Un país -en realidad su gente- debe conocer sus posibilidades y actuar en consecuencia, sin pretender ser lo que no es ni intentar -por un supuesto prestigio o mal entendido orgullo- liderar ámbitos que le quedan grandes o se le escapan de presupuesto. España es el país de Europa con la mayor red ferroviaria de alta velocidad. Personalmente, los objetivos de la Alta Velocidad española me han parecido siempre un disparate. Pero aquí todo el mundo quiere "su parte", todas las capitales quieren tener una estación de AVE. "Un español, un asiento en alta velocidad", parece ser el lema. ¿De verdad es necesario y, sobre todo, nos podemos permitir como país liderar la Alta Velocidad europea, cuando tenemos tantas necesidades sociales? ¿Estamos dispuestos a asumir el coste que supone mantener en condiciones óptimas ese nivel de infraestructuras?. ¿Estarán dispuestos, "unos", a reducir -por ejemplo- las partidas en educación, sanidad, pensiones, dependencia, desempleo..., con tal de satisfacer las demandas de seguridad, rapidez, puntualidad, comodidad..., que los usuarios ahora mismo exigen?. ¿Estarán, los "otros", dispuestos a reducir -por ejemplo- los gastos en defensa, en ayudas al emprendimiento, en subvenciones a las empresas. O a renunciar a sus bajadas sistemáticas de impuestos a los más favorecidos para conseguir el mismo objetivo?. Todos -todos los que nos podemos permitir viajar en alta velocidad o, simplemente, viajar- vemos las ventajas de un tren rápido. No estaríamos dispuestos a renunciar a él y exigimos un servicio de calidad y una seguridad total. No tengo datos de las encuestas del grado de satisfacción de servicios ferroviarios de alta velocidad o aeroportuarios que se hacen en barrios como el de las Tres mil viviendas. No deberíamos olvidar que la inversión en grandes infraestructuras se hace para todos. Para todos los que pueden aprovecharlas, que no son todos. Cada uno tendrá una opinión válida, pero no olvidemos que un objetivo prioritario de la alta velocidad es dar servicio al negocio turístico en España. Desde que se produjo la liberalización ferroviaria en España, con la entrada de la empresa privada y la guerra de precios, el tráfico ferroviario se ha multiplicado. Más uso, más desgaste, más necesidad de mantenimiento, más dinero, más inversión. Pero nadie quiere aflojar la mosca. Mucho me temo que, por no perjudicar el negocio, alguien diga pronto que la culpa de tanto tren para arriba y para abajo la tiene la moderna costumbre de "vacacionar" que han adquirido los pobres y el abuso de la tarjeta dorada por parte de los jubilados. Y todo, por la puta prisa.
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