mucho llevándose a las que estaban bebidas”. Terminaba diciendo: "Era un crack, un fuera de serie”. Vamos, lo que viene siendo un cerdo partidario de la "cultura" de la violación. El Xokas es un tío con las ideas claras, pero ajeno a la posibilidad del dislate. Es el Schopenhauer del siglo XXI, cómo demuestra cuando eructa necedades como: "Yo soy conservador y progresista al mismo tiempo". Como cuando crítica por igual al PP y a la izquierda para concluir que la solución está en la ultraderecha. Cuando no habla de videojuegos y se dedica -dice él- a analizar la actualidad, su repertorio va del más puro estilo barra de bar –"hay deja de tirar el dinero público que nos cuesta tanto dinero ganar" sobre todo a él–, al ordoliberal –"el dinero público es nuestro, de los que generamos en empresas privadas y que pagamos al Gobierno...". Para este imbécil los trabajadores no aportan nada en la creación de riqueza–. La gente deberia dejar de pensar que el Xokas sabe de política cuando lo único que hace es repetir lo que le decia su tio el empresario, borracho, en las cenas de Navidad. Y claro, a un elemento como este, hay que exhibirlo para que difunda sus ideas. Por eso ha sido invitado de El Hormiguero. ¿Quién se iba a imaginar que Motos iba a volver a convertir su programa en un foro ideológico de extrema derecha en prime time?". Esta vez con El Xokas como gran analista político, un tipo millonario al que le ha faltado tiempo para quejarse de la asfixiante presión fiscal y de la persecución que sufre de Hacienda, un tipo que ha hecho una fortuna brutal básicamente diciendo lo que le da la gana delante de millones de españoles, pero que sale en la tele para batir el record del programa donde más famosetes repiten eso de que en España estamos sometidos. Yo le hubiera preguntado: ¿Cuál es tu modelo de sociedad, campeón? Pero, claro, uno sabe que el "pensamiento" de algunos es pura palabrería que se reviste de pseudointelectualismo para decir poco o más bien nada. O mejor, para decir lo que los que te preguntan quieren que digas para que te oiga todo el mundo.

sábado, 24 de enero de 2026

Inversiones

Si uno lee "El economista", periódico económico de orientación liberal, en un titular de hoy mismo encontramos: "El Gobierno baja un 25% el gasto real en conservar la red ferroviaria desde 2018" (En ese año el gobierno se lo reparten cronológicamente, mitad y mitad, Rajoy y Sánchez). Como uno espera, el término "real" conlleva matices. De hecho, inmediatamente después, subtitula: "El gasto nominal en conservación sube un 54%, pero la inflación y la expansión de la red anulan el esfuerzo". Aporta, además, dos argumentos para sostener la última afirmación: "La red suma nuevos kilómetros y las primeras líneas envejecen, exigiendo un desembolso mayor" y "El aumento de circulaciones tensionan el sistema y provocan un goteo de incidencias". Nada que nadie con un mínimo conocimiento y objetividad sepa. Y esto sería igual gobernando Sánchez, Feijóo o La Niña de los Peines. Más adelante el autor del artículo se pierde solo. Así, tras hablar de la "ausencia de inversión tras la crisis de 2008", inmediatamente se contradice al afirmar: "aunque los importes destinados a conservación marcaron cifras récord en 2025" ¿En qué quedamos? Además, da datos": En 2018 ADIF invirtió 726,5 millones de euros en la conservación de sus redes ferroviarias. En 2025, se elevó hasta los 1.119,8 millones (un aumento del 65%). Incluso llega a decir que el aumento supone un esfuerzo "sin precedentes", pero lo considera vano por "el crecimiento masivo de los activos en servicio (?) y la inflación galopante de los últimos años". El autor no da datos, pero el INE sí. Y ahí me he ido a buscarlos: Entre junio de 2018 y diciembre de 2025, la variación del IPC ha sido del 23,3%. Es decir, un porcentaje muchísimo menor que el incremento de las inversiones en conservación. ¿Entonces, a qué viene el argumento? Ya sabemos que la inflación sirve, según para qué. Demanda con urgencia -cosa lógica- aumentar inversiones para mantener el nivel de servicios pero -¡Ay!- no para subir salarios o pensiones con el objetivo de mantener el poder adquisitivo.

El día 22, "El País" titulaba: "El Gobierno reivindica un aumento del 54% de la inversión en mantenimiento de la red ferroviaria desde 2018". Como el dato del aumento del 54% coincide con el de El economista, lo doy por bueno. La noticia añade: entre 2012 y 2018 (gobierno de Rajoy) se destinaron, en promedio, 250 millones de euros anuales en mantenimiento, entre 2018 y 2025 (gobierno de Sánchez) se han invertido en promedio cerca de 350 millones de euros al año, es decir un 40% más”. Según datos del gobierno -parte interesada- "el gasto en mantenimiento de la red de alta velocidad por kilómetro ha aumentado en un 43% desde 2018". "La inversión en infraestructura en España entre 2018 y 2023 ha crecido a un ritmo más alto que en países referentes como Francia y Alemania".

También se dan datos de "incidencias". Así, mientras Abascal, sin presentar "papel" alguno, afirmaba que había habido "muchos" avisos sobre el mal estado de la red donde se produjo el accidente: “Entre 2021 y 2025 se han registrado 1.304 incidencias en los trayectos que incluyen el paso por Adamuz”, dijo. Según ADIF "en el puesto de banalización de Adamuz -ubicado en la zona del accidente- se han registrado "sólo" 70 incidencias en el periodo 2021–25, de las cuales 14 ocurrieron en 2025. Solo una de estas 14 fue clasificada como avería de vía, y afectó a la vía de circulación del servicio Alvia (28/11/2024)“. Y señala que, "por tanto, en el tramo concreto y en la vía utilizada por el tren de Iryo implicado en el accidente" no se ha registrado ninguna incidencia de vía desde 2021 hasta la fecha del accidente".

Para contrastar datos, aunque con un cierto sesgo a la derecha, me voy a un artículo de Onda Cero noticias (Onda Cero, pertenece al Grupo Planeta, y según medios independientes se sitúa en el espectro del centroderecha conservador dentro del panorama mediático español). Y dice: "la inversión en infraestructuras ferroviarias es hoy menor que en el año 2000, pero también es cierto que observamos una tendencia al alza en los últimos años". Según datos de la OCDE, la inversión desde 2000 fue aumentando progresivamente hasta alcanzar su máximo histórico en 2008 (inicio de la crisis). Sigue diciendo: "En apenas tres años -segundo gobierno de Zapatero y en plena crisis global) la inversión cayó en más de 4.000 millones de euros. Pero la tendencia fue peor en los años posteriores: Durante esa etapa, solo en 2014 se produjo un incremento con respecto al año anterior, pero a partir del año siguiente volvió a caer hasta alcanzar su mínimo en este siglo en 2018 (toda la etapa de gobierno de Rajoy). La inversión en estas infraestructuras comenzó a remontar lentamente a partir de 2019, aunque en 2021 sufrió un retroceso acusando la crisis provocada por la pandemia. A partir de ahí, la inversión creció considerablemente. En 2024 la inversión se volvió a incrementar en algo más de 1.000 millones de euros, la más alta desde 2011; y los datos conocidos hasta noviembre de 2025 cifran la inversión en el último año en casi 4.700 millones de euros. En lo correspondiente al gasto en el mantenimiento de la red, también se observa una tendencia al alza año a año desde 2018, habiendo sufrido una ligera rebaja en el año 2020.

En fin, esto son datos. De una y otra parte. Ojalá el dato siguiera siendo suficiente para matar al relato, pero... Puente, ha deslizado en varias ocasiones durante los últimos dos años que el ferrocarril vive en España el mejor momento de su historia. Pues no lo parece. Y "la mala suerte acumulada", no cuela, pues no creo que pueda explicarlo todo. Pero claro, de la otra parte, Ayuso ya ha sentenciado que "tenemos un Gobierno que no invierte (?) entregado a ser un rodillo para el independentismo vasco y catalán, sometido a su chantaje y no invirtiendo en el resto de España". Pues, oiga, viendo que los Rodalies catalanes están hechos unos zorros, creo que tampoco cuela. En fin, que yo cada vez me fío menos de la gente que solo tiene certezas. Porque me hacen ser un raro, pues yo casi sólo tengo dudas. Y si encima las certezas se basan en la ausencia de datos contrastados. Pues eso. 

Ha dejado de ser verdad eso de que el dato mata al relato, porque lo probado ya no desautoriza lo inventado y porque vivimos la era de la manipulación interesada, de las más burdas mentiras al servicio de la ideología y del asesinato planificado de la verdad. Algunos piensan que la realidad está ahí para ser cuestionada (hasta aquí, de acuerdo), siempre, y falseada a menudo. Sobre todo cuando desmiente su relato. Ante esto, yo aplico dos medidas: ignorar a los medios que, a menudo, son señalados como fabricantes de bulos; e intentar contrastar la información consultando medios de distintos signo y, si es posible, yendo a las fuentes originales 

viernes, 23 de enero de 2026

Inversiones, dinero y prisa.

Un país -en realidad su gente- debe conocer sus posibilidades y actuar en consecuencia, sin pretender ser lo que no es ni intentar -por un supuesto prestigio o mal entendido orgullo- liderar ámbitos que le quedan grandes o se le escapan de presupuesto. España es el país de Europa con la mayor red ferroviaria de alta velocidad. Personalmente, los objetivos de la Alta Velocidad española me han parecido siempre un disparate. Pero aquí todo el mundo quiere "su parte", todas las capitales quieren tener una estación de AVE. "Un español, un asiento en alta velocidad", parece ser el lema. ¿De verdad es necesario y, sobre todo, nos podemos permitir como país liderar la Alta Velocidad europea, cuando tenemos tantas necesidades sociales? ¿Estamos dispuestos a asumir el coste que supone mantener en condiciones óptimas ese nivel de infraestructuras?. ¿Estarán dispuestos, "unos", a reducir -por ejemplo- las partidas en educación, sanidad, pensiones, dependencia, desempleo..., con tal de satisfacer las demandas de seguridad, rapidez, puntualidad, comodidad..., que los usuarios ahora mismo exigen?. ¿Estarán, los "otros", dispuestos a reducir -por ejemplo- los gastos en defensa, en ayudas al emprendimiento, en subvenciones a las empresas. O a renunciar a sus bajadas sistemáticas de impuestos a los más favorecidos para conseguir el mismo objetivo?. Todos -todos los que nos podemos permitir viajar en alta velocidad o, simplemente, viajar- vemos las ventajas de un tren rápido. No estaríamos dispuestos a renunciar a él y exigimos un servicio de calidad y una seguridad total. No tengo datos de las encuestas del grado de satisfacción de servicios ferroviarios de alta velocidad o aeroportuarios que se hacen en barrios como el de las Tres mil viviendas. No deberíamos olvidar que la inversión en grandes infraestructuras se hace para todos. Para todos los que pueden aprovecharlas, que no son todos. Cada uno tendrá una opinión válida, pero no olvidemos que un objetivo prioritario de la alta velocidad es dar servicio al negocio turístico en España. Desde que se produjo la liberalización ferroviaria en España, con la entrada de la empresa privada y la guerra de precios, el tráfico ferroviario se ha multiplicado. Más uso, más desgaste, más necesidad de mantenimiento, más dinero, más inversión. Pero nadie quiere aflojar la mosca. Mucho me temo que, por no perjudicar el negocio, alguien diga pronto que la culpa de tanto tren para arriba y para abajo la tiene la moderna costumbre de "vacacionar" que han adquirido los pobres y el abuso de la tarjeta dorada por parte de los jubilados. Y todo, por la puta prisa.

Hartazgo y asco

No tiene techo. Cada frase, cada declaración, cada acto de Trump supera en obscenidad al anterior. Este esperpento consigue que lleguemos al hartazgo por saturación. Nuestra mente no puede asimilar tanta grosería, tanta zafiedad, tanta necedad, tanta inmoralidad y vileza. Su discurso en el Foro de Davos volvió a batir records de vergüenza ajena. Este tipejo vive en un mundo paralelo, distópico, donde él es el amo y señor y todos sus súbditos le admiran. En Davos mostró la cada vez mayor disociación entre sus palabras y la realidad. Las inexactitudes, las mentiras palmarias, las expresiones fuera de lugar, el tono chulesco y bravucón y las amenazas directas son en él la norma y ya han dejado de provocar asombro y alarma para dar paso a la irritación y el hastío. Este energúmeno es tan imbécil y egocéntrico que está convencido de que todos los demás somos tontos. Así dijo de Putin que "no quería invadir Ucrania y que está sufriendo mucho por lo que está pasando". El mejor ejemplo de su cinismo lo verbalizó al decir, sobre Groenlandia, que solo quiere adquirir “un trozo de hielo frío y con una ubicación muy mala”, que Dinamarca “es incapaz de defender su territorio" y que por eso se ve en la obligación de enviar al Ejército “para proteger al pueblo de Groenlandia”. Hasta un niño elabora razonamientos más complejos para negar que ha hecho una trastada. El gran obstáculo para sus planes no es tanto Dinamarca o Europa, a quienes ningunea, sino la OTAN, pues sabe que si invade Groenlandia la liquida. Y, ¿qué hace entonces con las 275 bases y emplazamientos militares que tiene en Europa? Pero mientras ésta se tienta la ropa ante sus amenazas, este pone en marcha la segunda fase de su maquiavélico"plan de paz" en Gaza. Así, mientras allí la población sobrevive entre ruinas, frío y la falta de alimentos; mientras Israel continúa con sus bombardeos; el mismo día en que estos genocidas asesinan a 11 palestinos, entre ellos, dos niños y tres periodistas y destruyen la sede de la UNRWA, Trump presentaba en Davos su "plan maestro" para reconstruir "su nueva Gaza". Lo expuso su yerno, quien dijo que es un plan concebido como "un gran polo de atracción para inversores, cuya economía se basa en el libre mercado". "Es una ubicación espectacular", dijo Trump. Fue un acto de una obscenidad extrema, sólo superada por el aquelarre fascista que supuso la presentación del último invento para socavar las instituciones multilaterales, la llamada "Junta de Paz" para Gaza. Ver allí a los ultraderechistas Milei y Orban, saber que el genocida Netanyahu formará parte del organismo o escuchar a Trump decir entre risas "todos son amigos míos, me gustan todos. Son grandes líderes”, produce un profundo asco.

jueves, 22 de enero de 2026

Que no nos falte de na

Catherine Fahringer, una activista social y escritora, dijo que "estaríamos 1500 años más adelantados si no hubiera sido por la Iglesia, que amordazó a la ciencia y quemó a las mejores mentes en la hoguera". Yo, en vez de Iglesia, diría las tradiciones, sabiendo que éstas son el principal banderín de enganche de aquella con los fieles. A menudo imagino un mundo sin los lastres de las tradiciones, las pretéritas y las que se van inventando cada día. Sostengo que las tradiciones son un vehículo, una herramienta que siempre ha tenido el poder para mantener entretenida a la gente. Y, con ello, adocenada y dormida. Las religiones entendieron que tenían que aceptar la fiesta e integrarla en sus ritos para lograr la permanencia de sus adeptos. Por supuesto hay otros elementos que transmiten lo tradicional y lo convierten en herramienta de dominio ideológico: los sentimientos manipulados, la pertenencia falsa o patriotismo, la identidad inculcada desde la cuna, los cuentos infantiles, las supuestas formas de idiosincracia de un pueblo, normalmente excluyentes y no tan extendidas como nos quieren hacer creer, los toros, la caza, las romerías alcohólicas, el amor desaforado y a veces sensual a imágenes idolatradas… Todo facilita que el necesitado, o no tan necesitado, no se interese por otras realidades. Nada inhabilita más el espíritu de lucha ante la injusticia, ante la opresión, ante las necesidades, que hacer "creer" que los problemas mundanos se solucionan rezando a una imagen, haciendo una promesa o participando en una procesión. Y mientras las "imágenes" interceden, lo mejor es atravesar este valle de lágrimas alegrando el espíritu con una fiesta religiosa o una romería por aquí; pegando unos tiros o asistiendo a una corrida por allá. Y todo esto me viene a la cabeza cuando leo que la edad de emancipación en Andalucía es la más alta de España; que los barrios más pobres de Europa están en Sevilla, Málaga y Córdoba; que ocho de los diez pueblos con menor renta de España están en Andalucía... Pero aquí sale muchísima menos gente a la calle para pedir que la sanidad andaluza no sea laminada que porque a la Macarena le han "apagado" la mirada con las pestañas y le "han perdido su dulzura". Doce de los quince municipios españoles con peores tasas de paro son andaluces. Pero las entradas para el carnaval de Cádiz se agotaron en minutos; las "igualás" y los ensayos de costaleros y bandas procesionales resuenan en las calles y la Romería del Rocío, la mayor peregrinación de Europa, promete batir records este año. Pero antes, los romeros "celebrarán" el día de Andalucía (una fiesta cívica) con una convivencia anual con motivo de la "Peregrinación Extraordinaria 2026". Como decían los de Híspalis: "Que no nos falte de na. Que no, que no". Yo me seguiré imaginando un mundo alejado de ese. Un mundo que me sirva para vivir. Eso más fácil de lo que parece, lo difícil es vivir en este y todos lo hacemos.

Ignora et labora

Dijo Antonio Machado que "todo lo que se ignora, se desprecia". Hay que ser muy ignorante para no saber que muchos problemas surgen de la ignorancia, ya que la falta de conocimiento lleva a la falta de comprensión y ello a tomar malas decisiones, cometer errores y provocar conflictos. La ignorancia está casi siempre en el origen de los conflictos absurdos, las descalificaciones necias, los insultos y las agresiones. Por eso siempre he dicho que el auténtico pecado original es la ignorancia. El ser humano nace ignorante y, por eso, no puede ser bueno por naturaleza. Y ese pecado de fábrica no se borra con el bautismo sino con la educación. El problema es que nuestro sistema educativo lleva años en guerra contra el conocimiento y, por tanto, favoreciendo la ignorancia. Esto alcanza un nivel vergonzoso en las enseñanzas profesionales. Ya la Logse eliminó todos los conocimientos no específicos de la F.P., salvo la formación y orientación laboral. El Decreto 659/2003 de ordenación del Sistema de F.P. determinó que los que se presenten a las pruebas de acceso a los ciclos -igual medio que superior-, ya no necesitan tener algo de cultura general para interpretar los textos que leen ni tener opiniones fundadas en el conocimiento científico. Ahora ya solo se tienen que formar en tres competencias (el caldo de cultivo de la ignorancia en el seno del sistema educativo): matemática, comunicativa en lengua castellana y digital. A hacer puñetas cualquier conocimiento, por mínimo que sea, de teoría de la evolución. Que le den a los rudimentos mínimos del cuerpo humano, de la naturaleza, de los ecosistemas y, por supuesto, desterrada cualquier noción de geografía física, ni política, ni del estudio de la población humana. Una mierda para el arte. ¿Qué es eso de la Historia para saber dónde estamos y de dónde venimos? Y vaya despilfarro lo de aprender algo de literatura o inglés. ¡Viva la ignorancia!. Parece ser que los nuevos estudiantes de F.P. deben ser meros obreros que hagan bien su trabajo, sepan firmar el contrato y no sepan nada del mundo en el que viven. Claro, así será más fácil engañarlos. Derecha e izquierda son igualmente responsables de lo que pasa. Ambos se han rendido al modelo educativo en competencias impuestos por la OCDE. El currículo basado en competencias es un disparo a la línea de flotación de la educación pública, pues está dejando en los huesos el contenido ilustrado que garantizó durante años el acceso de las clases populares a la educación. La devaluación de los títulos y de la formación de la ciudadanía están garantizadas. Todo ello envuelto en una cháchara de pedagogos que no han pisado un aula de primaria o secundaria en su vida. Cháchara que conecta muy bien con el rollo ese del espíritu resiliente, la empatía y la capacidad de adaptación para prepararse adecuadamente para un mundo laboral. El nuevo lema de nuestros tiempos es "Ignora et labora".

miércoles, 21 de enero de 2026

Fatiga y no sólo de materiales

Estoy ya fatigado de oír hablar de la fatiga de materiales. La primera vez que yo entendí de verdad la expresión no fue en un laboratorio, ni en un taller mecánico, sino en el salón de mi casa: una silla aparentemente nueva decidió, sin aviso previo, convertirse en causa de mi costalada y en un argumento filosófico sobre la fuerza de la gravedad. Nadie la había maltratado. Nadie la había sobrecargado. Simplemente, tras miles de ciclos de carga, una microscópica grieta debió crecer hasta alcanzar su tamaño crítico y se propagó, fracturando el material. Y ahí estaba yo: asustado primero, indignado después, tentado de buscar culpables… y, al mismo tiempo, obligado a admitir lo obvio: los fallos complejos, los accidentes, rara vez se explican con un dedo acusador. Con el siniestro de tren en Adamuz ocurre algo parecido, solo que aquí la silla pesa cientos de toneladas, se movía a 200 km/h y, sobre todo, transportaba vidas. En este caso, lo mínimo exigible es no convertir la tragedia en una tertulia especulativa de barra de bar. Pero eso parece imposible y cuando los cadáveres estaban todavía calientes ya se empezaban a formar los primeros corrillos de miserables raudos a señalar culpables con su dedo. Entiendo que el ser humano, ante la incertidumbre, necesita certezas, necesita conocer las causas para cerrar historias y atender a sus otras muchas dudas. Por eso hay que buscar culpables: “fue el maquinista”, “fue la vía”, “fue el tren”, “fue algo con nombre propio”. Deberíamos ser pacientes pues, incluso con presión pública, el sistema está diseñado para que la prisa no sea la autora intelectual del informe. Pero el tiempo político es inexorable y empuja a sus actores en cascada. La ultraderecha no tuvo tiempo que perder. Ya sabemos que, para ellos, al minuto de silencio por una mujer asesinada le sobran 60 segundos. Y siguieron a lo suyo, sembrar odio, sin esperar a que se retirasen los cadáveres. Cuando no había terminado el luto oficial Ayuso decide que ya no espera más. La prensa "amiga" ya le había desbrozado el camino apostando todo al "rojo" del fallo estructural de la vía, el que más fácil pone culpar al gobierno, sin pensar que ésta se renovó hace sólo ocho meses por Ferrovial, Azvi, OHL y FCC. Qué más da, todos sabemos que Sánchez, Puente y compañía tenían que haber estado a diario en el tajo supervisando las soldaduras. Y claro, una vez que Ayuso asoma la jeta, Feijóo tiene que salir corriendo a elevar el tono, temeroso de que le quiten el sillón pur pusilánime. Yo, al final, vuelvo a mi silla rota. Si me hubiera fiado de la intuición, habría culpado a la carpintería, a la tienda de muebles, al comercial, al que plantó el pino del que salió la madera, al destino, al suelo del salón o a la carnicería que me vende los callos. Pero cuando uno analiza, sabe que todo es más complejo: un diseño por ordenador, una unión que concentra tensiones, un microdefecto indetectable, miles de cargas repetidas, malas posturas corporales… O, a lo mejor, es que todo es voluntad de Dios, o que todos tenemos señalada nuestra hora de pegarnos el "chochazo", o que a toda silla le llega su San Martín.

El cosmos de las redes

Antes, para entretenerse, la gente ponía la tele, salía de paseo, a "ver escaparates", se iba al cine, al parque a sentarse en un banco y comer pipas, se asomaba al balcón a ver pasar a la gente o se tumbaba en la cama para repasar los desconchones del techo. Ahora no. Ahora la peña se echa en brazos de las redes sociales, que ofrecen cada día un espectáculo vivo y cambiante, siempre parecido y siempre distinto, capaz de hacernos olvidar por completo la experiencia del aburrimiento. Son el moderno circo. Ya no nos debemos refugiar en nuestros propios pensamientos en casa, ni durante las esperas. Ya no necesitamos buscar una mirada cómplice en la parada del bus. Ya no debemos armarnos de paciencia mientras viajamos en tren. Ya no debemos aguardar al informativo para conocer las noticias. Los impulsos visuales no nos dejan ni un segundo solos desde el móvil que no soltamos de la mano. Al menos, hasta que agotamos su batería que, por suerte, se recarga cada vez más rápido. Ya nadie apaga el móvil. Así lo maten. La hiperconexión digital nos acompaña sin descanso. La viralidad se ha convertido en un espejo completo, abreviado e implacable de la condición humana. Y caemos en la paradoja, porque las redes sociales las hacemos nosotros mismos, a pesar de los algoritmos, pero individualidad cero. Las redes son un panal donde todo se reúne y, a veces, todo se confunde. Y todo siempre se amplifica. Aunque, al minuto, también sea devorado por el olvido de la inmediatez. En las aplicaciones y plataformas para compartir mensajes e imágenes hay de todo: los que gritan, los que escuchan, los que callan, porque no saben qué decir, los que fardan de una falsa ejemplaridad, los que no dejan de vender su éxito y, por supuesto, los sabelotodo. Los expertos incontinentes que un día, por la mañana, parece que han estudiado un máster en política internacional y por la tarde que han hecho un máster exprés en geoestrategia. Que a la mañana siguiente son especialistas en Julio Iglesias y 24 horas después son expertos peritos del sistema ferroviario y usan con desparpajo términos y expresiones como material rodante, fatiga de carril, fisura de soldadura, geometría de vía, bogies, balasto..., aunque no saben que significa ADIF ni darían pie con bolo para explicar la diferencia entre un tren AVE y un ALVIA. Pero los peores son los que ante cualquier tragedia asumen un rol de pitonisos. Son los que "ya sabían ellos lo que iba a pasar". Los vemos ahora. Lo sabían porque les tembló en un viaje su tren, porque ese "bote" en el PK 378 no era normal, porque "se veía venir". Después están los que especulan con perversa osadía -pues desconocen los datos reales-, pero que nunca fallan. Y, finalmente, están los sin escrúpulos, aquellos que son capaces de usar una tragedia con decenas de muertos y cientos de heridos para ganar visualizaciones cizañando desde su sometimiento ideológico. Al final, las redes son un catálogo de tipologías de personas, humanas e inhumanas. Un microcosmos vehemente que sintetiza la sociedad. Al final, las redes quizá sólo sean un escondite público que demuestra qué necesidad tenemos de encontrar lugares para el desahogo más que para el diálogo.

Opinadores

Hace ya tiempo que existe una corte de opinadores profesionales que hacen de la libertad de expresión una obligación en lugar de un derecho. Viven de eso y para eso. Pero esa figura se ha democratizado, dando paso a un ingente ejército de opinadores aficionados que hacen su guerra en muchos frentes: familia, amigos, bares y redes sociales. En ellos despliegan todo su arsenal con descaro, sin freno y, cómo no, sin dudas. Para ellos todo son certezas. Suelen sentenciar sobre política, fútbol, religión, cotilleos, ciencia o lo que se tercie. Son los modernos "maestros liendre, que de todo saben y de nada entienden". Ahora, con el "Imperio de las redes", han aflorado personas obsesionados con ser protagonistas. El problema es que, muchos de ellos, son estúpidos integrales, a tiempo completo. Son profundamente ignorantes pero creen saberlo todo, incluso se jactan de ser expertos en cualquier cosa que se les ocurra. El ciclo se cierra cuando los medios se dedican a dar importancia a quien no la tiene. Esa es la clave para convertir a estas personas en "opinadores de oficio". El problema es que, éstos, incluso aunque puedan exhibir credenciales académicas, no necesariamente tienen el conocimiento necesario para que su opinión sea avalable. Y el rizo se riza cuando el opinador aficionado es "famoso" y ve la forma de monetizar sus opiniones. Cuando, en su huida al precipicio de la mendacidad, los medios deciden que estos personajillos ocupen espacio en sus páginas digitales o sean invitados de lujo a cuanto programa admite un espacio de debate, tertulia y opinión, dándoles así pie a que propaguen su estupidez, sectarismo e ignorancia o que  puedan, incluso, desmentir y hacer quedar mal a quienes sí pueden hacer aportes de calidad. Al final, los medios se convierten en una ventana más del patio de vecinas digital en el que se han convertido las redes. Todo tema se convierte en un corrillo de pelea de patio de colegio. Todo asunto, por nimio que sea, tiene sus fans y detractores que al momento se retan en una pelea a navajazos. La actualidad deviene así en espectáculo barriobajero de entretenimiento popular. Se acabó aquello del vive y deja vivir. Ahora prima sacarle las tajadas al vecino. Todólogos, cuñados, expertos de todo a cien, iluminados varios..., se ven empujados a hacer públicos sus gustos, sus ideas y sus presuntos conocimientos, porque el mundo necesita saber su opinión, claro que sí. Y así tiene uno que aguantar que, ante cualquier tema, por profundo que sea, cualquier "televisión de bien" corra a ponerle un micrófono en la boca al primer bebelejías que se tercie. Sus eructos se oyen así altos y claros. Periodismo, lo llaman a eso.

Redes, inmediatez y estupidez

Esto va degenerando que se las pela. Al principio, cuando en ellas dominaba el texto y escaseaban las imágenes, la gente acudía a las redes sociales para compartir ideas. Se leían hilos repletos de datos curiosos e incluso artículos de otros ¡completos!. Me atrevería a decir que hasta se alimentaba nuestra conciencia crítica. Ahora, en cambio, el personal busca vídeos, memes, se exhibe, participa del postureo insustancial. Y discute. Discute prácticamente todo, de todo y por todo. Está en un estado constante de irritación. Va directo a gritar a aquel que no les dice lo que quieren oír. "-Buenos días. -Lo serán para ti, gilipollas". Esto pasa porque solo oímos, no escuchamos. De hecho, ya no nos interesa encontrar personas de conocimiento contrastado que nos abran la mente. Preferimos al demagogo que siempre nos da la razón. Y lo aplaudimos. Mucho. Queremos zascas. Queremos revanchas. Queremos bronca. Hemos terminado naturalizando que los bulos son siempre de la ideología antagónica a la nuestra. Y picamos el anzuelo hasta cuando creemos que estamos defendiendo la honestidad. Todo quisque cree ser "gente de bien". Todos, alguna vez, hemos legitimado un comentario de bar sin conocer la profundidad del asunto. Porque nos estamos atrincherando en ideas fáciles que no pueden explicar un mundo complejo. Es lo que tiene acomodarse a evitar el esfuerzo de pensar. Queremos la vida resumida en eslóganes publicitarios. Algunos lo saben, lo propician y lo aprovechan. Las redes sociales nos empujan a la abreviatura. La limitación de caracteres se ha ido normalizando. Los Whatsapp reducen el texto, lo sustituyen por emojis o por mensajes de voz. La escritura es más reflexiva y calmada que el habla. Ya no hay tiempo para expresar matices, hay que ser muy contundente. Así la sociedad digital ha ido interiorizado el golpe en la mesa como la forma más eficaz de autoafirmación en la marabunta de impactos audiovisuales al que nos enfrentamos. Y la imagen es una trampa. Ya no basta con subir una imagen que es un bonito recuerdo. Se procura dar envidia al personal, demostrar al mundo que somos seres de éxito, personas envidiables. Antes la foto pretendía rememorar. Ahora hay que salir perfecto, poniendo posturitas y haciendo mohines fashion porque tratamos a los amigos como si fueran nuestros fans y buscamos su aprobación. De ahí a la tontería y la estupidez surrealista hay sólo un paso. Vemos así a personas sin apenas seguidores que hablan cual influencers con millones de "followers". Que piden una tapa de bravas y la explican como si estuvieran en Masterchef. Que entran en un Zara y narran los maniquís como si fueran enviados especiales a la London Fashion Week. Las redes son el escaparate del triunfo del individualismo. Un lugar donde muchos se sienten relevantes porque creen tener un altavoz. Un altavoz que, en el caso de los más lerdos, amplifica su capacidad de gritar, pero no potencia la serenidad que permite escuchar para comprender. Eso cuando, además, la comprensión oral y escrita está hecha unos zorros.

martes, 20 de enero de 2026

Hartazgo mediático.

Otra tragedia. Otra vez el mismo esquema. Bueno, casi. Algo se aprende. Está vez las autoridades se han coordinado con eficacia. La Junta, el Estado y los servicios de seguridad y emergencia se movilizaron desde el minuto uno de la tragedia; el contacto entre Transportes y Presidencia de la Junta fue fluido y permanente; la UME tomó el mando con destreza... La gente del pueblo ha vuelto a ayudar sin preguntar, sin ondear banderas, sin pedir certificados de pureza de sangre o de españolidad. Pero, ¡Ay!, los sospechosos habituales han vuelto a ver en esta tragedia un nicho propicio para hacer lo que mejor saben: odiar con toda su alma, mentir para propagarlo y manipular para abonarlo. Han decidido -son expertos en ello- escribir con la sangre de los muertos. Y se lanzan a falsear la realidad, a propagar bulos, a muñir sus tan queridas teorías conspirativas, o escupir sus cerbatanas políticas. Con todo ello producen vergüenza ajena, provocan asco. Y lo hacen, como siempre, para rentabilizarlo políticamente, para esparcir miseria, odio y miedo, incluso ante las súplicas de los familiares que aún no han pedido velar a los suyos. Pero ellos ya han iniciado su asquerosa tarea. Su voz está ahí para quien la quiera escuchar, sobre todo para los "suyos", para aquellos a los que les es más cómodo y rentable políticamente, asimilar el odio que las lágrimas . Es vomitivo, es triste, es espantoso; pero también es lo normal. Es la inmundicia hecha rutina. Y ahí están los mismos de siempre: Vito Quiles, Alvise, Negre..., es decir, Abascal y sus satélites mediáticos, pero también la inmunda y sibilina Ana Rosa Quintana, el esperpento de Miguel Bosé..., escupiendo bilis e inoculando odio. Hemos asumido que cuatro sabandijas mediáticas salgan al olor de la sangre para ganar un poco más de presencia; porque la presencia es poder y el poder es dinero. Es lo único que les importa. No piensan en nada ni nadie más. Su objetivo es derribar al gobierno para conseguir prebendas políticas. Qué importan las víctimas, el dolor de sus familias, todos los futuros que una tragedia borra en un instante; aquí lo primordial es su puto relato de sociópatas anormales con acceso a redes que será acogido con alborozo por aburridos TikTokers, mamelucos de Twitter o hooligans de partido a tiempo completo. Más clics, más odio, más puchero en la picadora moral. Ahora se abre el turno de las programaciones especiales, de la hiper atención mediática, de los "expertos" que tienen que ocupar horas de emisión, de los opinadores que tienen que asegurarse de que los llamen mañana... Ahora toca el circo mediático, que "el que pueda hacer, que haga". Agotada la información toca buscar el "lado humano de la noticia". Y ya sabemos lo que significa eso, una escalada hasta llegar a la obscenidad. Hasta que los muertos empiecen a resultarnos incómodos. Y mientras, mucha gente opinando, discutiendo, atacando, copiando y pegando lo que oye o lee en las redes, la prensa o la televisión, sin informarse mínimamente. Sin importarle. Sólo faltan los que se presenten en Adamuz a hacerse el selfie.

lunes, 19 de enero de 2026

Colaboración promoción

Un viejo chiste americano cuenta que un secretario de Estado entra en el Despacho Oval y le dice al presidente: -Tengo la solución para todos los problemas del país. Debemos fusilar a 10.000 negros y a un dentista. El presidente, desconcertado, pregunta: -¿Y un dentista... por qué? -¿Ve? -responde el secretario-. Nadie se preguntará por los 10.000 negros. Esta chanza ilustra perfectamente cómo opera el fascismo y nuestra atención: Les basta centrar la atención en otro lado para que el horror principal desaparezca. El truco no está en negar la barbarie, sino en desplazar el foco. Eso es precisamente lo que ocurre hoy con Trump, Groenlandia y Gaza. Cuando la presión sobre lo que ocurría en Gaza empezó a ser incómoda se hacía urgente mover el foco. Lo de Venezuela fue un atraco. Lo de Groenlandia, una distracción para ganar tiempo, apaciguar los ánimos y seguir con el plan original. En Davos, el autoproclamado emperador del mundo, lo ha demostrado. Tras decit de Putin que "no quería invadir Ucrania y que está sufriendo mucho por lo que está pasando", el mejor ejemplo de zafiedad y su cinismo lo verbalizó al decir, sobre Groenlandia, que solo quiere adquirir “un trozo de hielo frío y con una ubicación muy mala”, que Dinamarca “es incapaz de defender su territorio" y que por eso se ve en la obligación de enviar al Ejército “para proteger al pueblo de Groenlandia”. Hasta un niño elabora razonamientos más complejos para negar que ha hecho una trastada o intentar distraer la atención. Él sabe que su gran obstáculo para sus planes no es tanto Dinamarca o Europa, a quienes ningunea, sino la OTAN, pues no ignora que si invade Groenlandia la liquida. Y, ¿qué hace entonces con las 275 bases y emplazamientos militares que tiene en Europa? Pero mientras ésta se tienta la ropa ante sus amenazas, este pone en marcha la segunda fase de su maquiavélico"plan de paz" (que risa) en Gaza. Así, mientras allí la población sobrevive entre ruinas, frío y la falta de alimentos; mientras Israel continúa con sus bombardeos; el mismo día en que estos genocidas asesinan a 11 palestinos, entre ellos, dos niños y tres periodistas y destruyen la sede de la UNRWA, Trump presentaba en Davos su "plan maestro" para reconstruir "su nueva Gaza". Lo expuso su yerno (nepotismo en estado puro), quien dijo que es un plan concebido como "un gran polo de atracción para inversores, cuya economía se basa en el libre mercado". "Es una ubicación espectacular", dijo Trump. Tener menos sensibilidad, o ser más cerdo es imposible. El de Davos fue un acto de una obscenidad extrema, sólo superada por el aquelarre "fascista" que supuso la presentación del último invento para socavar las instituciones multilaterales, la llamada "Junta de Paz" para Gaza. Ver allí a los ultraderechistas Milei y Orban, saber que el genocida Netanyahu formará parte del organismo o escuchar a Trump decir entre risas "todos son amigos míos, me gustan todos. Son grandes líderes”, produce un profundo asco. Pero muchos se acercarán a los stands de Israel. Total, quizá el único inconveniente cuando se alojen en algún moderno hotel de la futura "Riviera de Oriente Medio" sea ese molesto olor a cadaverina que aún permanecerá.

domingo, 18 de enero de 2026

Instantes decisivos

En estas semanas en las que están sucediendo tantas cosas, y casi ninguna buena, las conversaciones se llenan de frases que oscilan entre la incredulidad, el espanto y la más profunda desesperanza. “No puedo creer lo que está pasando”. "Y nadie hace nada". “Lo peor es que nos quedamos mirando mientras todo empeora”. “Yo estoy bloqueado, no puedo expresar lo que siento”. “¿Por qué no estamos llenando las calles de gente que se junta para protestar?”. "No tengo esperanza de que esto mejore". Y no es pesimismo filosófico. Es que la tozuda realidad demuestra que cada frase, cada declaración de intenciones, cada acción y cada reacción, vienen a empeorar el escenario. Detrás de cada frase pronunciada mientras nos miramos a la cara, mientras buscamos una respuesta en la gente cercana, la que también se mueve por cambiar las cosas, sólo veo rabia inútil y abatimiento paralizante. Me gustaría, y supongo que a ellos también, dar a mis palabras un tono de esperanza, pronunciar otras frases que ayuden a encontrar un camino por el que tirar, buscar juntos un antídoto frente a la parálisis. Algo que desmienta de la idea de que, ante tanto sinsentido, ya no hay nada que hacer. Pienso en la importancia de saber lo que ha sucedido en otros momentos decisivos de la historia, cuál fue la chispa que provocó la reacción, el motor del cambio subversivo. Siempre he pensado que los grandes cambios siempre han llegado cuando la mayoría ya no tenía nada que perder. Y creo que ahí está la clave, la diferencia. Ahora mucha gente se queja, despotrica, se indigna... Pero sí tiene cosas que perder. Lo malo es que lo olvida, lo da por asegurado y piensa sobre todo, y egoístamente, en lo que le gustaría ganar. Y se arroja así, suicidamente, en brazos del primer populista que le promete el oro y "echar" al moro. Además, no veo yo a la gente muy dispuesta a perder un solo minuto de su tiempo en dejar de mirar sus videos de Tik Tok, de hacer sus compras en internet, de seguir las modas digitales, asistir a botellones o espectáculos masivos, o dejarse su tiempo y su dinero en la búsqueda constante de experiencias "personalizadas y únicas" que reflejen su identidad individual. Y, claro, cuando el individualismo lo domina todo y la conciencia crítica está anulada, se desactiva la voluntad y lejos de reaccionar contra la barbarie le ríes las gracias.

sábado, 17 de enero de 2026

Los nuevos vikingos

Al parecer los indígenas de Groenlandia, el pueblo Inuit (término que significa ‘la gente’), aprendieron a dirimir sus conflictos mediante poemas y cánticos, pese a que la isla fuera descubierta por un guerrero vikingo expulsado de Islandia. Esa forma de afrontar los conflictos no les servirá de nada ante el nuevo "conquistador". Quizá ahora muchos se den cuenta que, despojado de ese halo nacionalista de heroicidad y grandeza, el conquistador ha sido siempre lo más parecido a un saqueador. Ahora el nuevo vikingo llega del oeste pero en su naturaleza no es muy distinto al medieval: un tipo rudo, amenazante, sin modales, de lengua feroz que, buscando riquezas, cae sobre aterrorizadas poblaciones causando las bajas necesarias para robarles sus recursos. El nuevo "bárbaro" pretende comprar sus tierras aun cuando no estén a la venta. Le da igual porque amenaza con arrebatárselas, incluso por la fuerza, en cualquier caso. Parece que, ya puesto, Trump aspira a incorporar Islandia al territorio norteamericano, en un preocupante suma y sigue que ha comenzado convirtiendo a Venezuela en un protectorado y que podría no tener fin. Entretanto está dinamitando la OTAN e intenta destruir a la Unión Europea. Ahora recurre al chantaje canallesco, amenazando con elevar a los aranceles a quien se oponga a su capricho de apoderarse de Groenlandia. Pero su actitud con Europa deja ver otro de sus intereses de fondo, tan miserable como todos los suyos. Hablo de su burla de Europa porque se "preocupa más por ayudar a los más desfavorecidos, que de favorecer únicamente a los más afortunados", como predica su cosmovisión plutocrática del mundo. Hasta los "independentistas" groenlandeses, por mucho dinero que se ponga sobre la mesa, prefieren seguir siendo tierra danesa porque Trump nunca defendería todo cuanto brinda el Estado de bienestar escandinavo. Para los que no encuentran otro, es un argumento para combatir la fuerza bruta: defender un modelo social que se ha convertido en el enemigo a batir por el sátrapa americano y sus secuaces neofascistas, recordar que hay alternativas para la convivencia y que no todo se reduce a idolatrar el dinero como si fuese una divinidad cuyo credo fuese tan obligatorio como excluyente. O eso, o nuestra sociedad será pronto tan salvaje como ese mundo distópico y miserable que el nuevo vikingo nos está imponiendo.

viernes, 16 de enero de 2026

Tercios

Ha dejado de ser verdad eso de que el dato mata al relato, porque lo probado ya no desautoriza lo inventado y porque vivimos la era de la manipulación interesada, de las más burdas mentiras al servicio de la ideología y del asesinato planificado de la verdad. Algunos piensan que la realidad está ahí para ser cuestionada, siempre, y falseada a menudo. Sobre todo cuando desmiente su relato. Cada vez veo por ahí colgadas más banderas de Borgoña. Nada que objetar. Como si quieren colgar la enseña oficial de los fabricantes españoles de Fajas y Corpiños. El problema es que mucha gente se envuelve en "trapos" sin saber qué significan. La "borgoñona" llegó a lo que todavía no era España en el XVI, de la mano de un extranjero: Felipe el Hermoso. No era más que un emblema familiar. Fue su hijo, Carlos I, quien la convirtió en la bandera de los Tercios y Carlos III quien la eliminó de sus enseñas navales para empezar a usar la rojigualda. Fue después un símbolo del movimiento más reaccionario del siglo XIX: el carlismo, que representaba a los que defendían, frente a la monarquía liberal, la absoluta, un modelo donde las mujeres no podían reinar. En 1935, un grupo paramilitar clandestino y ultra, el Requeté, hizo de la Cruz de Borgoña su bandera. Un año después se convirtió oficialmente en la bandera del bando sublevado y hoy es habitual entre las filas de la ultraderecha. Aparte de este "enganche" ideológico, los amantes de esta bandera admiran de ella el haber sido el símbolo de los Tercios Españoles, los "gloriosos", los "invencibles", los que mejor representan la "esencia" de lo español. Y ahí empieza otro falso relato, porque los Tercios tenían lo justo de pureza española. Eran unidades de mercenarios, formados mayoritariamente por soldados alemanes, italianos y valones..., suizos, húngaros... De hecho, los españoles nunca llegaron a suponer ni el 20% de unos soldados que se alistaban más por devoción al dinero que por una bandera. Así que, no nos engañemos, hoy esta bandera sólo es símbolo de odio, precisamente por retroalimentar el mensaje del fascismo o de ideologías nacionalsocialistas, racistas e intolerantes en su utilización y exhibición.

Cuidado con Rota y Morón

Creer de verdad en la democracia comienza a ser una heroicidad en los tiempos de corren. ¡Jesús, cómo está el patio! El nacional produce una mezcla de hastío, asco, pavor y desesperación. El internacional es un pastel agusanado presto a ser devorado por alimañas. El mundo está ahora mismo sometido a un siniestro personaje, un híbrido entre bufón, niño malcriado y heredero de dictadores de variado pelaje que ha convertido la política internacional en un capricho personal plagado de tropelías en su búsqueda del nuevo "espacio vital" de ecos hitlerianos. Europa se mueve entre la insignificancia y el patetismo. La ONU está "out" por la demolición del orden internacional. China y Rusia, visto lo visto, están a la espera. Todo sea seguir el ejemplo Yankee y sentar sus posaderas en Taiwán o Polonia, respectivamente, para no perder el tren. Vivimos un tiempo donde cualquier dictadorzuelo, cualquier tirano, cualquier genocida, se cree con derecho a devorar todo lo que no le gusta a dentelladas, con niños, abuelos, madres y padres como daños colaterales, como avíos de un guiso que les apetece. Algunos hablan de actos de piratería internacional, pero es el imperialismo, idiota. Así ha sido siempre: aprovechas tu superioridad y te presentas en "casa" de otro para quedarte por el morro lo que no es tuyo. Y, después, lo presentas como gesta histórica, como signo de grandeza, como muestra de superioridad moral y aportación civilizadora. "Si, es verdad, los sometimos, los diezmamos, los explotamos, los esclavizamos, les robamos sus recursos, anulamos sus culturas..., pero les regalamos una nueva cultura, una nueva lengua, una nueva religión" Esta es la realidad. Y aquí no se libra nadie. Trump amenaza a Cuba, entre otras, porque Rubio, su secretario de exteriores, está ligado a los exiliados cubanos en Miami, aunque nada dice de su pasado ligado al narcotráfico. Quiere estafar a Ucrania a cambio de sus tierras raras; convertir Gaza en un resort; se ha apropiado del petróleo de Venezuela; amenaza con invadir Dinamarca; a Colombia porque le cae mal su presidente; a Irán porque se lo pide su amiguete genocida israelí; a Brasil por salvarle el culo a Bolsonaro... A España, si escucha los anhelos de Fran Rivera (otro vendepatrias), cualquier día de estos retoma la guerra de Cuba y se nos cuela por las rendijas de Rota y Morón para meterle mano a Sánchez, con el juez Peinado al frente de un equipo de Delta Force, apoyado por comandos internos reclutados por Abascal y con la inmediata entrega por parte de Ayuso de la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo.

jueves, 15 de enero de 2026

Europa, intrascendente y puta.

Europa me produce vergüenza ajena. Vergüenza, tristeza profunda y decepción. Ha asumido, sin pelea, su papel de mindundi geopolítico y desempeña ahora su rol de vasallo servil a los intereses de EE.UU. Ya no recuerdo cuál fue el momento en el que la hegemonía moral europea se diluyó en el fango de la hipocresía. Tampoco importa comprobando su incapacidad para entender que los EE.UU. no tienen amigos, solo tienen negocios. Europa hace mucho tiempo que se convirtió en una chiringuito militar estadounidense. En el territorio de la UE hay alrededor de 50 bases americanas. A través de la OTAN, EE.UU. ha convertido a la UE en un gran centro militar, reduciendo la soberanía de sus países y borrando cualquier atisbo de su dignidad e independencia. Ahora está amenazando a un Estado miembro de la OTAN para anexionarse Groenlandia. Esto demuestra que la OTAN siempre ha sido una herramienta de dominación y de defensa de los intereses americanos. Cuando éstos, además, obligan a sus socios a sostener su hegemonía militar y engordar los beneficios de su industria militar elevando hasta el 5% sus gastos de "defensa" -otra vuelta de tuerca a la merma del gasto público en detrimento del ya machacado estado del bienestar-, ya no cabe duda: Europa se ha convertido en la puta a la que chulea, desprecia y maltrata Estados Unidos. Las bochornosas declaraciones de Mark Rutte evitando condenar las amenazas de invasión sobre Groenlandia, y la tibieza de la jefa de la diplomacia europea, refuerzan la imagen de vasallaje de estos organismos alineados por completo con los caprichos de Washington. Estamos ante una Europa sumisa y arrodillada como nunca ante EE.UU. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vejación?. Por razones de sumisión, Europa se ha convertido en un gallinero que ha aceptado que algunos zorros vivan en él con el único objetivo de parasitar sus ayudas, mientras sus dirigentes viven al margen de la realidad y prestos a proteger los intereses de los grupos de poder. No hay proyecto común, no hay solidaridad entre los socios, no hay ni rastro de orgullo europeo. En eso colaboran los nuevos patriotas, una fauna política ruidosa y eficaz. Se envuelven en banderas, invocan soberanías míticas y recuerdan pasadas grandezas, pero deploran cualquier intento de construir poder compartido. Detestan a Bruselas mientras aceptan sin rubor la sumisión a potencias extranjeras. Su libertad es la de elegir amo. Y lo llaman aliado. Son nacionalistas para el débil y sumisos para el fuerte, patriotas de boquilla y vasallos por vocación. Su éxito no nace del orgullo, sino del vacío. El mismo al que conducen a Europa.

miércoles, 14 de enero de 2026

Positivismo de mierda

Quien no es capaz de observar la realidad con una mirada crítica, incluso punzante cuando es necesario, acaba emitiendo un hedor a ignorancia que alerta, resultando ser además un ser aburrido. A fin de cuentas, ¿qué sabor tiene la vida sin un poco de observación crítica, combinada con una pizca de maldad elocuente? El positivismo derivado de esas frases inspiradoras impresas en sobres de azúcar o las motivadoras sobre decorativos fondos de Whatsapp, está sobrevalorado y muy masificado, pero esto sucede porque el proceso extremo de la positividad es mucho mas cómodo porque no requiere de ningún proceso mental creativo. Basta con decir que todo es bonito y maravilloso para convertirte en un "ser de luz", encantador y achuchable. El pensamiento positivo se ha puesto de moda. Bien. Pero cuando el exceso de optimismo comienza a lindar con la estupidez, entonces se transforma en una ideología preocupante. La capacidad de analizar el mundo suele acarrear inconvenientes y aquellas personas que lo tienen por costumbre, "envidian" a aquellos a quienes el mundo les pilla siempre por sorpresa, los que viven en un cumpleaños continuo. El problema del positivismo como eslogan, como objeto de consumo, como opiáceo mental, es que actúa a costa de negar la realidad que nos rodea y que muchos lo utilizan como excusa para no entrar jamás en acción. Cuando todo va bien, ¿para qué vas a hacer? y cuando todo va mal, tampoco. Esto anima a la pasividad y la inacción. ¡Todo un chollo para los que nos pretenden mansos!. Nos animan a ignorar la negatividad que emana del análisis crítico para atarnos a la fantasía, pero siempre esquivando la realidad, como si ésta no importase, no te influyese. "Tienes que pensar en positivo", te dicen. "Y hacer como si la parte negativa de la realidad no existiera. Porque sólo es necesario que exista tu deseo. En tu deseo, eres tú quien crea la realidad" ¡Vaya mierda de mensaje!, porque es cierto que la mente es capaz de darnos un mundo propio, un espacio creativo maravilloso, pero cuando la realidad es completamente distinta a nuestra fantasía sobre ella, entonces tiende a la psicosis o propende a la estupidez. Porque, antes o después, por mucho que intentes negarla, la realidad se presenta y te estalla en la cara, mientras tú estabas soñando con otra cosa mientras movías el azúcar del café.

El truhán y sus secuaces

Es imposible no haberse enterado. Julio Iglesias, que ya muchos sospechábamos que era un truhán y no tenía nada de señor, ha sido denunciado por dos extrabajadoras de sus mansiones caribeñas por agresión sexual, vejación y maltrato, que bien podría ampliarse hasta el delito de trata de personas. De inmediato se pone en marcha la máquina de polarización para generar un estado de bronca continua como modo de hacer política, por encima de la verdad, la decencia y cualquier valor moral. Se trata de aprovechar un escándalo para defender a ultranza a los "tuyos" y, de paso, atacar al contrario. J. Iglesias es el prototipo de macho alfa patriarcal: blanco, rico, poderoso, con una masculinidad tóxica, al que gusta abusar de su poder, imponer su "superioridad" y practicar la injusticia de género. ¿Puede extrañar la defensa que de él ha emprendido Abascal, arrimando el ascua a su sardina fascista para decir que esto es un "plan del Gobierno para que no se hable de corrupción"? Claro que, su facha correligionaria, Macarena Olona, ha aprovechado para cargar contra “el feminismo fijo discontinuo" de quienes callan ante las atrocidades que sufren las mujeres en Irán, o en España, cuando los culpables son políticos de izquierdas”. No es nada original. Antes había leído este mensaje social de Ayuso en X: "Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda". Y añade: "La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más "universal". Como si se pudiese equiparar la calidad artística de un tipejo con la imposibilidad de cometer algún tipo de delito de agresión sexual. ¿Quiere decir Ayuso que los artistas que han hecho "grande" a España" son incapaces de cometer algún delito?". Esa concepción es la raíz más profunda del nacionalismo ultra: los nuestros están incapacitados por naturaleza para el mal. Los "malos" son los "otros". Supongo que el que Iglesias lleve más de tres décadas de apoyo político al PP a cambio de patrocinios millonarios no tendrá nada que ver con esta defensa a "ultra"nza. Pero ya conocemos a Ayuso, que se cree la "enfant terrible" de la derecha ultra pero, en realidad, es otro espécimen más de los que ocupan y administran el poder en beneficio propio, para favorecer a los poderosos y para empeorar el mundo. Es una necia engreída, sin formación ni especiales dotes intelectuales, hipócrita, cínica y mentirosa. Es una persona que carece de decencia y moral, pero que se presta a ser la marioneta de oscuros y perversos personajes. Alguien que dice barbaridades cada dos minutos para que se hable de ella, para postularse a lo más alto del poder. Y después llega su tropa mediática con su habitual comportamiento: Frases como: "Esto es un juicio mediático"; "las supuestas víctimas tienen interés económico"; ¿Por qué no denunciaron antes?. O dando voz a los defensores de Iglesias: Ana Obregón ("no soy hombre, pero a vosotros os chupan el pito toda la noche y ¿no os salen ampollas o algo?"), Jaime Peñafiel; Nacho Cano, Javier Arcusa, Manuel Alejandro... Sólo faltan Bertín Osborne, Plácido Domingo, Miguel Bosé, José Manuel Soto y El Fary hablando del "hombre blandengue".

Proyecto

Uno tiene la sensación de que en la película del mundo están ganando los "malos". Quizá lo han hecho siempre. La diferencia es que ya no permiten que haya mejoras para distraer y mejor pastorear a las masas. Al contrario. Ahora nos empujan a todos, sin escrúpulos, hacia un pasado terrible y un futuro distópico y siniestro. Lo vemos en todas partes. Los EE.UU. se han convertido en una amenaza para el conjunto del planeta. En 2022 se retiró del Tribunal Penal Internacional, colocándose así a la altura de países como China, India, Pakistán, Irak, Irán, Indonesia, Turquía, Israel y Rusia. Todos ellos muy preocupados porque nadie vaya a perseguir sus violaciones de los derechos humanos. Hace un año Trump hizo efectiva la salida de su país de los Acuerdos de París sobre cambio climático. Hace unos días anunció que EE.UU. se retiraba de más de 60 organizaciones internacionales. Casi la mitad son entidades de las ONU, incluidas muchas que trabajan para combatir el cambio climático, además de convenciones y tratados. Y lo hace "porque ya no sirven a nuestros intereses". Lo que si parece servir a sus intereses es ignorar y vulnerar el orden internacional. En Venezuela, EE.UU. ha iniciado la violación flagrante de los principios fundamentales del orden internacional que se construyeron a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, tales como el respeto a la soberanía de las naciones, la solución pacífica de las controversias y la no injerencia en los asuntos propios de otros Estados. La intervención militar de EE.UU. no sólo viola el derecho internacional, también la legalidad interna de su país toda vez que pasa por encima de la Constitución. Eso dice mucho del giro totalitario del gobierno de Trump. No contento, el sátrapa amenaza con intervenir unilateralmente en Colombia, Cuba, México e Irán y dice que, de manera inmediata, procederá a anexionarse Groenlandia, usando incluso la fuerza militar si es necesario. Tal es la amenaza que plantea Trump que ya se nos olvida que los "malos" siguen repartiendo dolor y muerte en otros sitios: Putin en Ucrania, el genocida Netanyahu en Palestina, los ayatolás en Irán... Amnistía Internacional denuncia que hay motivos de preocupación observados en materia de derechos humanos en 150 países. Mientras, asistimos día a día a un auge de los partidos de extrema derecha, que se refleja en su consolidación electoral. Sin salir de Europa, Croacia, Finlandia, Hungría, Italia y Países Bajos tienen en sus gobiernos a partidos de extrema derecha. Igual pasa en Argentina, Chile, Ecuador o El Salvador en América. Y EE.UU. está a un paso de convertirse en una democracia "fake" de carácter autoritario. El muro de la ética aparece resquebrajado allá donde mires, las agendas destructivas triunfan por doquier, igual que el auge de discursos autoritarios, poco parece importar la subversión de la verdad y el odio se ha convertido en refugio de los que parecen disfrutar con el malestar. Y es que, como dijo Edmund Burk, "lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada" 

Putos premios

Hay premios que honran y prestigian a sus galardonados, caso del Cervantes. Otros, por el contrario, se sirven del prestigio de aquellos para darse lustre, caso del Princesa de Asturias, pensado para colgar medallas a nuestra monarquía. En general hay mucho postureo en este tema. Premios "reconocidos" por su excelencia y rigor, como los Óscar, los Grammy o el Balón de Oro, atufan a intereses y espíritu comercial. La cosa, además, va a peor. Pienso que el mundo de los premios ha pasado a estar dominado por una sociedad secreta, similar a la de los "Illuminati", pero formada en este caso por un selecto grupo de necios, botarates, lameculos, tiralevitas y gente rastrera. Esto provoca que muchos premios sean ya un reidero. Es el caso del Nobel de la Paz, convertido en una farsa, en una disonancia moral. La concesión del premio a Corina Machado, una ferviente defensora de una intervención militar extranjera en su propio país, es la consecuencia lógica de la degeneración del premio. La reina Sofía, esa gran "profesional" por seguir entronada a cambio de aguantar los cuernos del pariente, ha sido doblemente galardonada en Las Palmas. Por un lado, va a ser investida doctora Honoris Causa por su Universidad. Es lógico conceder este alto reconocimiento académico a alguien que, tras 63 años viviendo en España, tiene serias dificultades para leer el papel que le escriben. Total, también recibieron este galardón los exconvictos Mario Conde, Rodrigo Rato o Díaz Ferrán; el encausado Jordi Pujol; el "cultureta" Rafa Nadal; la necia Ayuso; los abusadores sexuales Julio Iglesias y Plácido Domingo... La Emérita también ha sido galardonado con el Premio Gorila 2024, concedido por la Fundación "Loro Parque" en reconocimiento a su compromiso con la conservación de la biodiversidad. No creo que se refiere a los elefantes que cazaba su marido mientras la coronaba con un asta de doce puntas. En fin, ahí tenemos el Planeta a Juan del Val, ese follarín de los bosques que declara no tener un alto nivel de lectura formal. También la concesión de una Medalla de Madrid a la comunidad judía en pleno genocidio en Gaza. Ya sólo falta que este año Eurovisión lo gane Israel con Trump cantando la canción de Julio Iglesias "soy un truhán, soy un ladrón".

lunes, 12 de enero de 2026

Premios para el payaso

No hace mucho las palabras, los gestos y las acciones de D. Trump resultaban chocantes, ridículas, extravagantes... Hoy, todo en él, ha pasado a ser tan grotesco como peligroso. Antes no se daba importancia a sus baladronadas y, simplemente, nos reíamos de ellas. En julio de 2024, durante un mitin en Florida, este babuino cabreado convocó al electorado con una frase histórica: “Votadme y no tendréis que volver a votar”. Quizá su contenido fuese más real de lo que podría creerse. Trump es un niño malcriado y egoísta que lo quiere todo sólo para él, que carece de límites, tolerancia a la frustración y empatía y que manifesta sus demandas como un déspota: con chulería y amenazas. No le basta con ser presidente de EE.UU., también quiere ser Virrey de Venezuela, Gran Duque de Groenlandia, Mariscal en jefe del Atlántico Norte, Mariachi Supremo de México y Regente Vitalicio en Canadá. Él se ve como el Máximo Décimo Meridio del Imperio Americano, pero se asemeja al emperador Cómodo, un déspota sanguinario, mongoloide y abusón, pero "en gordo". Los mayores lameculos de la élite mundial no cejan en su labor de agradar al esperpento, incluso cuando ello les lleva a chapotear en el ridículo más vergonzoso y la inmundicia. La FIFA (otra cueva de vividores y corruptos) le regaló el "Premio FIFA de la Paz", que es una "pollada" que se inventaron los mamandurriados del fútbol para que ese cruce entre Godzilla y Naranjito se quedase tranquilo y no le diese por bombardear los estadios de fútbol del próximo Mundial. Milagrito sea que ese mundial no lo gane EE.UU., con gol de Trump, de penalti injusto y en el último minuto. Lástima que estos becerros no inventaran también el Premio FIFA de Literatura, el de Medicina, el de Física y el de Química para metérselos todos en un balón de playa y concedérselos en una ceremonia presidida por el Papa, Javier Milei, Mark Rutte, Ayuso, C. Ronaldo, Fran Rivera y los Payasos de la Tele. Mientras, él patalea y dice que quiere recibir el auténtico Nobel de la Paz de manos de Corina Machado que, a su vez, lo recibió de una comisión de cómicos que, más que "fallar" el premio, lo "follaron". Opino que Juan del Val podría tener el detalle de ofrecerle su Premio Planeta a Trump, más que nada porque en vocabulario y sintaxis andan a la par.

domingo, 11 de enero de 2026

¡Que vienen los idiotas!

Escribió Sartre en los años cuarenta que el infierno son los otros. Afortunadamente, no pudo ponerlo en Twitter porque alguien, sin duda, le habría respondido: “MAS INFIERNO ERES TU, SUBNORMAL”. Lo cierto es que vivimos rodeados de necios y no hay nada que podamos hacer al respecto. No se puede huir de ello, no existe un Edén libre de idiocia. La idiotez es ubicua y se ajusta escrupulosamente al principio de entropía, repartiéndose equilibrada y uniformemente entre la población mundial. Incluso -estoy seguro- si te mudas a una isla desierta, antes o después, para tu sorpresa, aparecerá un idiota allí a joder la marrana. Este fenómeno, por salud mental, estamos obligados a obviarlo en nuestro día a día. ¿Cómo, si no, podríamos vivir sabiendo que nos íbamos a encontrar idiotas a cada paso? La evolución, sabia y piadosa, ha permitido que nuestro cerebro desarrolle una estrategia para soterrar esta certeza. Este mecanismo de defensa consiste en rodearnos de idiotas afines. Los fachas con los fachas. Los nacionalistas con los nacionalistas. Los catedráticos con los catedráticos. Así, al oír nuestras idioteces en boca de otras personas, hallamos consuelo y reafirmación. A nosotros nos ha tocado vivir la tiranía de los "tontobabosos" de las redes, llamados -por esa idiotez de nominar todo en inglés, como si fuésemos huérfanos de idioma- haters o trolls. Son una variante de los idiotas. Son idiotas molestos, huelemierdas. Son idiotas metomentodo con mala leche que creen que el mumdo no puede vivir sin sus estúpidas y babosas opiniones. Esta clase de idiotas se encaraman a cualquier red para, bandera en mano, linchar a periodistas, humoristas, músicos, escritores, artistas o gente anónima que no piense como ellos. Se desviven por imponer su ideología, sus creencias, sus gustos y tradiciones y gustan de brear a los que, con sus opiniones, importunan su supremacismo mental. Les encanta hablar de libertad, pero el verbo que más conjugan es el de prohibir. Son personas aparentemente normales que, sin embargo, se indignan con una opinión, una certeza científica que les importuna, una ficción, un chiste o se ofenden por una foto o una rima. Es la suya una idiotez especialmente peligrosa porque, si triunfa, y está triunfando, hará del mundo un lugar más uniforme, más gris, más triste, más encabronado. Claro que tal vez nos esté bien empleado. Por idiotas.